****    EL CONGELADOR    ****

 

   La nave interestelar recogió varias muestras de la fauna de la Tierra, colocándolos dentro de un congelador muy práctico: en vez de enfriarlos dejándolos duros, congeló el tiempo alrededor de los especimenes atrapados.

   -Ya tenemos varios de estos ejemplares. Transporten la última tanda de regreso al planeta - dijo Grokk, el biólogo.

   Y la última remesa de tres ejemplares de deinonychus han sido transportados de vuelta a la misma selva de la que los sacaron... pero hubo una falla. Se olvidaron de hacer que el tiempo siga corriendo y las tres bestias seguían en el mismo lugar, congelados en el tiempo, invisibles, intangibles, protegidas de los agentes exteriores, en espera de que el reloj cósmico detenido vuelva a su tic-tac normal...

   Pasaron 70 millones de años. El mundo cambió tremendamente. Y el reloj, de pronto, en un 3 de abril del año 1991, reinició su tic-tac, esfumando el campo protector que mantenía en un espacio propio a los tres seres...

   El equipo de filmación estaba tomando una escena de una de esas peleas callejeras entre dos pandillas, en una ciudad americana. En el medio de la calle, de pronto aparecieron tres seres de aspecto anacrónico. Cada uno pesaba unos 80 kilos. De figura esbelta, caminaban sobre sus dos musculosas y esbeltas patas traseras; los pies tenían poderosas garras, en especial las del dedo medio, mucho más grandes que las demás; tenían como 15 centímetros, en forma de una mortífera guadaña. Una larga cola, movediza y estilizada, se prolongaba hacia atrás, balanceando el cuerpo que se proyectaba hacia adelante. La cabeza, sobre un cuello algo corto, era como de un lagarto, pero achatado de costado como un pájaro. La larga boca contenía una hilera de puntiagudos dientes, en fila ordenada. Movían la cabeza de un lado a otro y los ojos de iris vertical centelleaban y buscaban cada cosa que se movía.

   Los tres caminaban, balanceándose rítmicamente, con una gracia fantástica y grotesca. Se intercambiaban miradas, daban gruñidos, resoplidos, cortos chillidos; la variedad de matices evidenciaba que estaban comunicándose entre ellos.

   De pronto, uno de ellos vio el actor principal, ataviado como pandillero en motocicleta. El ser alargó el cuello para verlo, como cuando un halcón mira una presa cercana. El hombre se paralizó del susto: frente a él había algo desconocido, algo con lo que sus antepasados nunca pudieron enfrentarse, pero que, pese a todo, le inspiró un terror casi cósmico. ¿Puede ser que los genes interestelares han despertado en él? Porque reconoció instintivamente a uno de los predadores más despiadados de la historia de la Tierra. No era el tigre furioso, no era un ser humano que odia; no era el rinoceronte asustado que ataca. Eran tres seres inteligentes que cazaban en coordinación, sí, pero daban la impresión de una total carencia de ternura, de piedad, de afecto. Eran la avidez depredadora y el hambre densificados en forma de un reptiloide bípedo.

   El pobre hombre quiso escapar. Dos de los seres saltaron de ambos costados, para cortarle la retirada. Mientras tomaron posiciones, abrían y cerraban nerviosamente sus manos de tres dedos armados con poderosas garras. El hombre se distrajo con ellos por un momento. Entonces el del medio retrocedió la cabeza, doblando el cuello en forma de letra S, dio un agudo y ensordecedor chillido; un instante después, abrió una boca que parecía un túnel con baranda de dientes y, abriendo las palmas de las manos con sus garras hacia adelante, arremetió contra el hombre a una velocidad increíble.

   Lo que siguió después no superó a la más espeluznante película de horror; porque sucedió tan rápido que no dejó ver los detalles. No se sabe si fue suerte, pero pudieron filmarlo todo. Solo analizando la película cuadro por cuadro se pudo saber lo que realmente ocurrió. El hombre no debió sufrir casi nada porque al llegar el atacante debió desmayarlo con el solo impacto de la arremetida. Las enormes garras de las patas se mostraron muy eficaces. El reptil parece que creyó que la moto es parte de su víctima y comenzó a destrozarlo; volaban pedazos de goma de los neumáticos, del asiento y todo que no sea de metal resistente. Entonces la moto se incendió y los tres raptores salieron corriendo en medio de agudos y ensordecedores chillidos. El actor tuvo una increíble suerte y se salvó con solo una dentellada en el trasero. Sus compañeros de trabajo tuvieron que soportar sus improperios soeces de muy mal gusto cuando uno dijo "parece que no le gustaste".

   Los tres deinonychus fueron capturados con grandes redes de acero. Antes de que pudieran estudiar sus costumbres, en solo una semana se murieron de catarro los tres. No tenían ninguna defensa contra las bacterias modernas con las que nosotros convivimos en paz.

   El depredador más ávido y poderoso para su tamaño, el terror de la era Cretácea por su inteligencia y su increíble vitalidad y potencia de ataque, fue vencido por unos estafilococos dorados que viven en nuestra piel y que producen el clásico enrojecimiento de una lastimadura, y que nosotros combatimos con una simple solución de permanganato de potasio.

   Esto nos enseña varias cosas:

 1) No se debe jugar con el tiempo, y esto vale para los extraterrestres más inteligentes también.

 2) El inteligente y erudito promedio en su sociedad es muy superior al más poderoso de una sociedad anticuada e inculta.

 3) Esas bestias, magistralmente presentadas en una conocida película, no eran VELOCIRAPTORES sino DEINONYCHUS, que quiere decir: DEINO, terrible; y NYCHUS, garra. O sea, GARRA TERRIBLE.

   Y no traten de buscar los restos de las tres bestias en ningún instituto paleontológico. Les dirán que no saben nada porque es información clasificada.