****   TRASLATOR   ****


     - Sé que no me vas a creer - dijo Richard a su amigo, bajándose del buldózer con que acababa de pasar encima de su propia casa, dejándola hecha escombros - me creerás un loco, ya que nadie en su sano juicio destruye así su propia casa...
    Thomas, su amigo, lo miraba meneando la cabeza, mientras que de entre los escombros achatados de la casa comenzaron a surgir llamas por algún cortocircuito. Los vecinos se alborotaron y ya estaba frente a la ex-casa un patrullero de policía.
    - Era mi casa y tenía derecho. No perjudiqué a ningún vecino; pagaré todos los daños que pude haber causado...
    Luego, Richard se fue a su casa de veraneo y se recluyó en la misma. Poco tardó Thomas en ir a visitarlo. Eran amigos de la infancia y lucharon juntos en Vietnam. Thomas, preocupado por la cordura de su amigo, le pidió que le contara sus penas y, en especial, sus razones para arrasar su propia casa.
    - Bien, te lo contaré. No estoy loco, pero me falta poco.
    "No sé si te acuerdas de José Salgado, ese muchacho argentino que conocí en un congreso de física, que vino de visita a la Universidad de Harvard. Era un físico brillante, con ideas revolucionarias. Tenía la obsesión por el hiperespacio. Lo burlaron en el congreso, pero él no se inmutó. Vino para comprar equipo electrónico y de computación para un proyecto en que estaba trabajando en la Argentina. El siempre decía que allí no lo molestan, puede hacer todos los experimentos que quiere y, además, a nadie le importa lo que él hace.
    Nos hicimos amigos y hasta fuimos a divertirnos juntos varias veces. Me contó lo que pretendía hacer. Ya sabes que yo siempre fui algo aficionado a la física, por eso pedí que me asignaran como personal de seguridad en Harvard.
    El insistía en que el espacio es una ilusión sensorial y que, en realidad, no existe. Existen las partículas elementales, sí, pero todas están en todas partes y en ninguna parte. Y que cada partícula tiene adentro como una especie de registro con varios números que él llamaba "vector-posición".
    En tal registro, en especial en tres de ellos, había un número que determinaba su posición. Ya sabes que el espacio tiene tres dimensiones: largo, ancho y alto. Cada una de esas dimensiones tiene un registro numérico. Hay un punto que es algo así como "el centro del universo" y respecto a tal centro, cada número significa una distancia. Así, si dos partículas tienen cada número igual al similar del otro, o sea, en ambos está el mismo número de "largo", el mismo número de "ancho" y el mismo número de "alto", entonces las dos partículas están en el mismo lugar en el espacio. Si una partícula se mueve, uno, dos o los tres números variarán paulatinamente sus valores.
    Los valores significan posición en el espacio. Y son los valores de esos registros que nos crean la ilusión del espacio.
    Ahora bien, José me aseguró que él descubrió cómo modificar en forma directa y brusca esos números. Porque cuando un objeto avanza en el espacio, está sujeto a las leyes del crecimiento de su masa, la velocidad límite de la luz, la inercia, etc. Pero él descubrió la manera DIRECTA de alterar esos valores. Por medio de un equipo eléctrico que me explicó, pero que yo ya no entendí. Me habló de algo como "la ruptura eléctrica del espacio", el gran remolino cósmico central y de no sé cuántas cosas más.
    Luego, volvió a la Argentina. No supe nada de él durante seis años. Hasta que, hace una semana, me llamó por teléfono. Yo justo estaba en la cocina. ¿Viste que en mi cocina hay... bueno, había una pared decorada con ladrillo a la vista? A mi mujer no le gustó e insistía en que cambiara la decoración de la pared "por algo más original".
    Yo justo estaba pensando en cubrirlo con madera cuando José me llamó. Y entre otras cosas, le comenté lo de la pared. Entonces él me dijo: "Te mostraré mis progresos. Miraré en tu cocina con mi "visor remoto" que funciona en base a los principios que desarrollé." Y me describió detalladamente toda la cocina. Parecía que tenía un videoteléfono, pero ¡yo no tenía ninguna cámara en la cocina!
    "Ya estoy terminando el TRASLATOR." dijo "Hasta ahora solo pude hacer funcionar el visor remoto."
    Y entonces, sucedió lo de ayer. Me llamó por teléfono, muy emocionado, diciendo que terminó el traslator y que funciona a las mil maravillas.
    "Te haré una demostración.- dijo - Ahora mismo, apareceré en tu cocina, entre tú y la pared que quieres redecorar. No cuelgues."
    En este momento, sentí una sensación indescriptible, como si todos mis pelos se erizaran, como si sobre mi piel bailaran demonios eléctricos. La cocina se iluminó, apareció una franja de luz vertical. Por un momento, pensé en la transportadora molecular de la nave Enterprise de Star Treck, pero también me acordé de las explicaciones de José respecto a la casi imposibilidad de tal cosa.
    Un sonido como de muchos pequeños cristales rotos me hizo estremecer. Y que la pared de la cocina se hinchó, como si ocultara un bulto. Luego, silencio, y un olor acre en el aire.
    Y entonces lo . Y nunca lo olvidaré. Los horrores que vimos en Vietnam son horrores humanos, de la guerra, algo muy familiar y que, a la larga, se aceptan, ya que no hay más remedio.
    Pero eso que vi era... era un horror cósmico. Algo que trasciende lo aceptable por la mente...
    En la pared, intrincado con los ladrillos, con partes de su cuerpo saliendo de entre ellos, estaba José. Estaba inmóvil, descolorido; no había sangre, solo un color blanquecino azulado que se entremezclaba con los detalles rojizos de los ladrillos. Pero lo que más me impresionó era la expresión de su rostro. ¿Imaginan una desesperación mezclada con sorpresa y júbilo? Porque daba la impresión de que, pese a estar inmóvil, estaba intensamente vivo, lúcido y consciente de su situación.
    Y entonces llegó el detalle que colmó mi resistencia: uno de sus dedos sobresalía por encima de la superficie de la pared; movió el dedo y me apuntó con el mismo.
    Salí disparando de la casa y corrí hasta la edificación en que estaba el buldózer. Saqué al operario y llevé el buldózer hasta mi casa. Cuando llegué, vi a mi mujer salir de la casa corriendo y gritando de horror. ¡Vaya decoración original de la pared!
    Y aplasté mi propia casa...y me importa un bledo si me crees o no...