DEL
Por
Versión para Internet del libro
Primera edición
@ 2001 Lenke Sullos
Diseño de tapa, dibujos y texto realizados por el autor.
Todos los derechos reservados por el autor.
Hecho el depósito que previene la ley 11.723
Este libro no puede reproducirse total o parcialmente por
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constancia escrita del consentimiento del autor.
IMPRESO EN
PRINTED IN ARGENTINA
ISBN 987-43-4108-4
INTRODUCCION
Estamos en el siglo 23. Hay una vasta
colonización de
Selenea es una gran ciudad en el lado
visible de
En
Obviamente, las civilizaciones belicosas
se eliminaron entre sí, quedando únicamente las que no tenían intenciones de
eliminarse, sino de colaborar y sumar sus conocimientos. Así surgió, ya hace
miles de millones de años,
Los humanos descubrieron en el principio
del siglo 21 la propulsión no-inercial y pudieron superar la velocidad de la
luz. Así, comenzaron a volar a las estrellas vecinas con intención de
conquistar. Entonces,
Por supuesto que, para compensar,
En este ambiente están las tres ciudades
de
Resulta que alguien (se sospecha de Tom
Snaker) tuvo la idea de recrear, en las inmediaciones de Selenea, la película
“Jurassic Park”, clásica del siglo 20 de Steven Spielberg. Bajo una enorme
cúpula de compactrón (material super resistente del siglo 23) se hizo el símil
de la isla Nublar, con todos los detalles como en la película. Se creó un
ambiente con gravedad artificial para que sea igual a la de
Luego se siguió con la isla Sorna...
Por supuesto, no podían faltar los dinosaurios..
AUREA
Sucedió que a mí, John
Alder, de profesión experto en minerales y astronáutica, me han designado a una
temporada en Hecatea, en la planta científica. Esa designación obedecía a
razones confusas y no era precisamente una beca. La estadía en Hekatea, que
está situada en el lado "oculto" de
A mí me habría gustado
mucho más una breve pero placentera estadía en Selenea, en
Me preparé pues para
el aburrimiento. Mi tarea será supervisar los nuevos robots que salen de la fabricación; aprendí
bastante de su programación. Después de esto puedo incursionar en el pequeño
museo de minerales de Hekatea, para estudiarlos. Nada de mujeres, nada de bebida,
ni de diversión; tampoco hay video-juegos tridimensionales, ni nada. Tom Snaker no quiere distracciones.
Después de haber
llegado a Dianea con la nave espacial, tomé un "lunibus" volador para
llegar a Hekatea. El vuelo me distrajo bastante, contemplando las inhóspitas
pero fulgurantes rocas de la superficie lunar. Los contrastes de luz y sombra
me encandilaron y cuando avisté las torres de Hekatea, me sentí triste.
Al llegar me recibió
Llamalía, a quien dieron el nombre por su hermoso color llama de fuego,
agitando sus crestas amistosamente. Al atravesar un largo pasillo llegué al
despacho exterior.
Tom Snaker ya me
estaba esperando, parado, mostrando su estatura de casi dos metros. En sus
siniestros ojos verdes de mongol refinado bailoteaba una extraña luz.
- Bienvenido, Johny.
Ya te estaba esperando. Me quedé sin ayudante y tengo mucho trabajo.
Yo balbuceé algo así
como "me siento honrado por trabajar con usted", ya que, en realidad,
eso era un privilegio para cualquiera. Apareció Opalina, queriendo indicarme el
camino. Pero Tom Snaker hizo un gesto de negativa.
- Ya te acompañará
Aurea.
Hizo un ademán hacia
una puerta que se abrió de par en par. Y como una aparición, ¡allí estaba la
mujer más hermosa del Universo! 0 por lo menos así la veía yo. De piel blanca
como la nieve, de cabellos que parecían realmente hebras de oro; su delicado
rostro emulaba a un corazón, y sus pequeños labios eran la delicia para
cualquier hombre. ¡Y sus ojos...! Eran azules, como los de una gata siamesa; y
su nariz era tan solo un suspiro, bellísima y pequeña. La piel daba la
impresión de ser aterciopelada y sedosa a la vez, con un brillo vital,
enloquecedor. ¡Y para qué voy a describir su cuerpo!... Vestía con una curiosa
túnica verde que parecía de terciopelo y calzaba sandalias del mismo color. Yo,
enfundado en mi traje espacial, me estremecí al ver sus pies desnudos, pensando
que esta bella criatura podría tener frío. Pero pronto me di cuenta de que en
los recintos de la planta había excelente calefacción. Aurea - ¡qué bien le
quedaba este nombre! - me indicó mis habitaciones y se despidió de mí.
- Espero que su
estadía sea muy placentera, Johny - me dijo con una voz que me pareció la
música más hermosa.
Al otro día me di
cuenta de que me enamoré de ella como un loco.
Volví a verla en el
almuerzo, y me atreví a espetar la pregunta:
- ¿Quién es ella?
- Mi hija - contestó
secamente Tom Snaker.
Esto era perfectamente
posible, ya que Tom Snaker era, según las mujeres, un hombre subyugante e
irresistible; ya es sabido que las mujeres tienen el gusto retorcido. Basta que
un hombre se parezca un poco al Diablo, ya se enamoran de él. Pudo haber tenido
esa hija de una de sus aventuras, tal vez en
Al final, no me
importaba; era ella quien me importaba cada día más y más. Y ella parecía
responder a mis sentimientos. Me sonreía, a veces acudía a pasear conmigo fuera
de la planta a buscar minerales. Poseía una cultura sorprendente, entendía
prácticamente de todo, y parecía especialista en mineralogía.
- ¿En qué colegio
estudiaste, Aurea? - le pregunté en una de nuestras salidas. Ella bajó la
cabeza.
- En ninguno, Johny.
Mi padre me enseñó todo lo que sé.
Esto era muy posible,
ya que Tom Snaker era un verdadero prodigio de conocimientos.
Un día - recuerdo que
era justito el momento cuando cayó un meteorito en el observatorio, perforando
uno de los tubos - me atreví a confesarle que la amaba. Los momentos románticos fueron estropeados
por Tom Snaker, de quien nunca habría sospechado que sabe
maldecir con tanto ingenio. Aurea se tapó los oídos.
- ¿Qué estás haciendo?
- A mi padre no le
gusta que lo escuche cuando está enojado.
Con todo este episodio
alcancé a comunicarle que la amaba y que la iba a pedir en matrimonio. Ella
dijo que eligiera otro momento y pareció prudente hacerle caso. Esperé hasta
que los robots hayan reparado el tubo y me vestí en mis mejores galas. En la
puerta de mi habitación me esperaba la "lagartogata" Opalina.
- ¿A dónde vas?
- ¿A ti qué te
importa? - dije enojado, pero de pronto me acordé de que esta raza era
telépata.
- No lo hagas - me
dijo Opalina - no vale la pena meterte en problemas. El patrón no te la va a dar.
Me sentí indignado y a
la vez admirado, pero no acostumbro dejarme intimidar. Me encaminé hacia el comedor para hablar con
Tom Snaker. En la puerta estaba Aurea, esperándome.
- ¿Qué es lo que
piensas hacer?
- Pedirte de tu padre
en matrimonio.
- Esto ya no se usa.
Me sorprendí
realmente.
- Entonces... ¿De
quién depende?
- De nadie. Olvídate de
esto por ahora. Dame tiempo.
- ¿No me amas???
- Te quiero mucho.
Pero hay razones que no conoces. Si quieres, habla con mi padre.
Me enojé. En este
momento entró Tom Snaker en la habitación.
- Opalina me lo dijo.
Creo que tanto tú como Aurea tienen que pensarlo mejor. Sugiero que esperen. Además, hay un
requisito... Pero de esto te informarán en Selenea. Además... Hay otro detalle,
Johny; tu estadía en Hekatea acaba de vencer. Recibí el mensaje hoy que tu
próxima estadía es en Selenea. Tienes dos semanas de recreo y después puedes
volver por tu propia voluntad. Mientras estés en Selenea tendrás que someterte
a un curso de perfeccionamiento de "sicología robótica" que dictan
allí.
No podía hacer otra
cosa que despedirme de Aurea. Total, iba a volver pronto y para entonces este
asunto habrá madurado. Tal vez Tom Snaker pretendía un esposo más perfeccionado
para poder utilizarlo en Hekatea... Ya me he familiarizado con la idea de vivir
allí para siempre, con Aurea, procreando hijos, y saliendo de cada tanto a
Selenea o a
Aurea me dio un largo
y apasionado beso al despedirnos.
Al llegar yo a
Selenea, me instalé inmediatamente en el colegio donde daban el curso de "sicología
robótica". Me hice amigo de todos, y cuando se enteraron de que iba a
trabajar allí para siempre, me miraban con gran respeto.
El viejo profesor del
curso me llamó un día, convidándome con un neocafé. (Para los que no saben: el
neocafé es algo parecido al café terrestre, pero es sintético y ligeramente
repugnante.)
- ¿Puedo preguntarte,
hijo, - abordó el tema - por qué diablos quieres enterrarte en Hekatea, siendo
un joven brillante y apuesto?
Sonreí, con cierto
aire de misterio.
- Tengo una poderosa
razón.
- ¿Cuál es esa razón?
- El amor. Voy a
casarme con la hija de Tom Snaker.
El profesor saltó de la
mesa.
- ¿Con quién???
- Con Aurea - dije
sorprendido - ¿qué tiene de malo?
El viejo profesor se
agarró la cabeza.
- ¡Tom Snaker no tiene
ninguna hija! Pero es el más grande de los genios, ¿comprendes? De los genios
en robótica... Nadie puede igualarlo. Con Aurea ganó el premio interestelar de
Robots Proteicos.
...Cuando volví en mí,
mis compañeros me rodeaban con cara de lástima. "Otra broma del mongol
ese, hijo de Satanás" - refunfuñó mi profesor y yo me desmayé de nuevo.
Y ahora estoy aquí en
El profesor Charriére,
eminente paleontólogo, profesor de
Necesitaba consejos de
Tom Snaker, comandante de la planta, a quien ustedes ya conocen muy bien de mis
anteriores relatos. Soy John Adler, experto en
mineralogía, astronauta y a la vez víctima preferida de las bromas
diabólicas. Esta vez mi mala suerte hizo que me designaran de acompañante y
guardaespaldas al profesor Charriére, a quien yo apreciaba mucho.
No es que me haya gustado
tanto la paleontología, pero desde que vi en los viejos archivos aquella famosa
película que se titulaba "Jurassic Park", comenzó a divertirme el
tema. Respecto a la película, hecha en el remoto siglo XX., escuché extrañas
referencias, pero todo fue hace tanto tiempo que cualquier rumor podía ser mera
invención. ¡Lo que me sorprendió mucho era que el profesor Charriere los tomara
tan en serio! Logró reunir toda una bibliografía al respecto. Esos rumores
eran... Pero mejor no me adelanto con el tema, ya que mi presente relato tiene
mucho que ver con el mismo.
Llegamos con el lunibus a
la planta de Hekatea que, a pesar de haber vivido yo allí durante meses,
siempre me impresiona. Después de mi aventura con Aurea, la androide más
hermosa y perfecta, a quien yo creí hija de Snaker, no deseaba retornar jamás
allí, pero... Ordenes son órdenes.
Las lúgubres cúpulas ni
estaban iluminadas, solo con los focos de emergencia; ¿qué diablos estaban
haciendo allí otra vez? No obstante a la oscuridad, el lunibus tocó suelo sin
mayores problemas, entrando en el túnel que conducía al interior.
El profesor saludó
calurosamente a Tom Snaker, mientras él fijó sus ojos en mí, mirando por encima
de la cabeza del profesor, ya que era mucho más alto que éste. Su mirada
burlona me fastidió, pero pronto tuve razones para olvidarme de él, y de su
mirada.
- Bienvenido, profesor
Charriére; ¿trajo los huevos?
El profesor me dio una
señal con la mano. Recién me percaté de una valija bastante grande que el
profesor arrastraba, con bastante dificultad. Corrí a su ayuda y levanté la
valija que pesaba demasiado como para hombrecito delgado y viejo, que era el
profesor Charriére. Resulta que en toda la planta estaba conectada la gravedad
artificial y los objetos pesaban tanto como en
- Comandante Snaker; son
mi tesoro, por favor, búsquenme un lugar seguro para ellos.
Apareció
Colocó la valija con
mucho cuidado sobre la mesa y el profesor la abrió con manos temblorosas.
Allí, en la valija,
colocados en mullidos nidos de algodón, estaban los huevos.
Tom Snaker los contempló
un rato y sonrió.
- Felicitaciones,
profesor. ¿Usted sabe lo que son?
- No del todo,
comandante. Pero no son de pterodáctilos. En
- Por supuesto. Pero
primero quisiera escuchar: ¿qué es lo que usted piensa, profesor?
Yo, tercero en discordia,
estaba allí, con los cabellos erizados. Detrás del profesor y de Snaker,
ensimismados en la contemplación de los huevos, apareció una figura, abriendo
la puerta del laboratorio.
Si ustedes han tenido
alguna vez pesadillas después de una noche de juerga y de copas, fantaseando
con el infierno y sus habitantes, podrán tener alguna idea de lo que yo vi.
Era una cosa de dos
metros de alto, con facha de cocodrilo hambriento, pero su cuerpo ligeramente
evocaba a un pájaro enorme. En sus patas traseras avisté la famosa garra media
que le dio el nombre: "dynonichus", o sea: "el de la garra
temible". El famoso velocirraptor de aquella película que mencioné: el
"Jurassic Park."
Quise gritar, pero Tom
Snaker esbozó una sonrisa ancha al ver mi expresión.
- Ven para acá, Socorro -
dijo con absoluta calma y el ser se acercó obediente, mirándolo con una
expresión inefable, abriendo a medias sus fauces.
Al pobre profesor
Charriére tuve que sostenerlo para evitar que se desmayara.
- No tenga miedo,
profesor; es absolutamente tratable, tanto ella, como Dolores, su hermana. Por
Rapiña no respondo, porque no comió todavía. Por eso permanece encerrado.
- Pero... Pero, pero
¡Esto es grandioso! ¡Entonces es cierto! ¡Que no eran animales virtuales,
creados con computadoras! - exclamó el profesor y yo comprendí que aludía a la
maldita película. - Así que no eran rumores... ¡Era cierto!
- Los tuvimos en animación
suspendida durante los dos siglos que pasaron - explicó Snaker impávido - y los
tenemos aquí.
- ¿El tiranosaurio
también?
- Sí, pero no lo hemos
reanimado; aquí pobrecito, no tendría campo de acción. Recién comenzamos la
reanimación con los dilophosaurios; creo que mañana ya podrá verlos vivitos y
colendo. Eso sí: hay que mantenerlos muy bien cebados. Ocurre que aquí no hay
personal humano, solo yo;
De pronto recordé que yo,
John Adler, sí que era humano y últimamente algo gordito también... Mis pelos
comenzaron a erizarse.
- Bien, profesor; los huevos deben ser
incubados y cuidados por la madre o por lo menos por una hembra. Llévese pues a
Socorro consigo a Selenea. Eso sí: lleve consigo una buena cantidad de hígado,
su comida preferida, para que no le apetezca el suyo.
Los científicos son las
más curiosas criaturas de Dios; se olvidan del miedo cuando contemplan algo
maravilloso, claro, siempre que se pueda llamar "maravilloso" a un
velocirraptor.
Del dicho al hecho,
metieron en una jaula a la señorita Socorro, junto a los huevos. El profesor y
el comandante Snaker se despidieron muy amablemente y el lunibus nos transportó
de vuelta a Selenea, derechito al laboratorio del profesor Charriere.
Me despedí y me fui a
dormir, cosa que solo pude lograr con dos grandes pastillas de Hypnea.
Otro día fui llamado, ya
muy temprano al laboratorio del profesor. Les juro que me alivié mucho al saber
que vivía todavía.
Allí lo encontré, pues,
contemplando los huevos, cuidando, arreglando la caja donde los colocó.
- Hace frío aquí - me
arriesgué yo.
- Es cierto. Hace frío.
Pero estos huevos no los puedo meter en la incubadora. Ignoro la temperatura
exacta que necesitan.
Y entonces... No me lo
creerán jamás. Tal vez no lo habría creído el mismo Spielberg, quien hizo
aquella famosa película. A mis oídos llegó una voz ronca, siseante, pero
perfectamente entendible: "Así no se hace, profe; no los toque, se
incubarán solos."
El profesor quedó como
petrificado, sin dar crédito a sus oídos. Pero yo ya estaba curado de espanto.
- Oye Socorro, ¿vos sabes
hablar?
Y la respuesta ronca y
penetrante: "¿Por qué no iba a saber hablar, estúpido?!"
Encima, mal educada,
pensé yo. Eran pues ciertos los rumores. Ahora, queda por descifrar el enigma:
¿dónde los consiguió ese endemoniado Spielberg?
El profesor, una vez
despabilado, cayó en el otro extremo.
- Así que... ¡Sabe hablar!
¡Qué criatura amorosa y divina! Le acarició la inmunda facha de cocodrilo y le
metió un gran trozo de hígado en la boca y la criatura, antes de tragarla, de
acuerdo a su costumbre, la sacudió bien, salpicando todo en el laboratorio.
Salí de allí para
lavarme con fuertes ganas de no volver más. Pero no podía abandonar al profesor
ahora, justo ahora. Su reputación tambaleó mucho últimamente, hasta lo tildaron
de fantasioso y chiflado.
Pensé que ahora tendrá
con qué recuperar el respeto de la gente, de sus colegas y de esa odiosa Decana
llamada Argimetrusa, de quien, les prometo, hablaré en mi siguiente relato.
Esperé, pues, ansiosamente el otro día, cuando el profesor iba a presentar a
Socorro en la gran sala de conferencias de
El acontecimiento fue registrado,
filmado, holografiado, etc, etc. y constituye hasta hoy el más sabroso y
comentado incidente, donde nadie quedó sin participación, voluntaria o no.
La sala estaba repleta de
gente, la mayoría escépticos, más los profesores, con sonrisas más irónicas que
las de Tom Snaker;
El profesor tardó; hubo un
murmullo de impaciencia. En el murmullo de la gente se mezcló un extraño ruido,
como un ronroneo o más bien un curreo prolongado como “Crrrrrrr”. Yo no quería
saber lo que era... Por fin se descorrió la gran cortina roja y apareció el
Profesor Charriére, conduciendo a una criatura increíble, por supuesto, por una
cadena de neutronio.
Hubo un "buuuh"
sorprendido en el público y Socorro, desde el escenario les contestó con un
largo curreo; muchas mujeres de la sala se levantaron corriendo.
- Este es, como ustedes
ven, un dynonichus de la era cretácea, incorrectamente llamado velocirraptor.
Pueden acercarse y convencerse de que es auténtico. Es una criatura
hermosísima: ¡
Se oyó una voz estentórea
desde el público:
- ¡No es cierto!¡Es un muñeco electrónico!¡Es un robot! ¡¡Lo trajo de
Hekatea, donde son especialistas en estas cosas!!
Los demás se adhirieron y
comenzaron a abuchear al profesor. Alguien, desde las primeras filas, tiró una
cebolla podrida al escenario y justito dio con la facha de Socorro.
Lo que siguió entonces,
es un poco difícil de narrar. Con la rapidez del rayo Socorro se echó encima
del hombre, que era un gordito casi redondo; se oyó en el aire un sonido
insoportable como "¡iiiiiiihhhiiii!" y después vimos a Socorro pegar
un fiero golpe en el suelo con la garra media de su pata, rajando la gruesa
alfombra de plástico, seguido de un “¡TRAC!” al cerrar la enorme boca en vacío
a un centímetro de la panza del gordito, que saltó hacia arriba de su asiento.
La cadena de neutronio detuvo a Socorro, vibrando como una cuerda, haciendo
temblar la viga de hierro a la que estaba sujeta con un candado. Entonces se
dio vuelta con la velocidad de un rayo y le propinó al gordito un coletazo que
lo hizo volar dos metros. La sana intención de Socorro era rasgarle la panza y
sacarle el hígado...
Alguien salvó la
situación, bajando la cortina en la que Socorro felizmente se enredó; el hombre
gordito fue llevado al hospital con una formidable hematoma tipo “chorizo
morado” que le iba desde la cara hasta su panza, y los demás necesitaban
urgentemente un baño por el susto, evento trágico, ya que había solo dos en el
edificio.
Cuando se calmó un poco
el clima,
- ¿Qué clase de bestia es
esa? - preguntó Argimetrusa, pero recibió inmediatamente la respuesta de
Socorro: "¡Más bestia serás vos, asquerosa!".
No sé como terminó todo
porque me fui, ya no aguantaba más. Solo queda el comentario: el profesor
recuperó su reputación y
Mi presente relato será
enviado al Centro de Investigaciones de Hechos Insólitos, derechito a la
oficina central de Dianea. No se trata de un relato científico; de esto se
encargará el profesor, para el deleite del comandante Snaker. Mi relato es tal
vez demasiado personal y... confieso, que no es del todo imparcial.
Quiero aclararles, como
ya mencioné en mi anterior relato, que
No es que este hecho a mí
me moleste demasiado, pero esta señora, con su olorcito a pis de gato, es muy
especial. Se cree muy sabia; es posible que realmente lo sea, ya que ha sido
elegida como Decana de
Como recordarán de mi
anterior relato, aquella antigua y otrora famosa película, titulada
"Jurassic Park", despertó últimamente gran interés; la sospecha de
que sus animales no eran virtuales sino
auténticos, ha sido ampliamente comprobada por el profesor Charriére; que se
trataba de verdaderos dinosaurios, a los que, terminada la película, pusieron
en animación suspendida. Al menos, ésa era la última versión.
Recordarán también que,
además de los velocirraptores o dynonichus, como Socorro y compañía, había
también un T-Rex, o sea, un tiranosaurio, con todo su carácter endemoniado;
unos asquerosos dilofosaurios, y la triceratops, pobrecita, medio enfermita. De
los braquiosaurios y hadrosaurios ni que hablar... Por supuesto, como ya todos
lo saben, en Selenea han reproducido la famosa Isla Nublar, con una perfección
escalofriante, y, por supuesto, la que dirigía estas operaciones era, nada
menos, que
Estas "metanas"
son muy especiales; desde cierta distancia parecen humanas, pero mirándolas un
poco mejor, se ve que tienen otras proporciones y sus movimientos son más
sinuosos. El rostro es también de una mujer, pero los ojos, nictálopes, muy
grandes, demasiado grandes para ser bellos, tienen una mirada muy inquietante.
La piel es amarilla verdosa y los ojos también, tal vez un poco más oscuros que
el cutis. En vez de cabellera sus cabezas ostentan un tocado, de forma muy
parecida a una cobra. La verdad es que no sé de qué son, que es un tocado o es
su envoltura natural; es también verdad que no tengo la más mínima gana de
averiguarlo. Creo que en este punto coincidimos con la señorita Socorro.
Pero será mejor que vaya
directamente a los hechos... Fue Argimetrusa quien presentó el proyecto de
reproducir
Al llegar, no pude menos
que admirar la obra: entramos en la famosa puerta, con los mismos jeeps que se
vio en la histórica película. En la entrada del edificio, nos esperaba
Argimetrusa, acompañada por el profesor.
- Es sorprendente -
balbuceé y pronto escuché detrás mío la voz ronca de
Socorro: "Por fin estoy en casa". Confieso que los pelos se me
erizaron todos.
- Vengan pronto, pronto,
tengo que mostrarles algo extraordinario - dijo Argimetrusa - tenemos la isla
completa.
- ¿Cómo completa? -
pregunté yo con un mal presentimiento.
- Completa, hijo; toda
completa; ¡todos los animales reanimados!
- ¿Todos?... ¿El
tiranosaurio también?
Argimetrusa me dirigió
una mirada despectiva.
- Claro que sí. Tiri será
la mayor atracción.
- Esto no es cierto, la
atracción somos nosotros - se oyó la voz de Socorro, mientras Dolores
mordisqueaba la hermosa columna de madera, sacándole pedazos.
- No hagas eso Dolores;
anda a pasear por la isla.
- ¿No los van a encerrar
en la fosa?
- Pero... Claro que no.
Son animales civilizados.
Me acerqué un poco a
- Dígame... ¿Ustedes en
Titán tienen animales?
- No, chico. No tenemos.
- Pues se nota. Usted será
Decana, paleo-bióloga y reina de belleza en Titán, pero de animales no sabe
nada. Un dynonicus jamás será un "animal civilizado."
- Eso no es cierto. Este
animal habla. Tiene ingenio.
- Y es más salvaje que un
tigre rabioso. Si usted no fuera de metano y amoníaco, ya la habrían comido.
Argimetrusa me dirigió la
mirada más indignada que yo haya visto jamás.
- Además de ser cobarde, eres
mal educado, poco caballero e ignorante.
- Gracias. Ya me va a dar
la razón un día. - Me di vuelta y salí del edificio. Me vi de pronto frente a
un dilophosaurio, que se contoneaba cerca de la puerta. Y de pronto escuché una
vocecita de mujer:
- ¿Vos quién sos? Me
gustas mucho. - Casi me caí al suelo, cuando me di cuenta de que fue la
dilophosauria que me habló, ya que indudablemente era hembra.
- Me llamo Esmeralda -
dijo y yo pronto saqué de mi bolsillo una bolsa de nylon y me lo puse en la cara.
- No te voy a escupir -
dijo con un mohín de coquetería y se deslizó entre los arbustos. Suspiré
aliviado.
Argimetrusa me siguió. Se
plantó a mi lado esbozando una sonrisa, de la que me sentí peor.
- ¿Viste, Johny, qué
linda es? ¡Y ni siquiera extendió sus crestas!
- Claro, al extenderlas
suele escupir. Prefiero no verla nunca más.
Entramos en el edificio.
Argimetrusa quiso mostrarnos el comedor. Había allí una larga mesa con manjares
apetitosos y una hermosa, realmente hermosa cristalería.
- Es nuestro orgullo, nos
costó mucho. Insistí por tenerlos. Ya no se usan en ninguna parte, son piezas
únicas. ¿Ves este jarro de cristal? Es de
Esto yo lo sabía de las
lecciones de historia. Me quedé muy impresionado. Era un tesoro de inapreciable
valor, igual las otras piezas: increíbles figuras de vidrio transparente,
cristales iridiscentes formando figuras de bailarinas, animales, pequeños
edificios, maquetas de ciudades transparentes.
De pronto el profesor
Charriére, que hasta ahora no emitió palabra alguna, habló con voz temblorosa.
- Señora Decana; ¿dónde
está Socorro?
La pregunta flotaba en el
aire, como una nube amenazadora.
¿Donde estaba Socorro?
Argimetrusa salió para
mirar.
- Socorro, ¿dónde estás?
- Será mejor averiguarlo
- dije yo.
Y en estos momentos se
oyó un grito horrible, penetrante, rompiendo nuestros oídos. Pero no era de
ningún velocirraptor. Estremecía todo alrededor nuestro, como si bramara la
misma tierra. Agudos y graves se mezclaban en este bramido, y también algo más,
posiblemente un ultrasonido.
Era el bramido del
tiranosaurio. Y desde muy cerca.
Pero al cesar el bramido,
se oyeron otros ruiditos, tipo plin-pilin-pulun como cuando un vidrio se rompe
en mil pedazos. La famosa colección de cristales, el gran tesoro de
Y en este momento
apareció en la puerta la "Bella del Cretáceo", con toda su
envergadura y con su facha de cocodrilo satisfecho: la señorita Socorro.
- ¿A dónde te fuiste?
Socorro hizo un mohín
indescriptible, que, según mi suposición, puede ser tomado como coquetería
entre raptores.
- Fui a morder la cola de
Tiri - dijo y yo habría jurado que sonreía, sí, sonreía feliz.
Hubo un gran silencio en
la sala.
- En fin. Los objetos
frágiles llevan dentro un reloj de cuenta regresiva. Cuando llega a cero, se
rompen. ¿Qué le vamos a hacer?
- "Lo que deben
hacer es darme de comer" - dijo Socorro y todos nos encaminamos hacia la
cocina, mientras la "Bella del Cretáceo" seguía comentando: "Qué
bien que se rompió ese vidrio donde había un raptor que imitaba mis
movimientos". Ocurre que Socorro, por más inteligente que sea, jamás pudo
comprender lo que era un espejo. Ni que fuera un espejo de Chippendale que
valía un millón de tutudolares, cuyos fragmentos se hallaban esparcidos en el
comedor.
Estos fueron los
acontecimientos y me despido hasta la próxima entrega.
Postdata: muchos
preguntaron que la "Bella" por qué se llama Socorro. Tom Snaker le
dio este nombre, alegando que la persona que la ve por primera vez, solo puede
gritar "¡Socorro!" Asimismo aclaro que Dolores recibió su nombre por
sus mordiscos que duelen y Rapiña, bueno, por su naturaleza.
LOS DIENTES QUE HIEREN
Mi estadía en
Aclaro esto por las
siguientes razones: primero, porque no me agrada
Todo el proyecto y
realización de
Lo curioso, sin embargo,
es que resulta muy difícil mantener algo así tan complicado como
"¡Qué boca sucia,
Johnny!" escuché estupefacto, descubriendo la desagradable presencia de
Argimetrusa. Me olvidé que, como los lagartogatos, las metanas también son
telépatas.
Seguí mi camino hacia el
Centro del Recreo, donde me esperaba el profesor Charriére. Pensé hablar con él
respecto a mis dudas de una curiosa carta que llegó hoy a la madrugada, desde
Hecatea, firmado por Tom Snaker.
Leyendo el mensaje,
salpicado con una serie de observaciones irónicas que no pienso reproducir, me
enteré de que la "Estrella de
Al llegar a la puerta de
la sala del Recreo, me recibió Socorro con su facha de cocodrilo. Me saludó con
un largo curreo.
- ¿Cómo te va, Yakit? -
no pude con mi genio, quería ver el efecto que producía en ella ese nombre.
- Oooia, conoces mi
nombre verdadero - dijo con su voz ronca - ¿Cómo te enteraste, asqueroso?
El epíteto me
correspondía por el fuerte perfume de anís, con lo que me unté.
- Eso no te importa -
dije yo y entré apresuradamente en la sala. Encontré al profesor Charriere con
una expresión sombría y preocupada. Le entregué la carta; la leyó, sonrió, pero
después la tiró sobre la mesa, con total indiferencia.
- Tenemos asuntos mucho
más serios por qué preocuparnos - dijo. Recién lo noté: tenía el brazo vendado.
- Siéntese, Profe - puse
yo una silla, pero él la rechazó.
- Por un tiempo no puedo
sentarme, hijo.
- ¿Por qué no?
- Pues... Justito de esto
quiero hablar.
Mientras tanto
Socorro-Yakit metió su morro cocodriliano por la puerta. En estos casos el
Profe siempre la mandaba afuera, amenazándola con algo maloliente, pero ahora
ni se percató de su presencia.
- Voy a hablar parado y
vos, Johnny estarás escuchando, como un buen alumno en la escuela... No sé cómo
están tus conocimientos respecto a la era cretácea.
- Poco más que un cero.
Fuera de la "Bella" y su gente conozco muy poco.
- Pues bien. Has leído
tal vez sobre una criatura cretácea, muy parecida a nuestra
Socorro, pero más pequeña: la raza de los treodontes.
La palabra me resultó
algo conocida, pero... ¿Dónde, cuándo escuché yo la palabra
"treodon"? El profesor seguía su disertación con expresión dolorida.
- Estos bichos inmund...
Mejor dicho estos saurios eran más bien pequeños, más o menos un metro y algo
de altos; pesaban unos 50 kilos... En mayor parte carnívoros y... tremendamente
inteligentes.
- ¿Más que nuestros
raptores?
- Mucho más.
Se oyó un curreo
indignado de parte de la "Bella".
- ¡Cuénteselo a su abuela
hija de chacal sucio!
El Profe ni se indignó.
- Ya ajustaremos cuentas,
Socorro, pero no ahora. Más vale que escuches, Johnny, y con mucha atención.
Estos animales tenían el cerebro más desarrollado de todos los dinosaurios
conocidos. Encontramos un cráneo de treodon con las huellas de su cerebro que
tenía circunvalaciones. De esta raza pudo haber evolucionado el hombre, pero...
Vaya uno a saber por qué, optó por la vía de los mamíferos.
- O sea que se extinguieron
con los demás dinosaurios. - dije yo.
En este momento vi algo
tan escalofriante y a la vez tan increíble que me faltan palabras para
describirlo.
Por la ventana asomó una
cabeza.
Socorro soltó uno de sus
gritos de guerra, un ensordecedor "Iiiiiiii" y se lanzó tras la
criatura. Pero ésta, en vez de huir, optó por entrar por la otra ventana y...
pudimos verla.
Se parecía mucho a
Socorro, pero era mucho más pequeña y su carita, de morro más corto, tenía...
Sí, señores, tenía una expresión casi humana... ¡Una expresión de burla! Al
abrir sus fauces, dejó ver una hilera de dientes triangulares, como el tiburón;
se veía también que cada diente era como un pequeño serrucho... De allí el
nombre: "treodon", o sea: "el de los dientes que hieren".
Me parece que tenía la sana intención de saltárseme encima y morderme. Me salvó
la aparición de Dolores, seguida por Rapiña, el macho; pensaban
"triangular" al treodon, pero éste era mucho más veloz que ellos.
Dolores, al lanzarse contra él a toda velocidad, solo logró chocar con la facha
de Socorro que, indignada, intentó morder a su hermana, mientras Rapiña le
mordió la cola para calmarla. La escena terminó en la acostumbrada batahola que
suele armarse entre ellos cuando algo sale mal. Terminó con la entrada de
- Este bicho inmundo me
saltó, me mordió, también me mordió el brazo; me sacó un pedazo de carne y
después desapareció, con una velocidad increíble. Esta es la costumbre de
ellos: saltar, morder y desaparecer. Al lado de ellos, Socorro es una tortuga.
Esta observación indignó
a Socorro de sobremanera.
- ¡Será tortuga su
abuelo! - siseó, pero juraría que no con demasiada convicción.
- Profesor Charriére...
Más razones tenemos entonces por considerar lo que le voy a decir.
- ¿De qué se trata, hijo?
- Pues... Necesitaríamos
ayuda.
- ¿Qué clase de ayuda?
- Lagartogatas. Por lo
menos una. Podríamos pedirla de Tom Snaker, aunque temporariamente. Yo pienso
en
El Profe me miró con una
expresión de estupor y Socorro se desesperó, diciendo:
- ¡Ay, nonono, no, a esa
no, lagartogatas no!!! - se adhirió también Yigga, o sea Dolores, y Rapiña soltó
un curreo indignado.
- Johnny tiene razón. -
Milagro de los milagros: era
La "Bella" bajó
su cabeza de cocodrilo.
- ¡Sí que me mordieron!
- No tienen derecho de
estar aquí - dijo
Les confieso que me
recorrió un escalofrío... Estos raptores también eran demasiado inteligentes
para mí... Demasiado inteligentes para aceptar la
versión de Crichton, el autor del argumento de aquella película vieja. ¿De
dónde habrán venido en realidad?...
El Profe se retiró muy
dolorido,
- Cierre bien las
ventanas, Profesor. Sería prudente llevar consigo
- A
Se cerró así la puerta
tras la figura encorvada del Profe y yo me quedé en la compañía de
- Vos necesitas una
hembra.
Creo que terminaré
admirando la sabiduría de la "Bella", ya que nadie pudo acertar tanto
respecto a mi estado de ánimo de aquel momento. Cerré bien las puertas y las
ventanas y bajé la temperatura del recinto; no me atrevía a salir. Afuera ya
comenzó la simulada noche, que imitaba muy bien las noches tropicales
terrestres. Me tendí en una de las mantas gruesas, por supuesto sintéticas,
imitando una gruesa piel de oso. Los tres raptores se acomodaron a mi lado y
Socorro puso su morro en uno de mis brazos.
Estoy demasiado cansado.
Les debo con la explicación respecto a la carta de Tom Snaker, refiriéndose a
los nombres de los raptores... Intuyo que voy a tener tremendas pesadillas,
donde figurará una carita de saurio con dientes aserrados y con una expresión
de burla... Mi último pensamiento antes de dormirme: ¿cómo conocía
Me despido pues por
ahora. Hasta la próxima entrega, si todavía sigo entero....
Como ustedes recordarán,
me dormí con los raptores y con Socorro sobre uno de mis brazos, con serias
dudas respecto a despertar vivo al otro día, pero este milagro sucedió, gracias
a Dios; todavía estoy vivo.
Las pesadillas que tuve,
no se lo deseo a mi peor enemigo. Me vi rodeado de estos odiosos bichos
llamados treodones; vi a Socorro con la boca abierta casi a 180 grados frente a
mí; después soñé que caía en un abismo interminable... Pero al verme frente a
una extraña criatura sonriendo, mientras caía y caía, recordé... Pero no
adelantemos los hechos.
Antes que nada: llegué a
recordar el momento y el lugar donde escuché por primera vez la palabra
"treodon".
No fue en la clase de
paleontología, ni en las disertaciones del profesor Charriére. Era en el día
cuando tuve que presentarme como "guardián de honor" a una huésped
ilustre a quien debía escoltar desde el platódromo de Selenea hasta
Tal personaje era una
atractiva criatura, casi humana. Parecía a una sinuosa y esbelta sauria (mejor
dicho, la era), toda verde-gris, con ojos grandes y boca bien ancha. La nariz,
si se la podía llamar así, era apenas perceptible. En vez de cabellera
ostentaba una delicada cresta. Pero sus extremidades, cuerpo, tenían casi las
mismas proporciones que una mujer humana. No podía comprender que tal criatura
cómo podía despertar en mí la admiración; toda ella emanaba delicadeza y
coquetería femenina. Su indumentaria era una capa verde plateada y su cuerpo
parecía también enfundado en un buzo plateado, muy ceñido.
El profesor se deshacía
en amabilidades con ella y yo también estaba muy impresionado.
- Sea muy bienvenida,
querida Iktia - le oí decir y yo no pude hacer otra cosa que reverenciarla.
- Gracias, queridos,
gracias. - dijo con una vocecita agradable, aunque... tal vez un poco siseante.
Me asaltó un pensamiento de lo más bizarro: esta criatura graciosa me hacía
acordar, en una forma muy embellecida, a nuestra amiga Socorro.
- La gente de la doctora
Iktia - dijo el profe - evolucionó de un dinosaurio más bien pequeño, al que
conocemos por el nombre de Tröodon, o Treodon que significa algo así como
"diente que hiere".
Fue entonces que la
hermosa Iktia me sonrió y yo casi me desmayo... Sus dientes eran triangulares,
aserrados y brillantes, como los de un tiburón.
No obstante, su temible
sonrisa no llegó disminuir el encanto que ella emanaba. Al comenzar a conversar
con ella, me convencí de que era muy preparada. Poseía conocimientos vastos de
todo: especialmente de paleontología y de historia interestelar. Era muy
versada también en literatura, y no tardamos en enterarnos de que sabía
cualquier cantidad de datos respecto a robótica, cuadros virtuales; manejaba al
Cosminternet con la facilidad de una experta o, me parece, era experta en ello.
El Cosminternet, como todos lo sabemos, evolucionó del Internet terráqueo, que
es nuestro medio de comunicación.
Al llegar a
Así que... Estos bichos odiosos y veloces que
ahora deambulaban en
Cuando Iktia comenzó a
dictar sus clases de paleobiología, para el gran deleite de la decana
Argimetrusa, pude haber aprendido mucho sobre esta raza, pero confieso que me
interesaba poco. Mientras ella hablaba, yo solía fantasear respecto a las
costumbres amorosas de esta extraña raza; pero cada vez que veía comer esa
criatura, se me enfriaban las ilusiones respecto a ella... Si ustedes están a punto
de enamorarse de una hermosa mujer y de pronto la ven comiendo como si fuera
una piraña, creo que es peor que una ducha helada en invierno...
Socorro también despertó
y me miró con sus ojos de color verde-oliva, con esas luces siniestras que tienen
cuando ella tiene hambre.
- Estoy untado con anís -
le dije con voz soñolienta - no se te ocurra hincarme tus dientes.
- No haré tal cosa - dijo
y soltó un largo curreo, despertando a Dolores, su hermana, quien, ensayando un
bostezo, abrió su temible fauce de cocodrilo, también hacia mí.
Y de pronto recordé.
El nombre Yakit y el
nombre Yigga... Deben haber sido sus nombres originales... Sus nombres, que
datan de su verdadera época: del cretáceo. ¿Quién les habrá dado estos nombres?
No habiendo aparecido el hombre en el Cretáceo, solo entidades no humanas
podrían manipularse allí... Y recordé con gran reverencia a mi escritor
favorito: a H.P. Lovecraft. Curiosamente, los nombres Yakit y Yigga figuran en
sus relatos espeluznantes. Este escritor, que vivió en el remoto siglo XX.,también sigue siendo un misterio para mí. Al hablar de los
"dioses primordiales" y de una deidad diabólica, de muchos
tentáculos, llamada Gathanotoa; de otros dioses desterrados que siempre
intentan volver a dominar
- Dime, Socorro: ¿cuántos
años tienes?
- A vos qué te importa -
siseó la "Bella".
- Mucho. Quisiera saber,
quién te dio el nombre Yakit.
- No me acuerdo.
- Estás mintiendo.
- ¿Por qué no cierras el
pico, estúpido? Mi nombre Yakit es el "password" del profesor
Charriere en el Cosminternet. Te va a dar.
Me quedé alelado.
- ¿Qué era lo que
dijiste???
Justito en este momento
tenía que despertar esa odiosa Argimetrusa.
- Apúrate chico, de
alguna forma tenemos que salir.
Esto era cierto. ¿Cómo
vamos a trabajar y desplazarnos libremente en
De pronto Socorro se
irguió, levantando la cola.
- Yo sé cómo.
- ¿Y...?
- Abran la puerta, pero
antes metan algo en sus oídos.
Ya me di cuenta. Puse en
mis oídos los protectores que todos teníamos que llevar. Abrí la puerta y
Socorro, Dolores y Rapiña comenzaron a gritar juntos.
El espantoso
"Iííííí" hizo saltar por lo menos veinte treodones que estaban esperándolos
en la puerta. Pero a uno de ellos lo agarró por la cola.
- Tendremos almuerzo -
dijo, mordiendo el cuello del treodon.
Yo pensé en la hermosa
Iktia y no quise mirar. Pero Dolores, o sea
- No hay mejor carne en
toda la isla - dijo con fruición y yo buscaba la salida. Estaba totalmente
descompuesto. Pero afuera tuve una muy agradable sorpresa que, en otras
oportunidades, en vez de agradarme, me habría hecho huir.
Me vi frente a una carita
muy conocida. Era una pequeña lagartogata, llamada Tuppy, toda negra, con
brillantes escamas como azabache. A su lado estaba
- El profesor Charriere
mandó un mensaje por e-mail por Cosminternet anoche.- dijo - Vamos a limpiar un
poco
Huelga decir que los
treodones desaparecieron, como tragados por la tierra, o mejor dicho, por el
suelo lunar.
Nos encaminamos felices
hacia el lago de los braquiosaurios, donde Socorro tenía una amiga llamada
Drummy, una gran braquiosauria de muy buen carácter; hasta era capaz de
perdonarle sus mordidas en la punta de su cola. Hubo un pequeño incidente: de
pronto nos sentíamos muy pesados, y escuchamos desde cierta distancia un ruido
como cuando un enorme cuerpo cae con estrépito. La pobre tiranosauria cayó al
suelo y yo también tuve que sentarme.
- Alguien manipula con el
regulador de la gravedad - dijo
Les pido perdón, no puedo
seguir anotando, la gravedad va aumen...tan..do, me
siento... aplastado... Auxilio... Yakit, maldita, ¿qué estás haciendo con el
control? Ayayayay...
CUPIDO CRETACEO
Desperté en la enfermería
donde el profesor Charriere estaba tomándome el pulso.
- No te preocupes, Johnny
- escuché su voz, que me pareció venir desde muy lejos - todos sufrimos el
efecto de los
- ¿De qué estado de ánimo
me habla? - atiné a contestarle, pero pronto recordé. Las manipulaciones en el
control de gravedad.
- ¿Cómo la agarraron?
El profesor sonrió.
- La agarró la misma
gravedad aumentada. Encontramos a Socorro pegada al suelo, sin poder
levantarse, con la boca abierta.
Me incorporé en la cama y
respiré hondo. Me sentía un poco debilitado, pero mi cabeza ya funcionaba
bastante bien. Recordé todo con toda claridad. ¡Mi estado de ánimo! Creo que en
aquel momento llegué al límite de mi resistencia.
- Si estás bien, apúrate;
te necesitamos. Dentro de una hora llegarán visitantes ilustres a la isla.
Tendrás que recibirlos.
Me recorrió un
escalofrío.
- Si se trata de la
hermosa Iktia, no voy. No podría soportar ninguna alimaña, por más seductora
que sea. Y a Yakit no la quiero ver por lo menos durante una semana.
- Crrrrrr, qué malo, yo
ayudé al profe para traerte aquí,¡desgraciado,
desagradecido, asqueroso!
Me vi frente a la cara
inefable de Socorro.
- Estuvo cuidándote
durante todo este tiempo - dijo el profesor - y te quería pedir perdón. Dice
que se le zafó de las garras el control y que solo quería aumentar un poco la
gravedad para molestar a Tiri.
¡Vaya, si logró
molestarla! La pobre tiranosauria se tumbó, dándose con el morro contra el
suelo; se le rompieron varios dientes.
- Ya se les crecerán; lo
tiene merecido - escuché a Socorro, luciendo sus habilidades telepáticas. Quise
contestarle algo muy feo, cuando entró
- Muy bien, chico, veo
que está mejor. Levántate y prepárate. Tendrás una sorpresa muy agradable.
Me arreglé como pude.
Salimos apurados de la enfermería. Socorro-Yakit caminaba detrás mío, cosa que no me inspiró confianza. En cualquier momento
podía tirarme un tarascón. Varias veces miré hacia atrás, pero, en vez de la
intención de morderme, vi una curiosa expresión en su facha cocodriliana, como
quien guarda un secreto picaresco.
Al llegar hasta
De pronto se abrió la
puerta principal, haciendo aparecer dos personas cuya presencia casi me hace
desmayar de nuevo. La muy conocida figura alta de Tom Snaker, jefe de
Socorro-Yakit soltó un
largo curreo y el "profe" se apresuró a saludarlos. Yo estaba allí,
inmóvil, sin poder hablar.
- Veo que tragaste un
palo, Johnny - dijo Tom Snaker con su acostumbrado estilo - y te atemorizas
frente a una bella mujer. A lo mejor, ya tienes tu harén - y dirigió su mirada
sonriendo hacia las dos dynonicus hembras, o velocirraptoras, que eran Yakit y
Yigga. Me puse rojo morado de la indignación, pero el profesor soltó una
carcajada.
- Anda, Johnny, haz el
favor de acompañar a la dama y mostrarle la isla, mientras yo atiendo al
Comandante Snaker.
Con un gran esfuerzo
vencí mis emociones y me atreví a dirigirme a la mujer.
- Bienvenida, Aurea -
dije, como en un sueño y sentí que en mis incorregibles entrañas se encendía
lentamente un fuego peligroso. Robot o no, era una aparición seductora hasta lo
increíble. Busqué en su rostro los cambios que pudo haberle hecho Tom Snaker.
Encontré unos rasgos tal vez un poco más orientales; los ojos más verdes y la
cabellera dorada más larga. Lo que me llamó mucho la atención, era su rostro,
su piel, que parecía emanar vida. Su tez era un poco más olivácea, haciendo un
extraño contraste con sus cabellos dorados; sus cejas algo más levantadas y...
su mirada, húmeda, muy humana, muy tierna.
- ¿Tu eres Johnny Adler?
- dijo y su voz era la misma, pero con un extraño tinte personal que antes no
tenía.
- ¿Ya no te acuerdas de
mí? - pregunté fastidiado. Parece que Tom Snaker borró de su memoria el
episodio conmigo.
- Te conozco por boca de
otros y del Comandante Snaker.
No dijo "por mi
padre". Curioso. ¿Qué estará tramando esta vez el diabólico Comandante?
- Yo soy - dijo
lentamente - la profesora de genética y paleobiología en
- Cretáceo - corregí
instintivamente.
- ¿Por qué Cretáceo?
- Por
Vi en sus lindos ojos
verdes una chispa de susto.
- ¡No me digas que aquí
hay treodones!
- No finjas miedo. A ti
no te morderán.
Me miró indignada, sí,
con una auténtica indignación.
- ¿De dónde sacas eso?
- Vamos, Aurea. No me
tomes el pelo. A un robot no morderá ningún dinosaurio.
- ¿¡ROBOT!?
- ¿Y qué otra cosa eres?
Se sentó en un banco hermosamente tallado y
arruinado por los mordiscos de
- Estás muy equivocado,
Johnny. Yo no soy robot. Yo fui la modelo para la famosa "Aurea" con
lo que el Comandante Snaker ganó el premio.
El primer impacto en mi
corazón fue una alegría, para apagarse inmediatamente. Esta es otra broma de
Tom Snaker, pensé. Esta vez quiere hacerme creer que esa criatura perfecta,
perfecta en todo sentido, es una mujer de carne y hueso. Muy bien... Si cree
que caeré en esta trampa, se equivoca.
- No te creo. Pero no
importa. Mi deber es mostrarte
La tomé por el brazo y
mis dedos tocaban una piel sedosa, caliente, demasiado real, pero bien conocía
yo las habilidades de su creador.
Dimos algunos pasos sin
hablar, cuando Socorro apareció de entre la maleza.
- ¡Ooooia, tienes una
hembra!
Miré a Aurea y noté con
gran sorpresa que se sonrojó. No pude evitar mi admiración por ese odiado Tom
Snaker. Hasta sonrojarse puede. Increíble. Pero mi sorpresa fue mayor, cuando
la escuché gritar:
- ¡Vete al diablo, pájaro
con facha de cocodrilo!
- ¡Más pájaro serás tú,
asquerosa dugonga, con tu carne de lechón!
Esto era un tanto incoherente
y falto de lógica, pero como ofensa, era perfecta. Lo que no sé, cómo sabía
Socorro lo que significaba la palabra "dugongo".
- Está bien - dijo Aurea,
un poco más calmada - siendo lo que eres, no esperaba otra cosa. Tu
inteligencia es sorprendente.
- No se necesita ser
inteligente para ver que eres una hembra bien caliente - así Socorro.
Aurea miró a su
alrededor; creo que buscaba algo contundente con lo que dar un golpe en el
morro de
Volvimos al Centro de
Recreo pronto; Aurea dijo tener hambre; yo la escuché con una sonrisa
despectiva... ¿Con ese argumento pueril iba a convencerme? Los robots no
comen... Pero pueden simularlo.
Tom Snaker y el profesor
nos esperaban con una mesa suculenta, repleta de exquisiteces. Nos sentamos a
la mesa (yo no tenía hambre, pero comía por no ofenderlos.) Aurea se sentó a mi
lado y los raptores estaban a nuestras espaldas, esperando bocaditos que el
profesor y
- ¿Qué es esa carne
exquisita? - preguntó Aurea.
- Lo mejor: carne de
treodon - dijo
- Puaff!... - y salió
disparando de la sala. Yo esbocé una sonrisa, mirando a Tom Snaker, como
diciéndole: "muy buena programación, felicitaciones, pero no me convencerá
a mí precisamente". Pero Tom Snaker devolvió la mirada con otra sonrisa;
más burlona que nunca.... En sus siniestros ojos verdes bailoteaba la risa. Detrás
de mí escuché la voz ronca de Socorro:
- Es una hembra
verdadera, estúpido, ¿qué esperas para aparearte? Ya te lo dije: te hace falta
una hembra, ¡asqueroso!
"La estúpida eres tú;
esta no es una hembra verdadera" contesté mentalmente, pero inmediatamente
llegó la respuesta, también telepática:
"Eres un dugongo
estúpido, sin olfato, sin ojos, sin orejas, ¿Por qué no vas a aparearte con
Tiri?"
Me di vuelta para darle
una palmada en el morro a nuestra "Bella del Cretáceo" cuando
apareció
- Tome, Aurea, se le va a
pasar. No se deje impresionar así. Usted es profesora de paleobiología. No debe
tener asco a los dinosaurios.
- Yo no les tengo asco -
dijo con voz llorosa - pero no acostumbro comerlos...
- Pero nosotros sí,
crrrrr - dijo la "Bella Yakit", poniéndose a comer las sobras que
Aurea dejó en el plato.
¿Y si Socorro estuviera en
lo cierto?....
Por ahora suficiente;
estoy por descomponerme. Hasta la próxima entrega. (¡Profesor, no deje que
Socorro me lleve a mi habitación!)
INSTINTO MATERNAL
Me encontraba solo en mi
habitación, sumido en la más profunda vergüenza.
Me di cuenta de que me comporté
como un niño asustado. Al final ¿de qué me asusté? Creo que de mí mismo. De mis
sentimientos imposibles que frenar.
Estaba enamorado,
irremisiblemente, enamorado hasta mis entrañas de esa criatura llamada Aurea,
sea robot o no.
Una débil ráfaga de
esperanza asomó en mi corazón: ¿si esa insoportable Yakit está en lo
cierto?.....
En este momento asomó su
inefable facha de cocodrilo por la ventana.
- Oye, estupidito, yo
puedo probarte que Aurea es una mujer humana.
- No veo, cómo - dije yo,
algo ablandado hacia ella. Increíble, pero me sentí reconfortado por el interés
de esa velocirraptora salvaje e incalculable, aunque en el fondo, siempre
dudaba de sus intenciones. En sus siniestros ojos yo era comida... Pero hasta
ahora nunca me mordió.
- Viste asquerosito, que
yo puedo ver lo que la gente piensa.
- Y con eso, ¿qué?
- Yo puedo ver lo que
ella piensa. Si fuera una máquina, no podría. ¿Viste que no pude leer los
pensamientos de
Para la información del
lector, DODECA es la supercomputadora del profesor, o mejor dicho, del Parque.
Su nombre deriva de la palabra DODECAEDRO, por razones especiales; de eso ahora
no tengo ganas de hablar.
- Oye, Socorro-Yakit:
¿cómo puedo estar seguro de eso? ¿Y si vos también me estás engañando?
- Nunca vi un dugongo tan
estúpido como tú. ¿Qué interés tendría en engañarte? Yo quiero que te aparearas
con ella. Así nacerían dugonguitos chiquitos, que después crecerían y yo los
podría comer.
El razonamiento era muy
de acuerdo a la mente de una dynonica. Descontando los epítetos ofensivos, que
formaban parte del vocabulario de Yakit, me pareció aceptable su oferta.
- Muy bien - dije - manos
a la obra. ¿Cómo piensas hacerlo?
Socorro bajó la cabeza,
como cuando ve una presa.
- Hoy a la noche, crrrr, después de comer, nos
encontraremos en el paseo de siempre, allí cerca de la guarida de Tiri.
- No me gusta el lugar.
- A vos no, pero a ella
le fascina. Dice que Tiri es una belleza entre los tiranosaurios. Tiene gusto
bien podrido; por eso pienso que está enamorada de vos.
- ¡Suficiente! Se me
acabó la paciencia. - Le iba a contestar algo muy feo, cuando apareció la cara
barbuda del profesor Charriére, toda enrojecida de furia.
- ¡Así que estás aquí,
demonia del Cretáceo! ¡Te voy a dar!
Socorro intentó
escabullirse, pero el "profe" la agarró por la cola. Se me heló la
sangre: hacer semejante cosa de coraje solo podía inspirarle una indignación
muy grande. ¿Qué habrá cometido otra vez la "bella Yakit"? Pensé que
con la rapidez propia de su raza pudo haberse dado vuelta para destrozar el
cuello del profesor. Pero no hizo nada de eso. Bajó la cabeza, como asustada.
- ¿Cómo pudiste hacer
eso?
- La voy a educar. Por
eso robé el huevo.
- ¡Una dynonicus educando
un coritosaurio!
- Sauria - corrigió
Socorro - Es nena. Acaba de incubarse. La trataré como si fuera mi hija.
- Eso es imposible. Una
velocirraptora, depredadora por excelencia, educando "como a su hija"
a una criatura herbívora. ¿A quién piensas engañar? La educarás para tu
estómago. ¿Cuántas veces te prohibí cruzar el cerco donde viven los
coritosaurios?
- Eres un hombre malo,
profesor; seguramente tús piensas comértelo.
En este momento creí que
el profesor será víctima de un ataque cardíaco. Quiso hablar, pero no salían
palabras por su boca, solo jadeos y palabras incoherentes. Socorro lo contempló
un rato (juraría que despreciativamente), pero, al final, decidió abandonarlo,
desapareciendo entre los arbustos.
- ¡Es indignante! ¡No
soporto más a esa criatura! Robó un huevo, el más precioso, de
Del arbusto se oyó la voz
siseante de Yakit: "Más ejemplar será usted, cara de simio con piel de
cerdo, primate sucio, sudoríparo y maloliente junto con toda su
parentela". Tuve que reírme, cosa que molestó bastante al profesor, pero
al final terminó riéndose también él.
Una vez que nos
despabilamos un poco, comenzó a interesarme el asunto. Un dynonicus hembra,
educando a una coritosauria pichón. Imposible. Los carnívoros devoran a los
herbívoros; es una ley inexorable. Aún creyendo en las buenas intenciones de
Yakit, ¿cómo la defenderá de los otros raptores?
Nos encaminamos al centro
de recreo, donde nos esperaba
- Esa odiosa Yakit me la
dio para que la cuidara, mientras ella va de cacería.
La voz de Aurea me
pareció una flauta celestial. Toda ella emanaba belleza y seducción, por lo
menos para mí. Apareció la alta figura de Tom Snaker; éste se agachó para
acariciar el pichón, que le respondió con una débil vocecita que pudo ser de
placer o de protesta.
- Pobrecita - dijo Aurea
- no logré que comiera. Debe extrañar a su mamá.
En este instante apareció
Socorro en la entrada.
¡Inconcebible! El saurito
corrió hacia ella alegremente. Socorro la levantó y el pequeño frotó su carita
contra el morro de la dynonica. Esta, no se sabe de dónde, sacó un trozo de
durazno y lo metió en la boca de la criatura, que lo degustó con fruición.
- Quise darle las mejores
frutas - dijo Aurea - pero no me las aceptó. Esperaba a su "mamá".
El profesor Charriére se
tapó la cara.
- La que se enojará mucho
- se oyó la voz de
- No es cierto - dijo
Yakit - ya hablé con ella. Me dio
"Corita"... Le quedaba muy bien el
nombre. Solo que era muy difícil creerle a Socorro-Yakit. Sentía ganas de ir
personalmente para preguntar a
- La educaré para que
sepa todo lo que una coritosauria tiene que saber: dar coletazos, correr, comer
mucho. Y también le enseñaré a ser raptor.
- Eso, ¿cómo?
- Le enseñaré a morder, a
currear, y quizás, a comer carne.
Tom Snaker soltó una
carcajada.
- Es lo único que no
podrás enseñarle; su digestión y dentadura no están creadas para una dieta
carnívora. Pero como te conozco, Yakit, la usarás como cebo. Atraerás con ella
a las demás criaturas carnívoras y las agarrarás.
- Eso, cuando sea un poco
más grande, pero no ahora. Ahora es mi hija. Y todos ustedes son unos
asquerosos que se meten donde no los han llamado.
Así fue que la
"Bella del Cretáceo" tomó en sus temibles garras a la pequeña
coritosauria y desapareció con ella en la maleza.
Comenzaba a oscurecer y
recordé que tenía una cita con Socorro.
- Aurea - dije - ¿quieres
venir conmigo a pasear?
- Con mucho gusto - dijo
sonriendo y se deslizó de la reposera - ¿Adónde vamos?
- Cerca de la guarida de
Tiri.
- ¿No tienes miedo?
- No creo que encontremos
a Tiri con hambre. Acaban de llevarle su comida.
Tomamos uno de los jeeps
y al llegar al lugar sugerido por Socorro, se me paralizaron un poco los pelos;
Tiri soltó un largo gruñido. Aurea me tranquilizó, diciendo que es tan solo un
amable saludo de ella. Bajamos del coche y nos sentamos en un banco, justito de
espaldas a Tiri; hasta pudimos sentir su respiración.
Quería decir algo hermoso
e inspirado, pero el miedo me quitó la voz y las ganas.
- Uuy, qué gallina que eres,
así no vamos a ir a ninguna parte - escuché la voz inconfundible de Socorro que
apareció de pronto, como de debajo de la tierra. (Siempre admiraré la habilidad
de los raptores para aparecer así, asustando la presa hasta el tuétano.
Excelente modo de cazar.)
Aurea se indignó.
- ¡Otra vez esa bestia
insoportable, molestando en todo momento!
- Crrrrr, más bestia
serás vos, estúpida; más vale que termines lo que ibas a decir: "esa
bestia molestando cuando quiero aparearme con Johnny".
Miré el hermoso rostro de
Aurea, que se tornó del color de una rosa roja.
- ¿Es cierto eso? - dije
yo, tomándole la mano - En palabras civilizadas: ¿te simpatizo un poco, Aurea?
Ella quiso hablar, pero
sin éxito. No hacía falta; Socorro habló por ella:
- Claro que sí, primate
tonto, ¿qué esperas para darle un beso? ¿Quieres arruinar el apareamiento ya en
el principio?"
Y esta vez le hice
caso... Era un beso largo y apasionado; Aurea rodeó mi cuello con sus hermosos
brazos, devolviéndome el beso. Yakit nos contempló con sus fauces
entreabiertas, embelesada; tal vez pensó en los "resultados" a los
que iba a comer. No nos importó. Ni nos importó el gran gruñido de Tiri, que parecía
también de satisfacción.
Al volver al Centro del
Recreo, tomados de la mano, notamos un gran alboroto.
Pero eso ya les narraré
en mi próxima entrega...
Como les prometí, sigo
con los acontecimientos. Llegamos, como les mencioné, al Centro del Recreo,
donde encontramos un alboroto infernal. Todos gritaban a la vez y me costó
entender de qué se trataba; felizmente todos se callaron cuando nuestra Yakit
soltó un chillido de guerra.
- ¿Qué ocurre?
Pero no necesitaba que
alguien me contestara. Allí estaba delante de mi vista el objeto... O, mejor
dicho, la causa del alboroto. Era un pichón de dynonicus, o, mejor dicho, no
tan pichón; más bien un adolescente. Lo que me llamó la atención era su color:
era casi rojo, ostentando listones negruzcos, y sus ojos siniestros también
eran rojos. Nos miraba con las fauces entreabiertas, pestañeando, cosa que no
era costumbre de los raptores, ya que no tenían pestañas.
- ¿De dónde salió esa
criatura horrible? - dijo Aurea.
- De un huevo, estúpida,
¿de dónde salen los raptores? - contestó Socorro-Yakit con su acostumbrada
insolencia, pero yo noté en su tono algo así como la sombra del miedo.
El profesor Charriére
estaba indignado, como siempre, pero Tom Snaker traba de tranquilizar la gente.
- Aquí nacen raptores, ya
que es la lógica consecuencia donde hay parejas de ellos.
Una pregunta flotaba en
el aire, pero parece que nadie se atrevió a formularla. La hice yo, tal vez
porque deseaba lucirme ante Aurea.
- ¿De quién será esta
criatura?
El profesor la examinó,
claro que desde cierta distancia, sin atreverse a tocarla.
- Es hembra. - dijo,
aunque con cierta inseguridad - Ellos cambian de color, pero siempre prevalece
una determinada coloración básica. Al ocultarse en la maleza, toman el color de
la misma. Esta criatura debe haber nacido en algún lugar abierto, donde sus
colores originales se adecuan al ambiente.
- Estás equivocado,
profesor, como siempre - intervino Socorro-Yakit - ésta nació aquí, pero es
roja. Se llama Redy.
- ¿Cómo lo sabes?
Yakit se calló un poco,
mirando hacia Rapiña, el macho. Este era también de un color rojo oscuro; hasta
ahora nadie se percató en ello, ya que Rapiña tenía gran facilidad para cambiar
su color.
- Es mi hija - dijo Yakit,
con un hato de vergüenza en su voz.
- ¿La tenías oculta?
- Es muy torpe... Pensé
que la iba a educar un poco, y recién entonces iba a presentarla.
Con movimientos
apresurados, Yakit agarró a
- ¡Si te atreves a tocar
a
El profesor Charriere
agarró un palo grueso por las dudas, amenazando a Redy.
- Ya hizo lo suyo. Rompió
el espejo de la sala, también la ventana; quiso saltarse encima mío, pero erró
el saltó y se cayó en la olla donde cocinaban la comida para los chanchos.
Después salió salpicando a todo el mundo y terminó atacando esa hermosa pintura
que representa al otrora presidente Billy Clinton, creyendo que era una persona
real.
- Con razón el alboroto
infernal, cuando llegamos...
- No cabe duda, que es
hija de Yakit. ¡Heredó de ella el trauma del espejo!
...Y aquí debo retroceder
en el tiempo unos meses, a mis primeros días en la isla.
Socorro-Yakit en la sala
principal del Centro, en el momento cuando
Socorro se plantó furiosa delante del espejo.
- ¿Qué es lo que te pasa?
- le preguntamos todos, viéndola toda erizada.
- ¡Es un raptor que me
quiere atacar! - chilló - ¡Es feo y estúpido, pero por más que me acerco, no lo
puedo agarrar!
Ocurre que Socorro-Yakit,
con toda su inteligencia, jamás pudo comprender lo que era un espejo. Tal
complejo le valió de muchos disgustos y también de ventanas rotas y una vez la
caída al estanque, por haber visto allí, según ella, "ese raptor que la
quería atacar". En vano intentamos explicarle que ese raptor era ella
misma, su reflejo en el espejo; no lo entendía. Afirmaba, además, que ese
raptor era feo, y que se divertía imitándola, haciéndole muecas.
¡Pobre Redy! ¡Heredó el
trauma de su mamá!
Solo
- Pobrecita. ¿Qué podemos
hacer con ella?
Y entonces se oyó su voz,
inconfundible, muy parecida a la de Socorro-Yakit:
- Lo que tienen que
hacer, es ¡darme de comer!
Resignados, le alcanzaron
un gran trozo de hígado vacuno de biocultivo a la que la criatura, después de
sacudirlo y salpicarnos hasta la punta de nuestras cabezas, devoró con
fruición.
Mientras tanto, Yakit
desapareció, llevándose la pequeña coritosauria consigo.
Redy, casi satisfecha,
volvió su mirada hacia mí. Con la boca entreabierta, luciendo sus enormes
dientes, algo desordenados, con sus ojos rojos y salvajes, parecía la
caricatura de un cocodrilo. También sus líneas, menos graciosas y menos esbeltas
que las de su mamá, daban la impresión de que entre raptores debía ser una
criatura decididamente fea. No obstante, emanaba de ella algo curiosamente
atractivo: el encanto de una persona torpe e inocente, que desea cariño a toda
costa. La curiosa costumbre de "pestañear" le daba un aire casi
humano. Pensé que cuando sea adulta, tendrá serias dificultades para formar una
terna y tener pareja. Entre raptores, las hembras tenían éxito de acuerdo a su
destreza y de su astucia. Si en esa elección entraba o no la importancia de la
apariencia física, seguirá siendo un verdadero misterio para mí.
- ¿La va a soltar,
profesor?
- ¿Qué otro remedio me
queda? No la voy a enjaular. Ya se va a acostumbrar aquí y ustedes también
tendrán que acostumbrarse a ella.
¡Valientes perspectivas! Ella muy pronto se
acostumbrará y aprenderá a perseguirnos, saltársenos encima de algún árbol o
directamente atacarnos de frente, costumbre conocida de los dynonicus. Aurea
fue a la cocina y pronto apareció con un enorme cucharón.
Y entonces ocurrió algo
que nadie hubiera imaginado siquiera. Redy se acercó a Aurea y se tiró al
suelo, como un gato mimoso, ¡esperando que Aurea la acariciara!
Aurea, un tanto
sorprendida, le dio algunas palmaditas en la cabeza, gesto que Redy agradeció
con un largo curreo complacido.
- Se comprende - oyóse la
voz seca de Tom Snaker - teniendo una madre como Yakit. Esta criatura necesita
un poco de cariño.
Yo también intenté
acariciarla, pero Redy me mostró sus dientes, soltando un curreo muy diferente,
juraría que de guerra.
La gente comenzó a
dispersarse y yo también sentí ganas de evaporarme lo más pronto posible. Y
pensé que si Aurea adopta a Redy como mascota, nuestros amores correrán serio
peligro.
Ella se quedó con Redy y
yo, al deambular en la maleza, me topé con Socorro-Yakit. No me asusté de ella;
estaba curado de espanto.
- Así nunca podrás
aparearte con ella - siseó - parece que entre dugongos el macho es más cobarde
que la hembra.
Tenía ganas de golpearle
en el morro, pero justito no tenía nada a mano.
Francamente, no sé cómo
seguirá mi estadía en la isla....
OPERACIÓN COMANDO
Como habrán notado, mi
noviazgo con la bella Aurea tenía sus grandes inconvenientes.
El profesor Charriere
afirma que ningún dinosaurio sabe reírse de uno, pero yo tengo la absoluta
certeza de que Yakit se está matando de risa cuando ve mis sufrimientos. Creo
que su "risa" es un tipo de curreo muy particular que me pone los
pelos en punta. Se ve, además, en su facha de cocodrilo una expresión divertida
y sus ojos verdes brillan con una especial euforia. Y creo que tiene motivos de
reírse.
No sé si yo soy muy
cobarde, o que la gente que me rodea es muy valiente. Perdí mi capacidad de
evaluar situaciones y personas desde que estoy en
Redy sigue
"amando" a mi novia. La sigue con ojos implorantes y ella le tira
bocaditos, le acaricia el morro; hasta tolera que Redy coloque la cabeza en su
regazo....
Pero esto todavía podría
tolerarse. Total, Redy no está siempre en el campamento; tiene que cazar. Aurea
me trata de un modo entre despectivo y complaciente. Yakit y Yigga me siguen,
como si temieran perderme. Y con todo eso el Profesor me hace todo tipo de
comentarios y preguntas. Pero también ha llegado para él un motivo de
preocuparse. Al verme sonreír, Yakit me siseó con esa voz desagradable que
tiene: "mal de otros consuelo de tontos". (¿De donde habrá aprendido
estas expresiones???)
Pues voy al grano:
- ¡Qué carne humana! ¡Nos
comen también a nosotros! - intervino
- ¡Mira como tiemblo! Es
- Cuidado, Yakit; no te
confíes demasiado. - dijo el Profesor muy afligido. ¡Este hombre es capaz de
temer por la vida de la dynonica esa! Además, la conversación comenzó a molestarme
en serio. Esa pareja de tiranosaurios andaba suelta, como todas las demás
alimañas del Parque (ni hablar de los treodones), y tenían excelente olfato.
- No tengan miedo, vos
tampoco Profesor, a ti no te comerán, tienes un olor asqueroso. A lo mejor
Tenía ganas de darle un
cucharonazo en el morro, cuando apareció Aurea, seguida por Redy.
- ¿Una pareja de T-rex? -
preguntó entusiasmada - Voy a visitarlos.
- Esto sí que no. Esta
"pareja" no te tendrá consideración, por más paleontóloga que seas.
Para
Ni terminé la frase,
Aurea ya se puso a correr hacia la dirección peligrosa, para no perder
detalles.
Yakit hizo entonces uno
de estos gestos con lo que logra ganar mi simpatía, a pesar de todo. Agarrando
con sus tres dedos a su hermana, se lanzó tras de Aurea para acompañarla. Yo
también emprendí la peligrosa caminata hacia estos dos monstruos, teniendo mi
corazón en la boca. El Profesor se quedó, alegando un fuerte dolor de piernas y
Durante el camino se nos
adhirió una curiosa criatura. Era un treodon completamente negro, con unos ojos
brillantes de color rojizo. Instintivamente protegí mi traste, ya que estas
criaturas atacan siempre por atrás, pero el treodon me miró amistosamente.
- No tengas miedo - me
dijo con su vocecita de niña - nunca muerdo de día.
- ¿Cómo????
- Es que me dicen... que
soy muy fea cuando muerdo. Y no quiero que me vean fea.
Así que era una
mujercita. Y bien vanidosa. Menos mal.
- ¿No tienes miedo de los
T-rex?
- No. Soy muy pequeña
para despertar su interés. Pero vengo para ayudar a mi amiga Yakit.
- ¿Yakit es tu amiga?
- Sí. Muchas veces
salimos a cazar juntas.
Ya casi llegamos al
matorral donde los T-rex tenían su guarida.
- ¡Allí están, crrrr, ya
veo a
La muy loca de Yakit
comenzó a correr hacia la bestia que emergía de la maleza. Realmente; si
ustedes han tenido una pesadilla después de una noche de juerga, podrán
imaginar el espectáculo. Era una enorme tiranosauria hembra; su cabezota se
movía lentamente olisqueando en el aire. Se me erizaron todos mis pelos.
- ¡No se muevan! - quise
decir yo, pero la voz no salía de mi garganta.
- Quédense donde están,
crrr, observando - susurró Yakit - Yigga y
- ¡Qué ejemplar hermoso!
– dijo; y fue entonces que Socorro-Yakit habló:
- ¡Ahora verán!
De pronto, como un demonio, echó a correr
entre la maleza, hacia la tiranosauria, dando una vuelta como para colocarse
detrás de ella. Esta no se dio cuenta; su intención era atacar a Yigga, quien
bailoteaba prácticamente delante de sus narices. La pequeña treodona se burlaba
desde un árbol, dejando oír unos sonidos irritantes. Pero... En este momento
abrió su bocaza, pero no para morder, sino para gritar.
Era un grito
horripilante, un bramido que estremecía la tierra, pero era un grito de dolor.
Al otro instante
- Así aprenderá a
comportarse y a respetarme - dijo, limpiándose con su lengua la sangre que le
chorreaba. La sangre de
- Ocurre - explicó con
aire de profesora - que hay que saber donde morder. La tercera articulación es
donde más le duele. Que lo diga Tiri.
En otra circunstancia me
habría reído, pero en este momento solo sentía la imperiosa necesidad de alejarme
de allí, corriendo lo más rápido posible. Tomé de la mano a
- ¿Vieron, qué bruta es
una tiranosauria? Cuando ponga huevos, los robaré todos y me los comeré.
Llegamos al centro de
recreo, por fin. Yo me desplomé y
- Qué cobarde que eres,
Johnny - dijo
- ¡Qué
valiente, se nota que eres la robot y no la verdadera Aurea.
Ella se puso a llorar y
Redy por poco me ataca por haber ofendido a su ama. Pero Yakit la tiró a un
costado. La pequeña treodona negra, llamada Parquita (será por Parca en
diminutivo) me dio una lamida en la cara.
- No te preocupes, ya te
morderé cuando se oscurezca...
El profesor estaba ansioso
de saber lo que pasó. Yakit, en estos casos, acostumbraba narrar todo con lujo
de detalles, pero esta vez solo dijo:"¿por qué no vas a averiguar vos
mismo, Profesor?"
Con todo esto Yakit le
curreó a
- No le hagas caso a
Johnny, los machos dugongos son todos cobardes. ¿No ves que hasta para
aparearse necesitan ayuda?
La indignación me dejó
mudo. Me encerré bien en mi habitación y encendí todas las luces que podía,
recordando la dulce promesa de
DINITA
Estábamos preparándonos
para nuestra boda con Aurea.
Debo reconocer los
méritos de
Yo me sentía feliz, casi
acostumbrado a esta vida llena de sustos y sorpresas. Aurea se comportaba
conmigo como una verdadera novia enamorada. (Les juro que a veces dudaba si era
la auténtica y no la robot.)
La fecha que fijamos para
la boda era el 23 de julio, cumpleaños de Socorro-Yakit. Lo hice en su honor,
ya que esta bestia era quien siempre me daba la duda respecto a mi novia.
("Ves, estúpido, que es la dugonga? Yo puedo captar sus pensamientos y sus
deseos de aparearse contigo.") Claro está que, como ya mencioné en las
anteriores entregas, Yakit era telépata, igual que a cualquier raptor bajo el
cielo... o más bien, bajo la bóveda que simulaba el cielo. (De
Estábamos sentados en el
banco "nuestro", al lado de la guarida de Tiri (ya me acostumbré)
cuando escuchamos un aullido escalofriante. Esta vez no era ni de
Me levanté del banco,
como movido por un resorte y, con un ademán de "quédate" a mi novia,
eché a correr en la dirección del aullido.
No tenía que correr
mucho. Avisté a Mobutu corriendo y para mi gran sorpresa vi que lo perseguía
una hermosa mujer, negrita ella, como una estatua de ébano. Lo que me llamó la
atención, era que la mujer, al verme, de pronto se convirtió en una hermosa
rubia de ojos celestes. Mobutu aprovechó el momento para desaparecer entre la
maleza.
La joven, bellísima, me
miró con ojos provocativos.
- ¿Tú quién eres, que
hueles tan bien?
Tenía una voz tan
acariciadora y agradable, pero esto de "hueles tan bien" no me gustó.
- Soy John Adler,
ayudante del profesor Carriere. Y ¿quien eres tú?
- Me llamo Dina
Charriere.
- ¿Hija del profesor,
acaso?
- Siii. Vine a buscar a
mi mamá.
- Ajá. Y ¿Quien es tu
mamá?
Ella me miró, como
queriendo sondear mi mente.
- Mi mamá es la más
hermosa criatura de
De pronto me pareció que
el color de sus cabellos era más oscuro y sus ojos, menos azules. Escuché pasos
femeninos a mi lado; era Aurea.
- ¿De donde vienes tú,
criatura?
Noté que Aurea tenía en
sus manos un cucharón enorme, en posición de ataque. Y en aquel instante la
mujer se convirtió... en una dynonica, sí, con ojos celestes, pero, muy
parecida a nuestra Yakit.
- Si te atreves a morder
a mi novio, te voy a dar con el cucharón.
En este instante
aparecieron Yakit y Yigga, seguidas por Rapiña, el macho. Detrás de ellos se
acercaba con sus pasos cansados el Profesor.
- ¡Dinita!
La criatura bajo su
temible cabeza. Era un poco más alta que su madre Yakit, "la más hermosa
criatura de la isla".
- Dinita nació con un don
muy especial - comenzó a explicar el Profesor - cuando salió del huevo, yo la
alcé, creyendo que era un bebé humano, una nenita hermosa. Lo primero que hizo
fue morderme la nariz.
- Dinita nació con la
capacidad de hipnotizar a cualquier dugongo estúpido - continuó Yakit con la
explicación - y aparecer en la forma que más le guste al primate. Por eso el
profe la llevó a la otra isla y le prohibió la entrada.
Lo único que faltaba. Ya
estaba casi terminado el segundo complejo, que recreaba la isla Sorna, de la
película “Lost World”, el Parque Jurásico II, del siglo 20. Y en las
computadoras ya estaba el proyecto de “Jurassic Park III”. Esa morbosa afición
por recrear las antiguas películas ya me tenía harto.
Apareció Mobutu con la
mano vendada. Dinita esta vez permaneció con su forma original y soltó un largo
curreo complacido. Aruea seguía con el cucharón, lista para asestarle un golpe,
pero ella miró a mi novia un largo rato. Y de pronto... ¡Que los dioses me
asistan! Se convirtió en una perfecta réplica de Aurea. Y las dos Aureas se
miraban desafiantes. Solo que la verdadera se distinguía por el cucharón
amenazante.
- ¡A esta alimaña no la
quiero en la isla! - grité indignado, pero me encontré frente a las fauces
amenazantes de Yakit.
- Dejá a mi hija en paz,
dugongo estúpido. Con esa habilidad consigue ella su comida.
De pronto Dinita volvió a
ser lo que era y miró a mi novia con una expresión arrepentida.
- No me tengas miedo -
dijo siseante - a ti no te comeré, eres hembra.
Después se alejó con
grandes saltos, dejándonos realmente estupefactos. Pero faltaba aún otra
sorpresa.
Nos encaminamos hacia la
sala de recreo, cuando avistamos la alta figura de Tom Snaker. Frente a él se
contoneaba la hermosa rubia de ojos celestes, provocativa. Pero Tom Snaker solo
la miró un rato y con su voz seca dijo:
- Andate Dinita al
diablo. - y Dinita, recuperando su forma original, saltó por la ventana.
- Su fuerza hipnótica no
va con todos - comentó con su tono irónico - solo obra sobre mentes primitivas.
Yo iba a replicar algo
desagradable, pero no me atreví. Tom Snaker era una persona demasiado
importante y... con una capacidad de replica aplastante. No me arriesgaba pasar
vergüenza delante de mi novia. Pero Tom Snaker no pudo con su genio.
- ¿No la querrás para tu
boda como dama de honor, Johnny? - dijo y se sentó a la mesa para tomar un
refresco.
Mi novia se me acercó y
me acarició la cara.
- Ves, Johnny, yo la veo
siempre como es. Ella solo puede hipnotizar a los varones.
- Y cuando la viste como
replica de Aurea, esto significa que vos realmente deseas a Aurea para
aparearte. - intervino Yakit y por esa frase le perdoné toda una serie de
maldades que ella cometía últimamente.
ALICATA
Con
Cada tanto oímos los
gritos de las eventuales víctimas que cayeron en la trampa de sus encantos.
Aurea se puso muy nerviosa, ¡justo antes de la boda! Para mí era un gran
engorro. Todo parecía que
- Te comprendo, primate
tonto. Así son ustedes. En vez de divertirte, te haces problemas y te vuelves
histérico, junto con la hembra esa.
Me molestó un poco eso de
la "hembra", pero ya estaba acostumbrado a la terminología de la
"Bella".
- ¿Cómo quieres que me
divierta al ver tantas personas mordidas, sufriendo?
- Es que ¿con qué otra
cosa se puede divertir? - y soltó un largo curreo complacido.
- Mira, Yakit. ¿Somos
amigos o no somos amigos?
Mi pregunta pareció
gustarle. Me contempló largamente con sus ojos verdosos que era lo único
realmente bello en su cara horrible. Estos ojos denotaban una inteligencia
temible, pero orientada, como un rayo láser, hacia la comida. Y yo me sentí de
pronto como "comida". Pero esta vez me equivoqué.
- ¿Realmente quieres que
te ayude?
Me sorprendió su tono
casi humano. No me atrevía a creer que esta bestia tenía corazón.
- Claro que me gustaría.
Te lo pido. Haz desaparecer a Dinita, por lo menos mientras yo me caso con
Aurea.
- Lo que no comprendo en
los dugongos es eso de tanta ceremonia para aparearse.
No cabía la menor duda:
era
- Espera un poco, y
verás.
- ¿Qué vas a hacer?
- Yo, nada. - y de pronto
desapareció en la maleza. Yo miré en pos de ella esperanzado y después volví a
casa para estar cerca de Aurea.
La encontré en la temible
compañía de Tom Snaker, quien la examinaba con su mirada, como cuando
examinamos a una obra maestra.
- Casi perfecta - dijo -
casi perfecta.
Se me heló la sangre.
- No tengas miedo,
Johnny. Tu novia está afuera jugando con Redy. ¿Cuándo aprenderás a
distinguirlas? ¿Tendrás que contratar a Yakit para que te siga ayudando durante
toda tu vida?
Me sentí indignado y salí
de la habitación. Efectivamente: allí encontré
- ¡La muy maldita me robó
el almuerzo! - gritaba mi novia indignada, pero al final terminó riéndose.
Por suerte, sobraba
comida. Los bio-cultivos eran ya muy eficaces. Había “carne cultivada” de
sobra. Nos sentamos a la mesa, ya que el profesor Charriére también acababa de
llegar, seguido por
Llegó también Redy, con
el morro hasta el suelo, frotándolo contra la pierna de Aurea, como un gato. Mi
novia le acarició la horrible cabeza.
Todo el mundo estaba
allí, menos mi "amiga" Yakit.
Tampoco estaba Dinita.
El profesor se dio cuenta
de ello primero.
- ¿Por qué no están aquí
Socorro y su hija?
- ¿A quien le hacen
falta? - preguntó Mobutu, que apareció también con el brazo vendado.
- Mejor saber donde están
- dije yo.
- Tengo hambre, chicos -
dijo mi novia - vamos a la mesa. Yakit aparecerá, si llega a sentir olor de
comida.
Todos rodeamos la mesa,
donde había de todo lo que se podía imaginar: hígado de gallimimus, asado y
condimentado, unas carnes blancas y aromatizadas, que eran muslos de treodon;
huevos pasados por agua, grandes, eran de diplodocus y muchas otras delicias;
de las frutas ni que hablar. Aurea resultó ser una gran cocinera, al parecer,
pero cuando comencé a ponderar sus conocimientos culinarios, se sonrojó.
- Es que no cocinó ella
sino su réplica. - dijo Tom Snaker con su voz seca y cargada de burla - Aurea
verdadera no sabe cocinar.
Yo me sentía indignado,
no sé si con Tom Snaker, por humillar a mi novia, o por el hecho en sí: que
ella no sabía cocinar. ¡Lindo matrimonio será el nuestro! ¿Qué vamos pues a comer?
Al instante me sentí avergonzado de mi propio pensamiento. Ya hasta este punto
estaba influenciado por los raptores...
Pero... ¿Donde estaban
estas dos hijas del demonio?
¡Al fin! Entre los
arbustos, como por arte de magia, apareció Socorro-Yakit. Pero sola. Sin
- ¿Donde estuviste?
¿Donde está
-
- ¿Cómo la convenciste?
- Yo no la convencí.-
Yakit, les juro, parecía casi avergonzada o miedosa, como quien oculta algo.
- Entonces ¿quien la
convenció?
De pronto Socorro-Yakit
perdió la calma. Nos lanzó una mirada de rabia.
- ¿No es suficiente que
no está? Déjenme en paz.
- Bueno, esta bien - dijo
Tom Snaker - siéntate a la mesa y come este hígado.
Pero... ¡Milagro de los milagros!
En vez de abalanzarse a la mesa como acostumbraba hacer, sacudiendo y
salpicando con la comida, se quedó allí parada, meneando su larga cola y
golpeteando nerviosamente el suelo con su garra media.
- Es que... Traje una
amiga.
- Y bueno. ¿Donde está tu
amiga?
- Y... Mi amiga come
mucho.
- ¿Más que vos?
- Algo más. ¿Puedo
llamarla?
Comencé a sentirme muy
mal.
- Dale, llámala, ¿qué
esperas? - dijo Tom Snaker. Y Yakit soltó un chillido, y después un curreo de
llamada: "¡Alicata!"
Y de pronto se nos
proyectó una enorme sombra. De la maleza emergió una figura infernal con una
boca como un túnel lleno de dientes enormes.
¡La amiga de Yakit era un
alosaurio!
Lo que siguió, era de
esperar. Salimos disparando de allí, con una velocidad increíble. Tom Snaker
también. Pero en un momento dado se detuvo y sacó de no sé donde un catalejo,
tipo pirata, para contemplar el escenario.
La alosauria devoró en un
instante toda la comida y Yakit a su lado se adhirió al banquete. Parece que
realmente eran amigas. Y parece que...
Así son, al parecer,
según Tom Snaker, los dinosaurios. No todos simpatizan con todos. Y cuando se
amigan, solo Dios (o más bien el diablo) sabe, por qué.
Así nos libramos de
Llegó el gran día: mi
boda.
No me pregunten, como me
siento.
Mi novia, feliz. Tom
Snaker, el padrino. Y la madrina... No lo van a creer. La madrina es
Yo solicité a
- ¿Así que de mí ya te
olvidaste, simio asqueroso?
No podía negarme. Lo que
no pude imaginar, era la misma ceremonia. Yo, conducido por ella al altar,
donde mi novia iba a ser conducida por Tom Snaker. ¡Qué vergüenza!
Después comencé a
familiarizarme con la idea. Al fin y al cabo, esta bestia resultó ser una gran
amiga. Recordando todos los detalles de mi estadía en
El profesor Charriere
estaba feliz, hasta le perdonó a Yakit el incidente con
Seis pares de treodonas
fueron elegidas como el cortejo y se acicalaban allí, mirándome con sus grandes
ojos brillantes, y de cada tanto me esbozaban una sonrisa(?),
mostrando sus dientes de tiburón. Les juro que se me erizaban mis cabellos.
Rapiña, galante, se ofreció
a comer la ración de su esposa Yakit, alegando que "la madrina no debe
enchastrarse con hígado crudo por lo menos durante la ceremonia". Como
consecuencia, se armó una pelea entre los dos, interviniendo
Después de recibir cada
uno su ración de hígado, se pusieron a limpiarse, preparándose para la
ceremonia. Al cuello de Rapiña
Llegaron las
dilofosaurias con la hermosa cresta abierta, pero
Cuando comenzamos a
enfilarnos hacia la pequeña capilla de
- ¡Es
- No la habrás invitado,
¿no? - dijo el Profe.
- No la invité, viene
sola. Pero no para asistir a la boda, sino para meter su cola en el lago.
- ¿Por qué?
- Es que... - Yakit miró
sus garras algo perturbada - yo le puse un petardo inteligente cerca de su
guarida.
- ¿Qué es un petardo
inteligente?
- Y bueno... Es una
pequeña carga explosiva con un aparato de identificación personal y detonación
por cercanía.
Me quedé azorado.
- ¿Quién lo hizo? - pero
pronto me di cuenta de que mi pregunta era totalmente ridícula, viendo las
caras que me rodeaban. ¿Quién otra pudo ser?...
Seguimos pues nuestro
camino hacia la capilla, mientras escuchamos los gritos de la pobre
tiranosauria con la cola quemada.
- A mí me parece,
Socorro, que eres mala.
- Y ¿eso qué es?
- Pues hacer daño con
intención.
- Yo no lo hago con mi intención.
Lo hago con mis dientes o con mis ideas.
- "Con
intención" quiere decir que lo haces para disfrutar el sufrimiento de ella.
- Y ¿de qué otra manera
se puede divertir?
¡Fantástico! Acabo de
constatar la primera cualidad humana en una dynonica. Al fin y al cabo, no son
TAN diferentes de nosotros. ¿O acaso nosotros, los humanos, llevamos algún gen
de raptor?
Pensé que será mejor no
seguir la conversación. No quería violentarme antes de mi boda. Pero también
pensé que Socorro nunca hizo nada grave conmigo, aunque me embromó unas cuantas
veces.
Por fin llegamos a la
capilla. Pero... Para mi gran indignación, el cura no estaba.
- Por Dios, ¿dónde está
el Reverendo?
Un treodon negro apareció
en la capilla.
- El reverendo se fue.
- ¿Por qué razón?
- Porque lo mordí.
El profe estaba
indignado.
- ¡No te da vergüenza,
atorrante! ¿Quién casará ahora a Johny y a Aurea?
- Y... No pude aguantarme... Tenía hambre. ¿Por
qué tenían que llamar un cura tan gordo?
La situación se tornó muy
delicada. Aurea comenzó a llorar, y Socorro agarró al treodon para retorcerle
es pescuezo, pero yo la agarré a tiempo.
- No le hagas daño. ¿Acaso tu
no tienes siempre hambre?
- Por eso lo quiero
agarrar, para comerlo.
- ¡Yo también! - granzó
Rapiña, esgrimiendo su garra media. Quién sabe en qué iba a terminar la
contienda, si Tom Snaker no interviene.
- Calma, chicos. Yo, como
comandante de
...Y así sucedió que Tom
Snaker nos casó en la capilla de
Al darnos el beso, ya
como marido y mujer, Socorro no pudo con su genio, diciendo: "Nunca
comprenderé lo que es eso; seguro que piensan comerse después del apareamiento,
pero sus estúpidas leyes no lo permiten". Y después de unos minutos de
meditar, agarró a Rapiña, diciéndole: "¿Me das un beso?" a lo que
Rapiña contestó con un feroz mordisco en la cola de ella. Casi se armó una
batahola en la capilla, pero
No obstante, la peor
broma me la gastó otra persona.
Al salir de la capilla,
felices, veo una figura:
- ¡Malvado! ¡Te casaste
con la robot! Ya sabía yo que no me querías...
Yo estaba desesperado,
mirando a la que estaba a mi lado como mi mujer, con quien acababa de casarme.
Se me heló la sangre... Aurea esta vez no me va a perdonar jamás.
- ¿No ves, estúpido, que
Tom Snaker te casó? ¡El creó la robot, de quién te
enamoraste en Hecatea! ¿Otra vez caíste en la trampa de él?
Pero en este momento
sucedió algo que nunca voy a olvidar.
Tom Snaker se agachó y
levantó algo del suelo. Era una enorme babosa, de esas de mal olor, que
abundaban en la isla. La revoleó y la tiró derechito en la cara de
Se oyó un
"iiiií" frenético y la bella Auera de pronto se convirtió en una
raptora, muy conocida. Era
Nosotros corrimos como
pudimos, yo agarrando a mi mujer por la mano y Yakit, agarrando a los dos,
ayudándonos a correr. Pero en realidad, no estábamos en peligro.
...Y desde entonces
vivimos en relativa paz. Yakit nos visitó en el tercer día, diciendo que era
hora para ir cerca de la guarida de Tiri, si queríamos tener cría.