**** EL B-52 ****


    Esto pasó en Buenos Aires, a 73 km de la capital, a 17 km de Pilar. Lo contaré exactamente como me pasó.
    El suceso es real, pero no parece trascendental porque no ocurrió ningún terremoto, no hubo fuego, no murió nadie, no salió en los diarios.
    En un día de julio del año 1991, yo estaba disfrutando de la naturaleza en mi quinta. Inspeccionaba las plantas, imaginaba la casa que pensaba edificar, sacaba los yuyos; cada tanto miraba el cielo, que estaba encapotado, pero no llovía y la visibilidad era excelente. Eran las 15 horas aproximadamente. Yo me sentía muy bien por estar lejos del monstruo llamado CAPITAL FEDERAL; aprovechaba para respirar verdadero AIRE, no esa cosa horrible llena de gases tóxicos que hay en ese conglomerado humano a 70 km al sur.
    En un momento dado, de reojo, veo cerca del horizonte, un avión. A nadie lo emociona ver un avión, a menos que sea la primera vez en su vida; o que el avión venga a bombardear. Es que el primer avión que yo en mi vida, precisamente vino a bombardearnos, allá por el año 1942, en Budapest, Hungría. Al menos, es el primer avión que recuerdo haber visto en detalle a los 4 años de edad: un vistoso cuatrimotor. Desde entonces, me interesé por los aviones; con el tiempo, he llegado a adquirir una práctica considerable en identificar modelos de avión por la silueta y por el ruido del motor.
    Claro que ya no me impresionaban los aviones, porque en la quinta yo no esperaba que venga ningún bombardero con malas intenciones. No le importancia al principio. Cuando el avión se acercó más, pude ver la silueta. Mi cerebro - mi computadora de proteínas - la identificó enseguida. Pero yo, el dueño de dicha computadora, estaba abstraído en la naturaleza, así que el significado de lo que no me llegó... hasta que me despabilé: era un B-52, el bombardero pesado de la fuerza aérea de los Estados Unidos. Me sorprendí mucho. ¿Qué hace un B-52 aquí? Hoy ya solo los usan en los Estados Unidos para remontar esos aviones-cohete de prueba, en el desierto; de allí no salen. O para apagar incendios forestales. Son obsoletos, pesados, gastan mucho combustible, son monstruosamente ruidosos... ¡EPA! ¡Ruidosos! ¿Dónde está el ruido del avión? Según el tamaño aparente, ya debía estar a menos de 3 km de distancia. ¡El ruido DEBIA oírse! Y lo único que pude escuchar eran los pájaros y el débil canto de los neumáticos en la ruta que estaba a tres cuadras.
    Eso no podía ser. Un B-52 sin ruido solo se admite si se le detienen todos sus motores; y entonces cae al suelo en un ángulo de 45 grados. Y éste volaba derecho y seguro. Y se me acercaba. Ya estaba a menos de un kilómetro y debía estar a uno 500 metros de altura. ¡A esa distancia, el ruido debía retumbar en mi estómago!
    Yo miraba atónito, ya que lo que veía estaba en franca contradicción con todo lo que yo sabía de aviones, y especialmente de los B-52.
    A los pocos segundos, el avión pasó casi por encima de mi cabeza; calculo que a la altura de unos 500 metros. Y lo único que oí era un suave susurro que no se parecía a ningún sonido familiar. Yo miraba sin comprender, hasta que, de pronto, vi que no era un avión. Logré distinguir el borde apenas perceptible de un disco, dentro del cual estaba la silueta de un B-52, una silueta pintada, sin detalles, en negro. Creí ver alrededor del disco un suave halo como de aire ionizado y sentí muy ligeramente que se me erizan los pelos, como cuando se enciende un televisor y el campo de la alta tensión del tubo de imagen nos cosquillea la vellosidad del brazo.
    El disco con la silueta de B-52 siguió de largo, sin ruido, hasta alejarse y desaparecer en el horizonte. Y yo estaba parado en el medio de la quinta, con cara de ingenuo y sin saber qué hacer en forma inmediata. Habré estado así unos cinco minutos por el asombro. Y comencé a comprender lo que era. Porque, pese a la simplicidad del asunto, uno se resiste a creer lo que está viendo. No porque haya sido el primer plato volador que en mi vida. Ya vi OVNI-s en otras ocasiones, pero siempre de lejos. Conozco muy bien los detalles distintivos de un OVNI. He leído informes del Proyect Blue Book y conozco de aviones y artefactos voladores lo suficiente como para estar seguro de que era un artefacto extraterrestre. Lo que me sorprendió era lo cerca que pasó y la claridad de los detalles.
    Luego, ya días después, analizando lo ocurrido, poco a poco comencé a reírme de ellos. Porque los extraterrestres distan de ser perfectos. Para empezar, si querían disimular el plato volador, primero debieron disimular los bordes y el campo de alta tensión que usan en su sistema de propulsión no-inercial. Luego, el susurro que ya identifiqué: era el crepitar lejano del aire electrificado por el campo de unos tres millones de voltios.
    Pero lo que más risa me dio, era el atraso que tiene en la información respecto a lo que pasa aquí en la Tierra. No saben que el B-52 ya hace tiempo que no se usa. Y parece que son sordos, porque no tenían ningún aparato para imitar el ruido del avión. Si yo fuera un instructor de seguridad entre ellos, los habría bochado por ineficientes. ¿Saben lo que tendrían que haber hecho para disimular el plato volador y deambular sin ser molestados? Debieron pintar en la base del plato una gran inscripción en rojo del nombre de una bebida gaseosa popular.