*** EQUILIBRIO
ECOLÓGICO ***
La cámara de hibernación del Hospital General comenzó a funcionar. Era
un cilindro con complejos mecanismos que podía congelar "por
dentro". La tecnología del siglo 20
logró un dispositivo que calienta por dentro un cuerpo biológico: el horno de
microondas. Pero algo que enfriara por dentro era una novedad inesperada,
lograda solo en los primeros años del siglo 21 por medio de poderosos campos
magnéticos.
Y
era muy importante. Para congelar un cuerpo humano es necesario enfriar rápido
y uniformemente; en caso contrario, el crecimiento lento de los cristales de
hielo destruye los tejidos. En cambio, a
alta velocidad esos cristales no se forman y si el cuerpo congelado se calienta
con un adecuado horno de microondas, la persona congelada se revive.
La cámara estaba dentro de un conjunto de imanes hechos con
superconductores. Aldo ya estaba dormido cuando comenzó a enfriarse. El Dr. Ratti apretó el botón rojo que iniciara la secuencia. Las
bobinas temblaron, el cilindro se sacudió ligeramente; los dos motores diesel
de diez mil caballos rugieron en el edificio vecino, alimentando con sus
alternadores al hibernador. Y en menos de diez segundos, el cuerpo de
Aldo estaba a 190 grados bajo cero, en forma uniforme, sin escarcha blanca
espectacular. Luego el cilindro, sobre una vía fue transportado al sótano y
sumergido en un gran tanque con nitrógeno líquido.
Pasaron 83 años desde que congelaron a Aldo. La computadora puso su
nombre en la lista de los "revivibles". 0
sea, se ha encontrado la curación para su enfermedad y era hora de proceder.
Aldo tenía un cáncer del tipo metástasis provocado por un insecticida. Había
sido agricultor y comía sus propios productos: hortalizas rociadas con ese
maldito insecticida, muy eficaz para matar insectos... y humanos.
Ya en la cama del hospital, luego del primer choque con el nuevo mundo,
se estaba recuperando lentamente. El tratamiento consistía en que le inyectaban
con jeringa neumática una bacteria lograda por mutaciones controladas que
atacaba y destruía a las células cancerosas. Aparte de algunas pequeñas
molestias, se sentía bien.
Cada mañana una enfermera muy bonita le ponía el inyector de presión en
el brazo y aplicaba la dosis en forma indolora.
El quinto día Aldo la pellizcó en el muslo. La enfermera se limitó a
preguntarle: “¿Desea algo, señor?”
Aldo se sorprendió por dos cosas: por el perfecto castellano en que se
dirigió a él - y no en inglés como los médicos - y porque la piel era muy
rígida y fría. Y también por la total indiferencia que mostrara ante un acto
que, según la experiencia de Aldo solía generar por lo menos un gesto de
indignación, si no un cachetazo.
No repitió la tentativa. Algo le decía que la enfermera no valía mucho
como mujer. No sabía lo acertado que estaba.
Cuando salió del hospital, el nieto del Dr Ratti lo despidió muy satisfecho.
-
Suerte, señor Bianchi.- le dijo - Su cáncer se
esfumó. Usted volverá a lo que fue su estancia en el siglo pasado. Sus nietos
lo esperan. Usted tiene parte de la propiedad aún.
Luego, con una expresión de compinche, le dijo en voz baja:
-
Vi por el monitor cuando usted pellizcó a la
enfermera DSG-4522. Si quiere, le puedo conseguir un modelo EROS-F.
Son para... “todo uso”, ¿sabe? Porque los modelos DSG son sólo para ayudar a
los médicos y son algo caros. Pero un EROS-F cuesta menos de 450 dólares y...
si a usted lo divierten esas cosas, bueno, tiene dónde elegir. Yo ya me aburrí de
eso a las 20 años...
Aldo casi se cae de la sorpresa, la indignación, el susto y algunas
emociones similares más. No se atrevió a decir una palabra. Se sentía ridículo
y estúpido. "Ella" era un robot.
Aldo llegó a la estancia. Fue recibido con una gran fiesta por sus
nietos y biznietos. Sus hijos ya no vivían. Él sí, pese a tener 125 años. En
realidad tenía sólo 42, porque un congelado en nitrógeno líquido no envejece.
Así que estaba en la rara situación de ser dos años más joven que el más grande
de sus nietos. Se reía de eso - y los demás también - y no faltaban bromistas
que le decían a su nieto: "Cuidado con el abuelo: te va a quitar tu
esposa"
Pero durante la fiesta, Aldo perdió las ganas de reír por el susto que
pasó. En un momento dado, algo vino volando y se pasó sobre la mesa. Aldo
esperaba ver un pájaro, pero se le erizaron los pelos. No murió de cáncer, pero
casi lo hace de un sincope cardíaco. Lo que se posó sobre el centro de la mesa
era un mantis de
-
¡¿Q... qué es esto?!
-
Un mantis...- dijo uno de sus biznietos do 15 años,
con una expresión como quien los ve todos los días con indiferencia.
Aldo se levantó de la mesa y un horror cósmico recorrió su cuerpo. ¿Qué
le pasó al mundo durante los 83 años en que él estaba duro? Salió de la casa y
caminó hacia el sembrado, atraído por el horror. Apenas sentía el suelo bajo
sus pies. Su biznieto, un lindo muchacho con mirada viva e inteligente, lo
siguió. Le tocó el hombro desde atrás. Aldo pegó un salto.
-
¿De qué se asustó, don Aldo? Soy yo, Gino. Todavía estoy en el colegio
secundario, pero cuando egrese me inscribiré en ciberno-genética.
¿Quiere saber lo que es eso que entró y salió volando por la ventana?
Gino quiso empezar a hablar pero Aldo pegó un grito de horror. Vio que
en el suelo en que estaba parado había más de veinte arañas, enormes, con
cuerpo como una naranja y patas gruesas como dedos humanos.
Aldo perdió el control. Con toda la furia de una bestia acorralada, pisó
con el taco a la araña más cercana.
Gino, con sorpresa, vio un fogonazo azul bajo el pie de Aldo, quien fue
volteado hacia atrás por la explosión. En el lugar de la ex “araña” había un
hoyo humeante de
Cuando salió nuevamente del hospital, ya curado de los efectos de la
explosión, Aldo se sintió muy avergonzado.
Gino le explicaba con gran entusiasmo:
-...y
entonces comenzó la fabricación de los mini-robots que combaten las plagas de
los cultivos. Las formas más adecuadas resultaron ser las de los depredadores
naturales. Fíjese, don Aldo, en la movilidad que tiene en la espesura una forma
de araña. No hay forma que la supere. La naturaleza es más sabia que el hombre.
Y ese mantis, hecho para atrapar pájaros que de otro
modo se comerían toda la cosecha. Los agarra con rapidez y sólo la cantidad
necesaria, sin amenazar con extinguir la especie. Además, están
maravillosamente realizados...
Aldo hizo un gesto de desagrado.
-
Pero dime, Gino, ¿quién los hizo TAN PARECIDOS a los verdaderos? Porque no
entiendo qué función cumplen, por ejemplo, los pelos de las arañas. Sólo las
hacen más horribles...
Gino lo miró casi indignado.
-
¡Pero don Aldo! ¡Es el espíritu artístico, el aprecio de