*** EL PODER DE
LAS MASAS ***
En la estación orbital astronómica había
gran agitación. El Dr. Rodas miraba La pantalla de la computadora y trataba de
espantar de su mente la idea que le sugerían las letras y los números. Los
demás no lo sabían aún.
- Quiero una verificación de estas últimas observaciones
- dijo a uno de sus ayudantes. Las
manos le temblaban y los emparedados que le trajeron estaban al lado del
teclado sin tocar. De pronto, le
pareció que la rotación de la estación y la gravedad artificial producida por
la fuerza centrífuga eran excesivas.
La estación orbital era la base del
proyecto "INDUSTRIA AL ESPACIO" que comenzó en el año 2005. Tenía su
parte móvil que giraba, proporcionando gravedad ficticia a los tripulantes. La parte fija era el complejo de depósitos,
equipo de mantenimiento y, lo más importante,
el telescopio reflector compuesto de 85 espejos menores y de una
superficie total casi diez veces mayor que el Hale de Monte Palomar. Gracias a
la ingravidez, esto era posible. El
telescopio en sí estaba dentro de una colosal cámara para protegerlo de los
rayos solares, los meteoritos y demás calamidades del espacio.
Todo el complejo estaba en una órbita geosincrónica,
de modo que veían a la Tierra siempre con la misma cara. No es que para el
proyecto se necesitaba tal telescopio; la culpa la tenía un gran avance en la
física: el descubrimiento de la "submateria" y lo que se llamó como
la “propulsión rota-vector". Tal
propulsión permitía elevar al espacio miles de toneladas de carga por un costo
mínimo. Así comenzó la operación de salvar la ecología: INDUSTRIA AL ESPACIO
(IAE), toda la contaminación fuera de la Tierra, a un lugar donde no molesta a
las plantas y a los animales. El telescopio ya estaba construido en tierra y
con el nuevo medio de propulsión el proyecto del observatorio astronómico se
adelantó varios años. Luego, se decidió que la base del proyecto IAE también
estaría en el mismo satélite. El gran
telescopio era muy útil para el examen de los asteroides, ya que los mismos son
como tesoros de minería flotando en el espacio.
Así fue como el Dr. Rodas tuvo la peor
sorpresa de su vida. Examinaba las
órbitas de varios de estos asteroides y levantaba las "cartas de
navegación" para los mismos. Un problema matemáticamente complejo, pero
con las computadoras astronómicas y el gran telescopio, más el cerebro
privilegiado del Dr. Rodas, aquello era hasta divertido. Entre las asteroides
de menor tamaño, los que son del orden de los pocos kilómetros de diámetro, hay
muchos de hierro-níquel que son valiosísimos yacimientos de metal flotantes. El
proyecto era desviar algunos, traerlos cerca de la Tierra e ir cortándolos de a
poco para usar el metal. Por eso, el
Dr. Rodas prestaba poca atención a los asteroides grandes que, con diámetros de
cientos de kilómetros, eran demasiado pesados para desviarlos. Los cálculos dijeron que es más conveniente
desviar y acercar a la Tierra a los pequeños en vez de viajar hasta el cinturón
de asteroides.
Y así vino la sorpresa. El ayudante verificó las grabaciones de las
observaciones del gran telescopio. Las
alimentó de nuevo a la computadora. Era
la tercera vez que salía el mismo resultado.
- No puede ser ... no puedo ser - y golpeó
la mesa con fuerza. Los demás lo
miraron. Era inusitada esta reacción de parte de Dr. Rodas.
- ¿Qué le pasa, doctor? - preguntó el
ayudante. El Dr. Rodas se tapó la cara
con la mano. Pensó que veía visiones o desvariaba debido al cansancio o vaya
uno a saber qué nueva enfermedad del espacio.
- Por favor, revise estos cálculos. - dijo
ya más calmado - no sé dónde cometí el error. A menos que sea una broma de mal
gusto, esto indica una... bueno, no digo nada antes de estar seguro. Revíselo y luego hablamos.
El ayudante era uno de esos jóvenes que
hace poco que se recibieron y por tener altas calificaciones logró el puesto en
el satélite.
Lo revisó y se puso pálido. Alimentó la
computadora por segunda vez y le dio el mismo resultado que al Dr. Rodas.
- No... no puede ser. Esto no puede ser,
debe haber un error....
- ¿Vio, Hans, de qué me asusté yo? Esa cosa no es una "piedrita" como
las que traemos de allá. Éste tiene diez Kilómetros de diámetro y está en una
precisa órbita de colisión con la Tierra.
Ya los demás también se enteraron. Según
los cálculos, el impacto sería dentro de algo más de dos años. Así que había
tiempo suficiente para hacer algo.
Unos meses después, más de quince
“desviadores de asteroide” hechos con la nueva tecnología estaban sobre la
enorme masa pétrea. Los desviadores eran grandes equipos con polarizadores de
alta tensión y un enorme magneto que generaban un fuerte campo magnético en su
proa. Se apoyaba sobre el asteroide con un parachoques aislante y con un
“bigote” largo lo tocaba para polarizarlo con más de dos millones de voltios.
El polarizador tenía en la popa un enorme “cátodo” que lanzaba miles de
amperios como un haz de electrones al espacio, dejando al asteroide con
polaridad positiva, hasta la tensión de ruptura subeléctrica. Entonces, el
campo magnético aplicado en la dirección adecuada, ejercía el efecto
rota-vector sobre una pequeña parte de la masa del asteroide, desviando
lentamente su trayectoria.
Tardaron casi un mes en darle una órbita
segura para que no se acercara a la Tierra; entonces ya podían sentirse seguros
y tranquilos.
...y
entonces sucedió lo del Barcelona.
En un día tranquilo en una de las islas de
mar Egeo, el Dr. Rodas estaba de vacaciones. Solía visitar la isla de su nombre
e imaginaba el Coloso de Rodas parado imponente a la entrada del puerto. El
encanto lo solía romper uno de los gigantescos transportes que pasaban flotando
en el aire, con su halo de aire ionizado por los propulsores subeléctricos de
sustentación estática y las luces de navegación. La propulsión subeléctrica era
aprovechada al máximo en la Tierra. Se inició la era del
"supertransporte", cuando viajar a cualquier parte del mundo no
costaba casi nada y no pasaba de media hora de duración.
Estaba nadando en el mar, disfrutando de la
vida, junto a su familia en su crucero particular.
-¡Papá! - gritó su hijo mayor que piloteaba
la embarcación -Te llegó un mensaje urgente por radio desde el IAE.
- ¿Qué dice? - preguntó Rodas.
- No lo sé. Está codificado y termina con
tres letras QRT.
El Dr. Rodas se sobresaltó. Comenzó a nadar
a toda velocidad hacia el crucerito. El sabía lo que es QRT: la clave de
emergencia. Pensó que hubo un accidente en el satélite. Subió a bordo y, aún chorreando agua, entró
en la cabina de control. Tecleó en la
computadora los números del mensaje, entró su clave personal secreta y en la
pantalla apareció el resultado que solo él entendía. Se puso pálido.
- Vamos a casa - dijo - debo ir
urgentemente a Huston.
Su hijo ya conocía a su padre. Subió el
ancla flotante y emprendió la marcha a toda velocidad ...
oooooooooooooo
- Bienvenido al infierno, Doctor - lo
recibió Hans - Parece que se repite lo del año pasado. Pero esta vez es algo
mucho más grande.
Rodas revisó los cálculos. Se sorprendió por
lo poco emocionado que estaba. Parece que la primera vez se le agotó el
"tanque de fluido de miedo". Estudió los cálculos durante diez
minutos. Se levantó y se dirigió a un pizarrón.
- Veamos. Asteroide BARCELONA. Diámetro
medio 256 kilómetros; composición pétrea; masa aproximada, 2,6 . 10 19
kilogramos... bueno, mejor ni pensarlo... - tragó saliva y continuó - Tal
parece que hace ya más de un año que tiene este comportamiento, pero recién
ahora fue descubierta esta alteración de órbita. Según parece, actúa sobre este
asteroide una fuerza desviadora. Y lo más raro es que actúa en forma
intermitente. Según a trayectoria observada, es como si la fuerza se
concentrara durante pocos minutos con intervalos de 24 horas. Y con cada
intervalo, la fuerza aumenta su valor medio con un ritmo exponencial. Según los
cálculos, si sigue el mismo ritmo, en tres años y 152 días... - y quedó en
silencio.
Los demás lo miraban horrorizados. Hans
agregó:
- Se repite lo del asteroide del año
pasado... y aún no sabemos las causas de aquél. Esta desviación del Barcelona
¿se deberá a lo mismo?
A Rodas se le oscureció la cara. Se acordó
de Arthur C. Clarke en su obra "Perfiles del Futuro", donde decía:
"... el hecho de que una cosa sea horrible no basta para hacerla imposible,
como los habitantes de Hiroshima descubrieron a su tiempo...". En estos
momentos, alguien elevó el volumen de la radio. Se escuchó una canción al que
el Dr. Rodas no prestó atención.
- Apaguen esa radio, por favor. Ya saben lo
que pienso de la música moderna...- dijo y siguió - Con este ritmo de
variación, suponiendo que la mantiene, tal como lo hizo durante los últimos 14
meses, en tres años y 152 días, como dije recién... ¡Chocará con la Tierra!
Un murmullo general invadió la sala. Una
voz femenina se oyó.
- ¿Seguro que mantendrá el ritmo de
desviación? ¿Por qué no desactivan los desviadores?
Esto parecía un chiste de mal gusto, pero
Rodas lo tomó en serio.
- Querida señorita, primero hay que
averiguar que quién demonios puso allí los desviadores. Y por qué... aparte de
saber cómo hicieron un equipo de potencia tan fantástica. Con todos los que
tenemos, lograríamos apenas la décima parte del efecto... De todos modos, es
urgente que vaya una expedición a examinar el Barcelona.
oooooooooooooooo
La nave de forma de disco se acercaba al
Barcelona. Los que lo contemplaban por
el sistema de visión externa se estremecieron. No sabían por qué. La masa
rocosa no difería en aspecto de sus compañeros de menor y mayor tamaño. La
oscura roca, llena de fino polvo en su superficie, con grandes cráteres de
impacto, estaba suspendida delante de ellos en el fondo tachonado de estrellas
multicolores.
La nave se posó sobre la superficie,
levantando una gran polvareda que comenzó a caer con increíble lentitud. El
asteroide era inmenso.
- Si esto llegara a caer sobre la Tierra...
no quedará más que un mar de lava de varios kilómetros de profundidad. Toda el
agua se evaporará y la Tierra se parecerá a Venus... Sería el fin de la vida en
todas sus formas... - pensaba el Dr. Rodas - En fin, debe haber un millón de
mundos como la Tierra en nuestra galaxia... La que conocemos está graves en
problemas. A ver si sus hijos pueden
hacer algo por ella...
La expedición, encabezada por el Dr. Rodas
y un grupo selecto de técnicos de varias disciplinas, exploró la superficie con
naves pequeñas. Se tomaron miles de fotografías y precisas mediciones de toda
índole. Hicieron explotar una pequeña bomba nuclear para tomar mediciones
sismográficas con un centenar de “orejas en el suelo”, como llamaban a estos
detectores de temblores.
Una semana después de estar observando y
midiendo, no encontraron absolutamente nada. Ningún equipo, ningún fenómeno
natural conocido. Hallaron los restos de la visita de una civilización
desconocida que, según las tasaciones radiométricas, debía ser de más de cien
millones de años de antigüedad. Sólo eran restos que podrían ser desechados,
pero ningún equipo identificable como tal...
Un día después, ya de regreso en la Tierra
- las naves de propulsión subeléctrica son rapidísimas - no llegaron a ninguna
conclusión. Y pasaron 6 meses.
- No descubrimos nada - comentó
descorazonado el Dr. Rodas - Ni rastros de actividad eléctrica; el interior es
macizo; no se descubrieron movimientos sísmicos de ninguna clase; no hay
rastros de colisiones recientes... nada.
El secretario del gobierno mundial lo
escuchaba con cara larga.
- ¿No hay forma de desviarlo? Y si
hiciéramos una moción mundial para fabricar desviadores gigantes? Hay que
calcular esta posibilidad. ¿No se puede desviar con bombas de alto
megatonelaje?
El Dr. Rodas sonrió amargamente.
- Ya se me ocurrieron todas estas
posibilidades. Pero no servirían. ¿Sabe por qué? Hemos puesto todos nuestros
desviadores sobre el Barcelona. Durante los primeros días, hemos alterado la
trayectoria como para que pase 20.000 km de la Tierra. Pero la fuerza
desconocida se ajustó. Luego, seguimos desviando, pero esa misma fuerza
misteriosa compensa exactamente a nuestros desviadores. Esto pasó durante los
últimos seis meses. Parece que la misteriosa fuerza CORRIGE la desviación
producida por nuestros desviadores. Por más deprimente que sea, pero hasta
ahora no pudimos hacer nada...
El Dr. Rodas volvió a su casa en Grecia.
Pensó que por lo menos hay que pasar los últimos tres años disfrutando de la
vida. No difundieron la noticia por temor a un pánico mundial. De todos modos,
no había a dónde ir. Las colonias en los planetas del sistema solar dependían
aún de la Tierra. Al eliminarse ésta, quizás durarían algunos meses...
Mientras meditaba así, escuchó una melodía
que le resultó vagamente familiar. Era una de esas canciones modernas que
suelen propagarse por todo el mundo como un reguero de pólvora. Sus hijos lo
cantaban y no le dio importancia.
En estos momentos, el amplificador de la
casa estaba fuerte. El hijo menor
escuchaba, pegado a la radio.
- Es la HORA DE LA UNION MUNDIAL, papá.
Cantan los Asteroides de Barcelona...
Rodas se sintió como ensartado por una aguja
de alto voltaje.
- ¿¡ASTEROIDES DE BARCELONA!? - dijo, con
una expresión que asustó a su hijo.
- Sí, papá... ya los oíste tantos veces.
¿Qué pasa ahora?
Rodas comenzó a prestarle atención al
asunto. Empezó la canción:
El cielo pronto se caerá.
El mundo pronto se hundirá.
Para qué vamos a estudiar,
para
qué vamos a trabajar;
pronto el fuego lloverá,
con todos nosotros barrerá...
Huuu, huuu, huuu, vivamos la vida que
se va...
Huuu, huuu, huuu, pronto el fuego lloverá.
Viene
del cielo la salvación
no más esperanza ni frustración;
no más poder ni sumisión;
no más dinero ni humillación.
Todo el mundo será igual:
¡Se quemarán el bien y el mal!
Huuu, huuu, huuu, (y sigue el mismo estribillo)
El Dr. Rodas escuchaba la canción y de sus
pies parecían salir raíces adventicias. Esta canción ya hacía casi cuatro años
que recorría el mundo, traducida a muchos idiomas. Se imprimieron millones de
barritas de MMP (molecular-memory-pack) y se ha formado un club mundial: el
CLUB DE LOS ASTEROIDES DE BARCELONA.
Este club tenía una costumbre peculiar: la
Hora de la Unión Mundial.
Sincronizaban los relojes de todo el mundo;
tenían en cuenta los husos horarios de todo el planeta; la hora determinada
que, pese a ser distinta en países de diferentes meridianos, era el mismo
momento en todo el mundo. Era ésta la HORA DE LA UNION MUNDIAL en que
comenzaban a cantar. Hubo verdaderas
torrentes de entusiasmo y muchos fanáticos llegaron a desmayarse por la intensidad
del trance casi hipnótico. No duraba mucho; tan sólo lo que insumía cantar las
dos estrofas pero lo hacían con intervalos exactos de 24 horas. 0 sea, muchos
millones de jóvenes de todo el mundo unían su fuerza psíquica, sin saberlo, con
intervalos precisos de un día. Como duraba solo un minuto, en la mayoría de los
casos los jóvenes eran consentidos y casi en todas partes les permitían cantar;
ya sea interrumpiendo una clase, o bien el trabajo, o lo que sea. Porque
después de cantar se sentían como reconfortados, eran más dóciles y gentiles. Y
últimamente muchas personas mayores se adhirieron al club mundial.
Pero este club tenía una ideología básica
nada deseable que las autoridades no tomaban muy en serio: estar en contra de
la exploración del espacio. Sus argumentos eran ya conocidos y trillados y
procedían del siglo 20. Que el ser humano no nació para el espacio; que era un
pecado invadir otros mundos. Por eso el
conjunto que lo inició se autotituló con el nombre de un asteroide: el
Barcelona. Nadie sabe por qué justo el Barcelona. ¿Por qué no Ceres o Pallas o Juno. ¿Habrá sido por la ascendencia
española del conjunto? Pudo ser. Pero los autores originales ya han sido
desplazados y el club era manejado por otras personas de dudosa reputación.
El argumento principal era que el proyecto
IAE, entre sus metas, planeaba desmantelar asteroides con fines de minera. Que
no se los debe tocar porque es un sacrilegio; que antes de gastar en el espacio
deberían mejorar el mundo; y cosas
estúpidas similares, olvidando el hecho de que si la industria no se trasladaba
al espacio, la vida biológica en el planeta irremediablemente estaba condenada
a desaparecer por la creciente contaminación química.
De pronto, todo eso se hizo claro en la
mente del Dr. Rodas. En el estómago
sentía como un foco ígneo.
-
Un caso de visión del futuro - pensaba amargamente porque había
demasiadas coincidencias.
Sin embargo, como buen escorpiano, su
intuición - que muchas veces lo sacó de problemas aparentemente irresolubles -
le decía otra cosa. No sabía por qué, pero en vez de un presentimiento del fin
mundo sentía un inexplicable y feroz impulso de agresión. ¿Contra qué? No contra el Barcelona;
era algo más cercano.
El Barcelona era un poder cósmico, demasiado
grande; él no tenía idea de cómo enfrentar a un enemigo de 250 kilómetros de
diámetro. Pero lo que sentía era similar a la ira hacia un hijo que comete una
travesura muy grande y dañina.
Y en un momento dado lo identificó. Era
contra en club Asteroides de Barcelona. Pero ahora surgió otro problema: ¿por
qué contra ellos? ¿Qué culpa tenían? La lógica firme y la mente disciplinada
del Dr. Rodas se enfrentaba con su intuición, con esa inexplicable fuente de
información de donde salían conocimientos imposibles de obtener por deducción.
¿Por qué odiar a las víctimas en vez del victimario?
Rodas no encontró la solución por el
momento. Por más que lo meditaba sólo
lograba embrollarse más aún.
Un día, trabajando en el satélite
astronómico, Hans le vino con una novedad.
- Doctor Rodas, encontré algo que no
entiendo. Como ya todos lo saben, la fuerza misteriosa que desvía el Barcelona
actúa intensamente con intervalos de 24 horas. El efecto comienza débilmente,
luego en segundos aumenta a un máximo muy intenso permaneciendo en este nivel
durante un minuto; luego, disminuye gradualmente hasta anularse en dos a tres
minutos. Pero lo más interesante es que coincide exactamente con la Hora de la
Unión Mundial.
Rodas pegó un salto, pero pronto se calmó.
¡Claro! La fuerza misteriosa usó la
percepción de los miembros del club... Su tremendo poder de alguna manera se
precipitó en sus mentes. Pobres desdichados... ¡Qué interesante novedad!
Lástima que no sirve para nada... Sí, esa fuerza domina la mente de ellos.
Ellos se enteraron antes que nadie. Eran los más perceptivos.
Pero el Dr. Rodas tenía un carácter
agresivo. Y una intuición extraordinaria. Algo le decía por dentro que NO ES
ASI. Y seguía sintiendo esa salvaje ira contra los miembros del club.
Sin embargo, no sabía qué hacer. En su
desesperación llamó a un antiguo conocido. Fue al centro de comunicaciones del
satélite y marcó en la computadora:
“Comodoro Snaker, Luna, Hecatea, planta 34,
número 7741 1552.”
Pasaron seis interminables minutos hasta
que en la pantalla apareció un rostro impresionante, de rasgos mongoles. A la
secretaria del centro de comunicaciones, que estaba detrás de Rodas, se le
aceleró el ritmo cardíaco y casi gritó:
- ¡Tom Snaker! - y se quedó boquiabierta mirando
la pantalla.
Rodas ya conocía este fenómeno; Snaker
tenía un terrible “poder hipnótico” sobre las mujeres, aún sin proponérselo.
Del parlante de la computadora de
comunicación salió una voz que estremeció a la secretaria. Era la voz de Snaker.
- ¿Aún no resolviste ese pequeño problema
del Barcelona? - dijo dirigiéndose a Rodas.
Este no sabía si sentir indignación,
desesperación o indiferencia ante semejante ironía. La Tierra estaba a punto de
destruirse y Snaker haciendo bromas al respecto.
- Claro, la Luna se salvará, tus robots
también... y podrás disfrutar el espectáculo de un planeta de lava.
Seguramente, te pondrás a medir la radiación térmica de la lava y su
composición química con el espectrómetro...
- No llegaré hasta eso... - dijo con una
sonrisa diabólica - aunque, confieso, sería interesante. Lo que me extraña es
que tú, con todo el olfato que tienes, no te diste cuenta de cuál es el origen
del problema y cómo solucionarlo.
Rodas lo miró a través de la cámara de
video con gran asombro.
- Pero... ¿acaso conoces la solución?
- Sí, la conozco. Hay aún casi dos años de
tiempo para aplicarla. Pero me gustaría que la resolvieras por ti mismo. En
todo caso, si no son capaces de resolverlo, yo les daré las instrucciones a
tiempo para evitar el planetazo.
Esta vez Rodas perdió la paciencia.
- ¡Esto es el colmo! ¡El Barcelona está por
reventar al mundo y tú estás jugando a las adivinanzas! - se secó la
transpiración en la frente - ¡Y bien, no sé la solución! Si te dignas a
decirla, te lo agradeceré. – y resopló como una válvula de escape.
- ¿Está bien una pequeña ayudita? – sonrió
Snaker.
- Lo que sea... - dijo Rodas, rindiéndose.
- Pero pequeña. No quiero quitarte la
diversión. Sé que te gusta resolver acertijos. Esta es una “zagadka” bastante
fácil.
- No me hables en ruso. - dijo Rodas - Dame
esta ayuda.
- Bien, ahí va, son dos palabras: péndulo
psíquico.
Rodas se quedó perplejo. La pantalla se
oscureció.
“Ese demonio de Snaker” pensó “seguramente
me diría que tengo dos años para resolverlo”.
Y se encaminó a la rampa de salida de las
mininaves para regresar a la Tierra.
Cuando llegó a su casa, tomó un vaso de
leche tibia, una ducha y se fue a la cama.
Pero antes de dormirse, se le produjo como
una explosión en la mente.
- ¡¡PÉNDULO PSÍQUICO!!
Se vistió más rápido que nunca e
inmediatamente tomó el teléfono para llamar al secretario de gobierno mundial.
ooooooooooooooo
El operativo fue internacional. Una
movilización de todo el planeta. La policía entró en las cedes de los
Asteroides de Barcelona y destruyó todo el equipo de comunicaciones con que
sincronizaban la Hora de la Unión Mundial. Y los que querían hacerlo pese a la
más estricta prohibición, recibían un sano masaje con persuasivos bastones de
plástico.
Ya en el día del operativo, del satélite
informaron que la fuerza misteriosa dejó de actuar y el Barcelona ya se apartó
casi medio segundo de arco de su trayectoria de colisión.
El Dr. Rodas se golpeaba la cabeza.
- Sí, estaban relacionados. Sólo que al
revés. No era la fuerza la que impresionaba a los miembros del club. ERAN LOS
MIEMBROS DEL CLUB LOS QUE GENERABAN LA FUERZA.
Casi mil millones de mentes unidas a la Hora
de la Unión Mundial, sincronizados, con periodicidad regular durante años.. sí
que lograron generar un efecto que superaba a la de todos los desviadores
juntos. Como un péndulo al que empujan en cada ciclo de 24 horas, en el momento
adecuado. Un péndulo psíquico. Pero capaz de mover un asteroide.
Rodas se acordó de lo que una vez le dijo
Snaker: “La mente humana tiene recursos que ni imaginan. Un día se volverá
contra ellos si no maduran a tiempo.”
Así el Dr. Rodas, pese a que en cien
reportajes de prensa insistió en que la solución la dio el Comodoro Snaker, se
convirtió ante el mundo en el salvador del planeta, un verdadero Coloso de
Rodas.