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GRANADA ***
Dar nombre a las cosas parece arbitrario.
El nombre no siempre refleja la esencia del objeto que nombra, pero hay casos
interesantes como el caso de Júpiter, rey de los dioses, que usaba el rayo. ¿Por
qué no la lanza, la espada? Luego, las sondas espaciales que han fotografiado
al planeta Júpiter del lado nocturno, mostraron a la humanidad de que esto era
cierto: Júpiter, como planeta, es el rey de los planetas y de los rayos y
relámpagos. El lado nocturno está repleto de rayos tales que los nuestros de la
Tierra parecen chispas de encendedor de gas.
La granada es una fruta que dio el nombre a
la granada de mano. Pero en este relato
veremos que fue al revés.
Alan Cactus era un botánico que se dedicaba
a obtener cruzas entre distintas plantas. Alan era un fanático de la ecología y
tenía una obsesión: desarrollar un vegetal completo, cuyo valor de proteínas
grasas y carbonhidratos sea tal que sirva de alimento universal. Sus
experimentos estaban centrados en la granada.
A lo largo de años, ha logrado desarrollar un tipo de arbusto de granada
que tardaba solo seis meses en crecer y dar frutos. Además, el fruto tenía cualidades excepcionales: el jugo era
denso, muy nutritivo, en vez del líquido rojizo conocido de la granada común. Alan
Cactus ha logrado elevar el contenido de proteínas y grasas en forma
considerable, pero le faltaba el último detalle: los carbonhidratos.
En una tarde invitó a uno de sus colegas
más capaces que le ha ayudado mucho en su trabajo y que era experto en
mutaciones. No era nada menos que el doctor Ishiro Sukkmaru, famosos en sus
trabajos en genética y mutaciones vegetales.
- Es el último detalle que me falta -
comentó Alan - lograr que se eleve el contenido de azúcares. Ya obtuve las
proteínas que son bien toleradas por el organismo. Con los lípidos no tuve
problemas. pero los azúcares...
- Veré lo que puedo hacer - dijo Sukkmaru -
déjame estudiar el plano cromosómico. ¿Tienes las grabaciones de todos los
planos cromosómicos?
Alan abrió un gran armario y sacó una caja
con chips de memoria. Se lo entregó al japonés. Luego, con una expresión de
sí tuviera algo de
vergüenza, lo dijo:
- Escucha, Ishiro... ¿No seria posible...
esteee... lograr que ese azúcar sea mannita?
Ishiro lo miró sorprendido.
- ¿Por qué justamente mannita? ¿No es lo
mismo que se dextrosa, o sacarosa, o directamente glucosa? Hmmm... mannita.
¿Por qué?
- Y... ya sé que te vas a reír un poco de
mí. ¿Sabes? Yo quisiera darle a la
humanidad... - y le costó decirlo - el manná que cae del cielo, como en el
desierto... son cuestiones personales. No importa si contiene otros azúcares en
pequeñas proporciones con que tenga una buena cantidad de mannita.
Sukkmaru lo miró con una suave sonrisa oriental,
pensó un rato y luego habló en tono imparcial.
- El azúcar de manná. Sí. es posible. Si lo
quieres así, es posible.
Al cabo de tres años de duro trabajo, Alan
Cactus logró desarrollar su granada. Sólo disponía de pocos ejemplares en su
jardín-laboratorio. La planta era un arbusto de aspecto común, pero la fruta
tenla un aspecto bastante diferente de la granada original. Del tamaño de una
manzana grande, de color marrón como la castaña, tenía hendiduras hexagonales,
como escamas de un centímetro. Dada la densidad de la parte nutritiva, Alan no
pudo evitar la formación de una cáscara durísima como el coco, pero, por
suerte, el las hendiduras se rompía fácilmente. Así era fácil de pelar. Aparte,
tenía un gusto riquísimo. Recordaba algo a la castaña, al coco, con un suave
sabor de la original granada. Era fresco y nutritivo a la vez y dulce casi
hasta lo empalagoso, ya que contenía una elevada cantidad de mannita. Sobre
todo, la parte central que estaba formada de una pulpa de mannita casi pura. A
esta pulpa rodeaban las semillas con cubierta rica en proteínas y grasas y,
finalmente, cubriéndolas, la costra exterior de escamas duras.
Un día hubo una tormenta fuerte y un rayo
pegó sobre el poste que sostenía el recipiente con sustancias radioactivas.
Este método se usaba en muchos laboratorios de botánica, ya que la
radioactividad ligera favorece el crecimiento de las plantas en general. Pero
el rayo desparramó el fino polvo de cobalto 60 y se dispersó sobre todo el
jardín y sobre los arbustos de manná también. Al cabo de un mes todas las
plantas de manná-granada han muerto... menos uno.
Alan casi se muere de la angustia, pero
pudo salvar a una planta con todas las frutas y las semillas. Por suerte, esta
variedad no era bisexual. Así que era suficiente una sola planta para no perder
la especie. Hizo germinar las semillas y notó que tienen una vitalidad
descomunal. Germinaron en dos días y en tres meses ya estaban en flor con los
arbustos mucho más grandes que el original. Las flores se autofecundaban y en
una semana estaban ya creciendo las frutas a las que Alan cuidaba casi como a
bebés.
Los acariciaba, les hablaba. A veces se
despertaba de noche para ver si estaban ahí.
Así llegó al cabo de dos semanas la
maduración. Fantástica rapidez de producción, pensó Alan. Había como 300
plantas, así que no había de qué preocuparse. De modo que cuando estaba maduro
el primero, Alan es apresuró para cosecharlo y probarlo. Su subconsciente lo
decía que tenga cuidado porque la radioactividad del accidente pudo provocar
una mutación como, por ejemplo, un compuesto venenoso. Pero Alan no lo escuchó.
No le habría importado morir de colitis con tal de probar el gusto de su nueva
creación.
- La humanidad me lo agradecerá por
siempre. Habrá alimento para todos. Hasta en el desierto sobreviviría.
Notó que la nueva fruta es más dura que la
anterior. En vez de arrancarlo del
tallo, apretó fuerte y la fruta se deshizo en sus manos. Lo probó. Era delicioso y mucho más nutritivo que el
anterior, pero cuando llegó a morder la pulpa del centro, se le retorció la
boca y tuvo que escupir. El gusto, lejos de ser dulce, era agrio, astringente
y, en resumen, repugnante.
- ¡Puajjj! ¿Cómo ocurrió esto? – gritó y,
como era de reacciones rápidas, tomó otra fruta que estaba madura, la arrancó
del tallo y lo arrojó
bien lejos.
Siguió con la vasta la fruta marrón que
rodaba por el suelo y justo cuando quiso decir una maldición se la cortó el
aliento. La fruta La fruta explotó de manera tremenda, haciendo un agujero de
medio metro en el suelo. Alan sintió que la clavaron algo en un muslo.
En el hospital lo extrajeran una esquirla
vegetal, que no era otra cosa que una de las escamas hexagonales de la
granada-manná.
Luego. intervino la policía porque un vagabundo
entró en el jardín, sacó una de las frutas y le explotó en la mano y el pobre
hambriento pasó con sus antepasados. Entre interrogatorios y exámenes, en el
jardín clausurado maduraron las plantas y las frutas iban cayendo solas, pero
ya no explotaban. Al parecer, si caían
de maduras, ya estaban inactivadas. Pero los pájaros se dieron el banquete del
siglo con las frutas caídas. Las semillas estaban por fuera de la pulpa
interior de mal gusto y también las comieron. No eran dañadas por el tubo digestivo
de las aves, que las evacuaban vaya uno a saber a qué distancia del jardín.
Y las semillas germinaban por donde
caían...
Los diarios estaban llenos de la noticia.
“PLANTA EXPLOSIVA” “MUTACIÓN VEGETAL SUBVERSIVA” y cosas sensacionalistas
parecidas. Los expertos descubrieron que en la última mutación la mannita de la
pulpa del centro se convirtió en NITROMANNITA, uno de los explosivos
triturantes más potentes. Y que al arrancarlo del tallo, por efecto del aire en
la rotura, explotaba en cinco segundos. Y que la cáscara se fragmentaba en
escamas hexagonales actuando como esquirlas muy peligrosas. Y, finalmente, que
en la explosión sobrevivían varias semillas, ayudando así a la dispersión y
multiplicación de la planta.
Pobre Alan. Él quería dar al mundo un
alimento universal, el manná que cayó del cielo. El manná bíblico, su creación
máxima, que quería ofrecer al mundo como símbolo de paz. Una planta que medrara
en todo el mundo, alimento para los necesitados.
En vez de eso, proporcionó al mundo un
fantástico regalo para terroristas, difícil de comer, pero sí muy eficaz para
acceder a un arma muy fácil de obtener incluso con medios precarios.
En vez de la GRANADA DE MANNA logró obtener
una GRANADA DE MANO vegetal.
Así, Alan Cactus aprendió que la Naturaleza
no tiene en cuenta las filosofías y los fanatismos humanos. Es posible decirle
a la Naturaleza que haga tal o cual cosa. Pero no nos hará caso; hará siempre
lo que hará, y no necesariamente lo que nosotros queremos que haga. La Naturaleza
no se impresiona porque un ser humano le dice: “Esto es la palabra de Dios.
Debes hacerlo.”
Alan se dio cuenta de que él no puede
inventar a Dios porque ya existía antes que él y creó un Universo muy diferente
del que Alan imaginó. Así que abandonó sus experimentos en genética y se dedicó
a cultivar champiñones.
Menos mal que esto no ocurrió... todavía.