***   EL PODER DE LAS MASAS   ***

 

 

   En la estación orbital astronómica había gran agitación. El Dr. Rodas miraba La pantalla de la computadora y trataba de espantar de su mente la idea que le sugerían las letras y los números. Los demás no lo sabían aún.

   - Quiero una verificación de estas últimas observaciones - dijo a uno de sus ayudantes. Las manos le temblaban y los emparedados que le trajeron estaban al lado del teclado sin tocar.  De pronto, le pareció que la rotación de la estación y la gravedad artificial producida por la fuerza centrífuga eran excesivas.

   La estación orbital era la base del proyecto "INDUSTRIA AL ESPACIO" que comenzó en el año 2025. Tenía su parte móvil que giraba, proporcionando gravedad ficticia a los tripulantes.  La parte fija era el complejo de depósitos, equipo de mantenimiento y, lo más importante,  el telescopio reflector compuesto de 85 espejos menores y de una superficie total casi diez veces mayor que el Hale de Monte Palomar. Gracias a la ingravidez, esto era posible.  El telescopio en sí estaba dentro de una colosal cámara para protegerlo de los rayos solares, los meteoritos y demás calamidades del espacio.

   Todo el complejo estaba en una órbita geosincrónica, de modo que veían a la Tierra siempre con la misma cara. No es que para el proyecto se necesitaba tal telescopio; la culpa la tenía un gran avance en la física: el descubrimiento de la "submateria" y lo que se llamó como la “propulsión no-inercial".  Tal propulsión permitía elevar al espacio miles de toneladas de carga por un costo mínimo. Así comenzó la operación de salvar la ecología: INDUSTRIA AL ESPACIO (IAE), toda la contaminación fuera de la Tierra, a un lugar donde no molesta a las plantas y a los animales. El telescopio ya estaba construido en tierra y con el nuevo medio de propulsión el proyecto del observatorio astronómico se adelantó varios años. Luego, se decidió que la base del proyecto IAE también estaría en el mismo satélite.  El gran telescopio era muy útil para el examen de los asteroides, ya que los mismos son como tesoros de minería flotando en el espacio.

   Así fue como el Dr. Rodas tuvo la peor sorpresa de su vida.  Examinaba las órbitas de varios de estos asteroides y levantaba las "cartas de navegación" para los mismos. Un problema matemáticamente complejo, pero con las computadoras astronómicas y el gran telescopio, más el cerebro privilegiado del Dr. Rodas, aquello era hasta divertido. Entre los asteroides de menor tamaño, los que son del orden de los pocos kilómetros de diámetro, hay muchos de hierro-níquel que son valiosísimos yacimientos de metal flotantes. El proyecto era desviar algunos, traerlos cerca de la Tierra e ir cortándolos de a poco para usar el metal.  Por eso, el Dr. Rodas prestaba poca atención a los asteroides grandes que, con diámetros de cientos de kilómetros, eran demasiado pesados para desviarlos.  Los cálculos dijeron que es más conveniente desviar y acercar a la Tierra a los pequeños en vez de viajar hasta el cinturón de asteroides.

   Y así vino la sorpresa.  El ayudante verificó las grabaciones de las observaciones del gran telescopio.  Las alimentó de nuevo a la computadora.  Era la tercera vez que salía el mismo resultado.

   - No puede ser... no puedo ser - y golpeó la mesa con fuerza.  Los demás lo miraron. Era inusitada esta reacción de parte de Dr. Rodas.

   - ¿Qué le pasa, doctor? - preguntó el ayudante.  El Dr. Rodas se tapó la cara con la mano. Pensó que veía visiones o desvariaba debido al cansancio o vaya uno a saber qué nueva enfermedad del espacio.

   - Por favor, revise estos cálculos. - dijo ya más calmado - no sé dónde cometí el error. A menos que sea una broma de mal gusto, esto indica una... bueno, no digo nada antes de estar seguro.  Revíselo y luego hablamos.

   El ayudante era uno de esos jóvenes que hace poco que se recibieron y por tener altas calificaciones logró el puesto en el satélite.

   Lo revisó y se puso pálido. Alimentó la computadora por segunda vez y le dio el mismo resultado que al Dr. Rodas.

   - No... no puede ser. Esto no puede ser, debe haber un error....

   - ¿Vio, Hans, de qué me asusté yo?  Esa cosa no es una "piedrita" como las que traemos de allá. Éste tiene diez Kilómetros de diámetro y está en una precisa órbita de colisión con la Tierra.

   Ya los demás también se enteraron. Según los cálculos, el impacto sería dentro de algo más de dos años. Así que había tiempo suficiente para hacer algo.

   Unos meses después, más de quince “desviadores de asteroide” hechos con la nueva tecnología estaban sobre la enorme masa pétrea. Los desviadores eran grandes naves que podían rodear al asteroide con anillos especiales y le proporcionaban propulsión no-inercial, sacándola de su órbita. Esto era fácil con asteroides de pocos cientos de metros, pero este monstruo de 10 kilómetros reaccionaba muy lentamente.

   Tardaron casi un mes en darle una órbita segura para que no se acercara a la Tierra; pero estaba muy cerca de Júpiter. Éste lo atrajo, como hiciera antaño con el cometa Shoemaker-Levy, y se estrelló en el planeta gigante. La colisión fue impresionante: se elevó una bola de fuego de 30 mil kilómetros, tan grande como la Mancha Roja. Entonces ya podían sentirse seguros y tranquilos.

   ...y entonces sucedió lo del Barcelona.

   En un día tranquilo en una de las islas de mar Egeo, el Dr. Rodas estaba de vacaciones. Solía visitar la isla de su nombre e imaginaba el Coloso de Rodas parado imponente a la entrada del puerto. El encanto lo solía romper uno de los gigantescos transportes que pasaban flotando en el aire, con  levitadotes electrónicos y las luces de navegación. La propulsión subeléctrica era aprovechada al máximo en la Tierra. Se inició la era del "supertransporte", cuando viajar a cualquier parte del mundo no costaba casi nada y no pasaba de media hora de duración.

   Estaba nadando en el mar, disfrutando de la vida, junto a su familia en su crucero particular.

   -¡Papá! - gritó su hijo mayor que piloteaba la embarcación - Te llegó un mensaje urgente por radio desde el IAE.

   - ¿Qué dice? - preguntó Rodas.

   - No lo sé. Está codificado y termina con tres letras QRT.

   El Dr. Rodas se sobresaltó. Comenzó a nadar a toda velocidad hacia el crucerito. El sabía lo que es QRT: la clave de emergencia. Pensó que hubo un accidente en el satélite.  Subió a bordo y, aún chorreando agua, entró en la cabina de control.  Tecleó en la computadora los números del mensaje, entró su clave personal secreta y en la pantalla apareció el resultado que solo él entendía. Se puso pálido.

   - Vamos a casa - dijo - debo ir urgentemente a Huston.

   Su hijo ya conocía a su padre. Subió el ancla flotante y emprendió la marcha a toda velocidad...

 

oooooooooooooo

 

   - Bienvenido al infierno, Doctor - lo recibió Hans - Parece que se repite lo del año pasado. Pero esta vez es algo mucho más grande.

   Rodas revisó los cálculos. Se sorprendió por lo poco emocionado que estaba. Parece que la primera vez se le agotó el "tanque de fluido de miedo". Estudió los cálculos durante diez minutos. Se levantó y se dirigió a un pizarrón.

   - Veamos. Asteroide BARCELONA. Diámetro medio 100 kilómetros; composición pétrea; masa aproximada, 2,6 . 1018 kilogramos... bueno, mejor ni pensarlo... - tragó saliva y continuó - Tal parece que hace ya más de un año que tiene este comportamiento, pero recién ahora fue descubierta esta alteración de órbita. Según parece, actúa sobre este asteroide una fuerza desviadora. Y lo más raro es que actúa en forma intermitente. Según a trayectoria observada, es como si la fuerza se concentrara durante pocos minutos con intervalos de 24 horas. Y con cada intervalo, la fuerza aumenta su valor medio con un ritmo exponencial. Lo mismo que con el asteroide anterior. Según los cálculos, si sigue el mismo ritmo, en tres años y 152 días... - y quedó en silencio.

   Los demás lo miraban horrorizados. Hans agregó:

   - Se repite lo del asteroide del año pasado... y aún no sabemos las causas de aquél. Esta desviación del Barcelona ¿se deberá a lo mismo?

   A Rodas se le oscureció la cara. Se acordó de Arthur C. Clarke en su obra "Perfiles del Futuro", donde decía: "... el hecho de que una cosa sea horrible no basta para hacerla imposible, como los habitantes de Hiroshima descubrieron a su tiempo...". En estos momentos, alguien elevó el volumen de la radio. Se escuchó una canción al que el Dr. Rodas no prestó atención.

   - Apaguen esa radio, por favor. Ya saben lo que pienso de la música moderna...- dijo y siguió - Con este ritmo de variación, suponiendo que la mantiene, tal como lo hizo durante los últimos 14 meses, en tres años y 152 días, como dije recién... ¡Chocará con la Tierra!

   Un murmullo general invadió la sala. Una voz femenina se oyó.

   - ¿Seguro que mantendrá el ritmo de desviación? ¿Por qué no desactivan los desviadores?

   Esto parecía un chiste de mal gusto, pero Rodas lo tomó en serio.

   - Querida señorita, primero hay que averiguar que quién demonios puso allí los desviadores. Y por qué... aparte de saber cómo hicieron un equipo de potencia tan fantástica. Con todos los que tenemos, lograríamos apenas la décima parte del efecto... De todos modos, es urgente que vaya una expedición a examinar el Barcelona.

 

oooooooooooooooo

 

   La nave de forma de disco se acercaba al Barcelona.  Los que lo contemplaban por el sistema de visión externa se estremecieron. No sabían por qué. La masa rocosa no difería en aspecto de sus compañeros de menor y mayor tamaño. La oscura roca, llena de fino polvo en su superficie, con grandes cráteres de impacto, estaba suspendida delante de ellos en el fondo tachonado de estrellas multicolores.

   La nave se posó sobre la superficie, levantando una gran polvareda que comenzó a caer con increíble lentitud. El asteroide era inmenso.

   - Si esto llegara a caer sobre la Tierra... no quedará más que un mar de lava de varios kilómetros de profundidad. Toda el agua se evaporará y la Tierra se parecerá a Venus... Sería el fin de la vida en todas sus formas... - pensaba el Dr. Rodas - En fin, debe haber un millón de mundos como la Tierra en nuestra galaxia... La que conocemos está en graves problemas.  A ver si sus hijos pueden hacer algo por ella...

   La expedición, encabezada por el Dr. Rodas y un grupo selecto de técnicos de varias disciplinas, exploró la superficie con naves pequeñas. Se tomaron miles de fotografías y precisas mediciones de toda índole. Hicieron explotar una pequeña bomba nuclear para tomar mediciones sismográficas con un centenar de “orejas en el suelo”, como llamaban a estos detectores de temblores.

   Una semana después de estar observando y midiendo, no encontraron absolutamente nada. Ningún equipo, ningún fenómeno natural conocido. Hallaron los restos de la visita de una civilización desconocida que, según las tasaciones radiométricas, debía ser de más de cien millones de años de antigüedad. Sólo eran restos que podrían ser desechados, pero ningún equipo identificable como tal...

   Un día después, ya de regreso en la Tierra - las naves de propulsión no-inercial son rapidísimas - no llegaron a ninguna conclusión. Y pasaron 6 meses.

   - No descubrimos nada - comentó descorazonado el Dr. Rodas - Ni rastros de actividad eléctrica; el interior es macizo; no se descubrieron movimientos sísmicos de ninguna clase; no hay rastros de colisiones recientes... nada.

   El secretario del gobierno mundial lo escuchaba con cara larga.

   - ¿No hay forma de desviarlo? ¿Y si hiciéramos una moción mundial para fabricar desviadores gigantes? Hay que calcular esta posibilidad. ¿No se puede desviar con bombas de alto megatonelaje?

   El Dr. Rodas sonrió amargamente.

   - Ya se me ocurrieron todas estas posibilidades. Pero no servirían. ¿Sabe por qué? Hemos puesto todos nuestros desviadores sobre el Barcelona. Durante los primeros días, hemos alterado la trayectoria como para que pase 20.000 km de la Tierra. Pero la fuerza desconocida se ajustó. Luego, seguimos desviando, pero esa misma fuerza misteriosa compensa exactamente a nuestros desviadores. Esto pasó durante los últimos seis meses. Parece que la misteriosa fuerza CORRIGE la desviación producida por nuestros desviadores. Por más deprimente que sea, pero hasta ahora no pudimos hacer nada...

   El Dr. Rodas volvió a su casa en Grecia. Pensó que por lo menos hay que pasar los últimos tres años disfrutando de la vida. No difundieron la noticia por temor a un pánico mundial. De todos modos, no había a dónde ir. Las colonias en los planetas del sistema solar dependían aún de la Tierra. Al eliminarse ésta, quizás durarían algunos meses...

   Mientras meditaba así, escuchó una melodía que le resultó vagamente familiar. Era una de esas canciones modernas que suelen propagarse por todo el mundo como un reguero de pólvora. Sus hijos lo cantaban y no le dio importancia.

   En estos momentos, el amplificador de la casa estaba fuerte.  El hijo menor escuchaba, pegado a la radio.

   - Es la HORA DE LA UNION MUNDIAL, papá. Cantan los Asteroides de Barcelona...

   Rodas se sintió como ensartado por una aguja de alto voltaje.

   - ¿¡ASTEROIDES DE BARCELONA!? - dijo, con una expresión que asustó a su hijo.

   - Sí, papá... ya los oíste tantos veces. ¿Qué pasa ahora?

   Rodas comenzó a prestarle atención al asunto. Empezó la canción:

 

           El cielo pronto se caerá.

           El mundo pronto se hundirá.

           Para qué vamos a estudiar,

           para qué vamos a trabajar;

           pronto el fuego lloverá,

           con todos nosotros barrerá...

                Huuu, huuu, huuu, vivamos la vida que se va...

                Huuu, huuu, huuu, pronto el fuego lloverá.

 

          Viene del cielo la salvación

          no más esperanza ni frustración;

          no más poder ni sumisión;

          no más dinero ni humillación.

          Todo el mundo será igual:

          ¡Se quemarán el bien y el mal!

              Huuu, huuu, huuu, (y sigue el mismo estribillo)

 

   El Dr. Rodas escuchaba la canción y de sus pies parecían salir raíces adventicias. Esta canción ya hacía casi cuatro años que recorría el mundo, traducida a muchos idiomas. Se imprimieron millones de barritas de MMP (molecular-memory-pack o pendrive) y se ha formado un club mundial: el CLUB DE LOS ASTEROIDES DE BARCELONA.  

   Este club tenía una costumbre peculiar: la Hora de la Unión Mundial.

   Sincronizaban los relojes de todo el mundo; tenían en cuenta los husos horarios de todo el planeta; la hora determinada que, pese a ser distinta en países de diferentes meridianos, era el mismo momento en todo el mundo. Era ésta la HORA DE LA UNION MUNDIAL en que comenzaban a cantar.  Hubo verdaderas torrentes de entusiasmo y muchos fanáticos llegaron a desmayarse por la intensidad del trance casi hipnótico. No duraba mucho; tan sólo lo que insumía cantar las dos estrofas pero lo hacían con intervalos exactos de 24 horas. 0 sea, muchos millones de jóvenes de todo el mundo unían su fuerza psíquica, sin saberlo, con intervalos precisos de un día. Como duraba solo un minuto, en la mayoría de los casos los jóvenes eran consentidos y casi en todas partes les permitían cantar; ya sea interrumpiendo una clase, o bien el trabajo, o lo que sea. Porque después de cantar se sentían como reconfortados, eran más dóciles y gentiles. Y últimamente muchas personas mayores se adhirieron al club mundial.

   Pero este club tenía una ideología básica nada deseable que las autoridades no tomaban muy en serio: estar en contra de la exploración del espacio. Sus argumentos eran ya conocidos y trillados y procedían del siglo 20. Que el ser humano no nació para el espacio; que era un pecado invadir otros mundos.  Por eso el conjunto que lo inició se autotituló con el nombre de un asteroide: el Barcelona. Nadie sabe por qué justo el Barcelona.  ¿Por qué no Ceres o Pallas o Juno? ¿Habrá sido por la ascendencia española del conjunto? Pudo ser. Pero los autores originales ya han sido desplazados y el club era manejado por otras personas de dudosa reputación.

   El argumento principal era que el proyecto IAE, entre sus metas, planeaba desmantelar asteroides con fines de minera. Que no se los debe tocar porque es un sacrilegio; que antes de gastar en el espacio deberían mejorar el mundo; y cosas estúpidas similares, olvidando el hecho de que si la industria no se trasladaba al espacio, la vida biológica en el planeta irremediablemente estaba condenada a desaparecer por la creciente contaminación química.

   De pronto, todo eso se hizo claro en la mente del Dr. Rodas.  En el estómago sentía como un foco ígneo.

   -  Un caso de visión del futuro - pensaba amargamente porque había demasiadas coincidencias.

   Sin embargo, como buen escorpiano, su intuición - que muchas veces lo sacó de problemas aparentemente irresolubles - le decía otra cosa. No sabía por qué, pero en vez de un presentimiento del fin mundo sentía un inexplicable y feroz impulso de agresión. ¿Contra qué? No contra el Barcelona; era algo más cercano.

   El Barcelona era un poder cósmico, demasiado grande; él no tenía idea de cómo enfrentar a un enemigo de 100 kilómetros de diámetro. Pero lo que sentía era similar a la ira hacia un hijo que comete una travesura muy grande y dañina.

   Y en un momento dado lo identificó. Era contra en club Asteroides de Barcelona. Pero ahora surgió otro problema: ¿por qué contra ellos? ¿Qué culpa tenían? La lógica firme y la mente disciplinada del Dr. Rodas se enfrentaba con su intuición, con esa inexplicable fuente de información de donde salían conocimientos imposibles de obtener por deducción. ¿Por qué odiar a las víctimas en vez del victimario?

   Rodas no encontró la solución por el momento.  Por más que lo meditaba sólo lograba embrollarse más aún.

   Un día, trabajando en el satélite astronómico, Hans le vino con una novedad.

   - Doctor Rodas, encontré algo que no entiendo. Como ya todos lo saben, la fuerza misteriosa que desvía el Barcelona actúa intensamente con intervalos de 24 horas. El efecto comienza débilmente, luego en segundos aumenta a un máximo muy intenso permaneciendo en este nivel durante un minuto; luego, disminuye gradualmente hasta anularse en dos a tres minutos. Pero lo más interesante es que coincide exactamente con la Hora de la Unión Mundial.

   Rodas pegó un salto, pero pronto se calmó.

   ¡Claro! La fuerza misteriosa usó la percepción de los miembros del club... Su tremendo poder de alguna manera se precipitó en sus mentes. Pobres desdichados... ¡Qué interesante novedad! Lástima que no sirve para nada... Sí, esa fuerza domina la mente de ellos. Ellos se enteraron antes que nadie. Eran los más perceptivos.

   Pero el Dr. Rodas tenía un carácter agresivo. Y una intuición extraordinaria. Algo le decía por dentro que NO ES ASI. Y seguía sintiendo esa salvaje ira contra los miembros del club.

   Sin embargo, no sabía qué hacer. En su desesperación llamó a un antiguo conocido. Fue al centro de comunicaciones del satélite y marcó en la computadora:

   “Comodoro Snaker, Luna, Hecatea, planta 34, número 7741 1552.”

   Pasaron seis interminables minutos hasta que en la pantalla apareció un rostro impresionante, de rasgos mongoles. A la secretaria del centro de comunicaciones, que estaba detrás de Rodas, se le aceleró el ritmo cardíaco y casi gritó:

   - ¡Tom Snaker! - y se quedó boquiabierta mirando la pantalla.

   Rodas ya conocía este fenómeno; Snaker tenía un terrible “poder hipnótico” sobre las mujeres, aún sin proponérselo.

   Del parlante de la computadora de comunicación salió una voz que estremeció a la secretaria. Era la voz de Snaker.

   - ¿Aún no resolviste ese pequeño problema del Barcelona? - dijo dirigiéndose a Rodas.

   Este no sabía si sentir indignación, desesperación o indiferencia ante semejante ironía. La Tierra estaba a punto de destruirse y Snaker haciendo bromas al respecto.

   - Claro, la Luna se salvará, tus robots también... y podrás disfrutar el espectáculo de un planeta de lava. Seguramente, te pondrás a medir la radiación térmica de la lava y su composición química con el espectrómetro...

   - No llegaré hasta eso... - dijo con una sonrisa diabólica - aunque, confieso, sería interesante. Lo que me extraña es que tú, con todo el olfato que tienes, no te diste cuenta de cuál es el origen del problema y cómo solucionarlo.

   Rodas lo miró a través de la cámara de video con gran asombro.

   - Pero... ¿acaso conoces la solución?

   - Sí, la conozco. Hay aún casi dos años de tiempo para aplicarla. Pero me gustaría que la resolvieras por ti mismo. En todo caso, si no son capaces de resolverlo, yo les daré las instrucciones a tiempo para evitar el planetazo.

   Esta vez Rodas perdió la paciencia.

   - ¡Esto es el colmo! ¡El Barcelona está por reventar al mundo y tú estás jugando a las adivinanzas! - se secó la transpiración en la frente - ¡Y bien, no sé la solución! Si te dignas a decirla, te lo agradeceré. – y resopló como una válvula de escape.

   - ¿Está bien una pequeña ayudita? – sonrió Snaker.

   - Lo que sea... - dijo Rodas, rindiéndose.

   - Pero pequeña. No quiero quitarte la diversión. Sé que te gusta resolver acertijos. Esta es una “zagadka” bastante fácil.

   - No me hables en ruso. - dijo Rodas - Dame esta ayuda.

   - Bien, ahí va, son dos palabras: péndulo psíquico.

   Rodas se quedó perplejo. La pantalla se oscureció.

   “Ese demonio de Snaker” pensó “seguramente me diría que tengo dos años para resolverlo”.

   Y se encaminó a la rampa de salida de las mininaves para regresar a la Tierra.

   Cuando llegó a su casa, tomó un vaso de leche tibia, una ducha y se fue a la cama.

   Pero antes de dormirse, se le produjo como una explosión en la mente.

   - ¡¡PÉNDULO PSÍQUICO!!

   Se vistió más rápido que nunca e inmediatamente tomó el teléfono para llamar al secretario de gobierno mundial.

 

ooooooooooooooo

 

   El operativo fue internacional. Una movilización de todo el planeta. La policía entró en las cedes de los Asteroides de Barcelona y destruyó todo el equipo de comunicaciones con que sincronizaban la Hora de la Unión Mundial. Y los que querían hacerlo pese a la más estricta prohibición, recibían un sano masaje con persuasivos bastones de plástico.

   Ya en el día del operativo, del satélite informaron que la fuerza misteriosa dejó de actuar y el Barcelona ya se apartó casi medio segundo de arco de su trayectoria de colisión.

   El Dr. Rodas se golpeaba la cabeza.

   - Sí, estaban relacionados. Sólo que al revés. No era la fuerza la que impresionaba a los miembros del club. ERAN LOS MIEMBROS DEL CLUB LOS QUE GENERABAN LA FUERZA. 

   Casi mil millones de mentes unidas a la Hora de la Unión Mundial, sincronizados, con periodicidad regular, durante años... sí que lograron generar un efecto que superaba a la de todos los desviadores juntos. Como un péndulo al que empujan en cada ciclo de 24 horas, en el momento adecuado. Un péndulo psíquico. Pero capaz de mover un asteroide.

   Rodas se acordó de lo que una vez le dijo Snaker: “La mente humana tiene recursos que ni imaginan. Un día se volverá contra ellos si no maduran a tiempo.”

   Así el Dr. Rodas, pese a que en cien reportajes de prensa insistió en que la solución la dio el Comodoro Snaker, se convirtió ante el mundo en el salvador del planeta, un verdadero Coloso de Rodas.