**** REPORTAJE A UNA ESTRELLA ****


    Tengo (tenía) un amigo periodista muy peculiar. Era astrofísico aficionado, loco como yo. He aquí su relato.
 

   El año pasado hice un reportaje a un electrón. Este año, en vez del microcosmos, me aventuré en el macrocosmos. Como tengo varios amigos extraterrestres, le pedí a uno de ellos que me preste su proyector de conciencia del espacio profundo. Ese proyector es una máquina para diversiones de alto nivel. Tiene un sillón en que se sienta, o el espectador, o la víctima, según su nivel de inteligencia evolutiva. Se programa previamente la máquina en cuanto a lo que el sujeto quiere que le pase. Puede proyectar la conciencia en el espacio y/o en el tiempo. Yo solamente usé la opción del espacio.
    Me proyecté a unos 170.000 años-luz de la Tierra, a la Gran Nube de Magallanes. Es que en el año 1987, llegó a la Tierra algo de lo que quedó de una estrella: algunos gravitones muy cortos que se logró captar en unas enormes piletas subterráneas. En ese tiempo, los terráqueos aún tenían conocimientos de física muy rudimentarios y los llamaban "neutrinos".
    La estrella, llamada Sanduleak -69°202, hace 170.000 años no aguantó más la contracción y estalló como supernova.
    La Gran Nube de Magallanes es un lugar fascinante. Es una mini-galaxia satélite de la nuestra (la Vía Láctea) pero de una mayor densidad de nubes ricas en elementos pesados; allí nacen estrellas gigantes, viven pocos millones de años y terminan como super-novas.
    Cuando llegué hasta el pulsar que quedó de la otrora orgullosa y enorme estrella, sentí una terrible sensación de presencia cósmica, como si me hiciera estallar. Por un momento, creí que me desintegro, pero solo duró un instante: era el impacto de la conciencia del pulsar. Su polaridad era femenina, era mujer-estrella. Una "pulsara".
    - Tú eres un micro-ser atómico - me dijo - y vienes a verme a mí. ¿No es así?
    - Sss......- contesté, juntándome a mí mismo - y vine a hacer un reportaje...- y quedé mudo. Ante mí, una cosa no mayor que una montaña grande pero que encerraba más materia que nuestro Sol, giraba sobre sí misma, vibraba, dando destellos de alguna clase terrible de luz y arrojaba torrentes de gravedad; gravitones de longitud de onda atrozmente corta. Cada destello lo sentí como intensos golpes de sensaciones indescriptibles; por un momento quise escapar, pero la curiosidad venció en mí a las demás sensaciones.
    - No te acerques más - me dijo - porque te disolverías en mí. Veo que quieres que te cuente mi historia, ¿no? Y bien, tú te la buscaste. Escúchame bien:
    "Yo nací de una nube de gas en que flotaban muchas partículas de hierro. Una vasta nube de hidrógeno inerte. Un antecesor mío llegó al final de su vida, explotó como yo lo hice y sus radiaciones magnetizaron el polvillo de hierro. Grano por grano se juntó durante millones de años un trozo de quinientos kilómetros de hierro magnetizado. Yo aún dormía. De pronto, la gravedad generada por la "proto-ferro-estrella" comenzó a atraer el gas; este gas se concentró, lanzando más y más gravitones...
    - Pe... pero esto contradice la teoría de la formación de estrellas... el hierro interestelar es inerte y...
    - ¡¡¡CALLATE CON TUS TONTAS IDEAS HUMANAS Y ESCUCHAME!!!
    Sentí que me estallaba por dentro. Parece que las estrellas también se enojan. Mejor no averiguar las consecuencias.
    -... y, como decía, aumentaba la masa de gas alrededor de mi germen de hierro. La contracción comenzó a generar un calor cada vez mayor. Al principio, las capas exteriores retenían el calor, pero llegó el momento de mi nacimiento cuando ya se juntó veinte veces más materia que la que contiene tu sol. Encendí mi horno nuclear y empujé lejos de mí el gas restante. Mi "cáscara estelar" se separó del resto de la nube interestelar y comenzó a brillar. Mi luz lanzó lejos de mí el resto de la materia de la nube que me rodeaba.
    "Ah, ¡qué tiempos aquellos! Yo radiaba como cien mil veces tu sol. Estaba orgullosa de mi potencia. Despreciaba a aquellas pequeñas estrellitas rojas de no más de 4000 grados. ¡Yo radiaba con 40.000 grados! Yo era una gigante azul y me veía toda la galaxia. Pero... ¡Pobre de mí! Lo pagué muy caro. Mis compañeras chicas, con una expectativa de vida de cinco a veinte mil millones de años, me miraban con lástima. Yo, la grande entre las grandes, pronto me di cuenta de que mis millones de años estaban contados. Mi gloria duró tan solo 40 millones de años y entonces comencé a sentir que mi corazón se ponía pesado..."
    Por un momento creí que debo consolarla. Pero me asusté pensando en nuestra diferencia de tamaño cósmico. Ella siguió contando la historia de su vida.
    - ...porque para brillar, yo convertía hidrógeno en helio, helio en carbono, carbono en silicio y silicio en hierro. Y como el hierro ya no se quema para convertirse en algo más pesado, éste se acumulaba y se comprimía en mi corazón...
    "...un día llegó el fin. Mi terrible gravedad presionaba tanto a mi corazón que la comprimía más y más... hasta que los electrones no aguantaron más; de repente, mi corazón se contrajo a unos pocos kilómetros. Por un momento sentí entre mi corazón y el resto de mi cuerpo un vacío estremecedor... Es que, de unos 5000 kilómetros, se contrajo a tan solo 16 kilómetros de diámetro en menos de un centésimo de segundo. Pero ese nuevo corazón era como soy ahora: un denso líquido neutrónico. En mi desesperación, lancé una monstruosa oleada de gravitones superfuertes, que ustedes llaman "neutrinos"; perdí en ella tanta materia como la que hay en tu sol... todo se convirtió en energía. Atraje con violencia el resto de mi cuerpo contra mi corazón, le di tal velocidad y temperatura que al chocar ésta contra mi corazón rebotó, y estallé brillando más que toda la galaxia, eliminando todas las formas de vida como la tuya hasta 50 años-luz a la redonda...
    Por un momento se quedó inerte. Creí haber sentido la versión cósmica de una gran euforia y la añoranza del pasado.
    Luego, una calma inesperada y una sensación de paz. "...explotó el resto de mi cuerpo y se dispersó alrededor de mí, formando una nebulosa cada vez más tenue, que ya ni se ve. Claro que, como a tu mundo la luz llegó recién y allá no saben ver otra cosa que luz, se enteraron ahora. Pero yo exploté hace 170 mil años."
    Me quedé anonadado. A medida que relataba la historia, y sentí a la vez todo. ¡Esa monstrua transmitía sensaciones, además de imágenes audiovisuales! Y bueno, después de todo, era una estrella y yo un pobre ser atómico que evolucionó en la superficie de un pequeño planeta que gira alrededor de un sol tipo G2... no podía tener pretensiones de igualdad.
    - Y ahora, ¿cuál es tu futuro? ¿Seguirás girando así para siempre? ¿Tan terriblemente densa? ¿No es aburrido?
    - Mi futuro es como el tuyo, solo que en escala de tiempo a mi medida.
    - ¿Cómo es eso? - pregunté.
    - Tú un día perderás tu cuerpo que se desintegrará. Luego, te meterás en otro y el ciclo se repetirá muchas veces. Yo sigo lanzando gravitones de alta energía al espacio y mi masa se va reduciendo. Llegará el día en que no tendré suficiente sustancia para generar tanta gravedad como para mantenerme tan contraída. Entonces me convertiré en una enana blanca, de un diámetro similar a tu mundo, pero con tanta materia como tu sol. Así viviré muchos cientos de millones de años; seguiré gastando mi materia generando gravedad, aunque ya no al ritmo loco de ahora.
    - ¿Y cuando se te acabe la gravedad para mantenerte como enana blanca?
    Sentí la mezcla de un susto y un regocijo. O al menos, mi naturaleza humana así lo interpretó. Ya con un poder de impresión mucho más soportable me dijo:
    - Entonces creceré con una suave explosión y dispersaré por el espacio los restos de mi cuerpo: hierro, cobre, níquel, silicio y otros. Estos restos, en forma de meteoros y mayormente de finísimo polvo, entrarán en una nube de hidrógeno interestelar. Luego, una congénere mía más joven estallará y magnetizará al hierro... y renaceré. Pero trataré de renacer como una estrella más chica...
    -¿Por qué? ¿Quieres ser menos brillante?
    - No. Quiero tener planetas. Es una experiencia fascinante tener planetas. Como tú al tener hijos. En mi juventud como gigante azul estuve tan grande y viví tan intensamente que lancé con mi luz toda la materia al espacio... materia de la que se habrían formado mis planetas. Fui egoísta y me perdí la gran aventura. Mi ambición de brillar me dominó y alejé de mí la materia que habría formado mis planetas. Pero la próxima vez...
    - La próxima vez te aconsejo que seas un sol tipo G1. - dije y pensé: "¡Qué similitud con mujeres humanas! Pero ¿Quién soy yo para dar consejos a una estrella?". Entonces ella dio un destello de entusiasmo que casi me pulveriza.
    - Tienes razón. Veo en mi futuro un sol algo más brillante que el tuyo, con 15 planetas... uno es como el tuyo... otro es como... (no entendí lo que dijo, pero se me proyectó un mundo de más alta temperatura con seres como de vidrio)... y es un planeta gigante... mi hijo preferido... es tres veces mayor que tu mundo. Y genera vida como tú, aunque no de carbono sino de silicio; microseres atómicos, como tú, con micro-conciencias dispersas en cuerpos individuales, como tú. Mis hijos planetarios y sus micro-seres. Mi familia..."
    Ahí mi resistencia llegó a su fin. El entusiasmo de ella intensificó mi percepción de su super-conciencia.
    No pude más; exploté y me dispersé en el cosmos... Tardé un mes en juntarme de nuevo.
    Desperté en la Tierra y estuve postrado más de un mes. Cuando me recuperé, escribí el reportaje. Pero ningún diario me acepta la historia. No sé por qué. Los humanos son muy primitivos. Porque yo ya nunca más pude volver a ser humano. Mi aventura con la "pulsara" me hizo expandir mi conciencia. Comencé a ver cada vez más del universo. Comencé a sentir el flujo de los campos electromagnéticos, el flujo de la gravedad, el flujo de la... (no hay expresión humana)...del hálito de submateria de los planetas...
    Y siento que estoy creciendo. Cada vez comprendo más cosas; cada vez veo más colores; comienzo a sentir el espacio con más de tres dimensiones... y muchas otras cosas más que los humanos nunca comprenderían... estoy creciendo... estoy creciendo... y quiero tener mi propio planeta.
    Los humanos nunca me comprenderán. Ellos no ven más allá de su propio tamaño...


        Esto fue lo último que mi amigo me mandó por e-mail, antes de la explosión que destruyera su casa. La policía investigó el lugar; luego vinieron del Pentágono, la Nasa y otros organismos científicos para investigar los restos. Solo encontraron vapor de calcio precipitado en las paredes que quedaron. Algunos vecinos que vieron la explosión afirman que se escuchó un grito como "¡IUUU-hu-hu-huuuuuu...!" y vieron dispararse como una enorme masa chisporroteante hacia arriba que desapareció en las alturas. Incluso algunos afirman que esa masa tenía la cara de mi amigo con una expresión de como alguien que acaba de liberarse de una prisión y se ríe de contento; inclusive, otro amigo mío afirma que "se fue al espacio porque la Tierra le quedaba chica"...
    Pero son todas habladurías. No figuran en ningún archivo oficial abierto; y los archivos confidenciales no los pudimos consultar...
    Eso sí: de haber logrado convertirse en lo que quiso...

¡Sálvese el planeta que pueda!

***********
    Ahora, se me ocurrió una cosa que puede calificarse de "muy ridícula por ser muy humana". Supongamos que mi amigo crece y crece; que llegará a tener el tamaño adecuado para ser un sol; ¿No cometerá la locura de tratar de cortejar a la "pulsara"?
    En fin, son ideas humanas...