***   EL  CINE   ***

 

 

   Lito era un muchacho común.  Más bien, lo que él creía que es ser común, ya que nadie lo es en este mundo.  Lo creía así porque su campo de intereses no difería mucho del de la mayoría.  Iba a la facultad de ciencias económicas, tenía una novia morochita que conoció en el barrio y le gustaba ir al cine.  Se divertía medianamente con las películas del salvaje oeste, pero no estaba demasiado entusiasmado con ningún tema en particular. Un día invitó a su novia al cine, pero ella estaba con un resfrío y tuvo que quedarse en casa.  Sabía que a su novia le haría mejor estar sola - ya que la última vez que estuvo engripada casi lo echó por las malas, así que, triste y solo, decidió ir a ver una de esas tantas películas de cow-boys.  Pero como ya estaba aburrido de cine, fue a ver ese nuevo video-club de barrio.  Hacía cerca de un mes había se instalado un grupo de personas de apariencia rara; parecían orientales. Repartieron unos folletos que, al leerlos, provocaban una irresistible sensación de interés.  Lito tenía uno de esos folletos.  Lo sacó de su portafolios y así se decidió a visitar el club.

   El ambiente era cómodo y lo recibieron con una lista de los diversos temas de sus programas.  Lito eligió uno de vaqueros.  Le sorprendió cuando uno de los empleados del club le preguntó:

   - ¿Qué personaje le gustaría protagonizar? ¿Prefiere ver la película antes e introducirse después? ¿O prefiere introducirse directamente?  Así el suspenso es mucho mejor.  Le recomiendo el último método.

   Lito no entendió nada.  El hombre sólo maneó la cabeza. Luego, le preguntó:

   - Usted está perfectamente sano, ¿no?  No sufre del corazón, supongo.

   Esta vez, Lito tampoco entendió nada. Pensó que el hombre le estaba gastando una broma y eligió una película.  Como los que fingen estar de acuerdo con un loco, dijo al final.

   - Prefiero protagonizar al comisario...

   El empleado lo miró complacido y lo condujo a un asiento cómodo.  Recién ahora reparó Lito en la curiosa clase de pantalla de televisión. Parecía una pantalla de proyección grande ya que abarcaba 180 grados de ángulo de visión, como en el cinerama.  Le gustó.  Le pareció extraño que le colocaran unos auriculares que le cubrían toda la cabeza y que tenían unos raros electrodos que le tocaban en distintas partes de la cabeza.  Pero supuso que no le harían daño. El hombre le dio el control remoto.

   - Si desea, con este botón rojo usted se zambulle en la película.  Cuando usted guste.

   Lito sonrió por el extraño lenguaje y se acomodó en el sillón.  Apretó el botón rojo y de pronto, sintió como si todo el mundo desapareciera alrededor.

   Dejó de sentir las sensaciones somáticas, se quedó en un total silencio, en completa oscuridad.  No sentía su cuerpo, no pensaba en nada; estaba en un cómodo estado de relajación total, con la mente en blanco.

   De pronto, sintió que comenzaba a caer en un abismo profundísimo.  Y que, lentamente, todas las sensaciones comunes volvían a él, pero algo diferentes.  Se sintió mucho más grande y fuerte; un suave dolor de muelas le hizo recordar que el próximo martes tenía cita con el Dr. Mattingly, el dentista, y una sensación de horror recorrió su cuerpo.  Luego, sintió una oleada de odio al pensar en Joe Morton, el dueño de más de la mitad del valle, que con su pandilla de pistoleros mantenía aterrorizados a los pobladores de la zona.  Pensó en el pobre Smith, el granjero a quien Joe matara la semana pasada, alegando defensa propia con tres testigos seguramente falsos, porque eran sus propios hombres.  Y sintió una rara sensación de seguridad al tocar las culatas de sus dos COLT 45' enfundados en sus cartucheras, que en ese momento eran sus únicos amigos. 

    Finalmente, sintió una mezcla de ternura y desesperación al pensar en la dulce Amy Blacke, que era tenazmente perseguida por Joe; ella hacía todo lo posible por eludirlo porque estaba enamorada del comisario... ¡que era él mismo, Lito, pero que ahora no se llamaba Lito sino que era el temido y respetado comisario Sam Derek!  Incluso llegó a recordar unas maravillosas experiencias amorosas con ella.  Y recordó también el último episodio, cuando estaban por casarse, pero raptaron al cura del pueblo y le dieron una paliza al alcalde para impedir la boda.

   Recordaba lejanamente, como en un sueño, a otra personalidad, en un país lejano como del futuro, un mundo de muchos coches sin caballos y mucha gente, con raros aparatos destellantes.  Pero todo eso era algo vago y lejano y no le dedicó más que un instante.  Ya estaba parado en la calle principal del pueblo; frente a él, a treinta pasos de distancia, John Flat, el pistolero principal de Morton quien lo retara a duelo.  Por un instante se miraron; luego; John desenfundó y disparó; pero el comisario fue una fracción de segundo más rápido. Sintió silbar las balas cerca de su cabeza, pero también sintió el poderoso empuje del retroceso de los dos colt 45.  Y vio cómo John era empujado para atrás, como si lo hubiera embestido una diligencia, quedando tendido boca arriba en el suelo. Todos lo miraban como endiosándolo, excepto Joe Morton, quien furioso gritó.  "Ya nos encontraremos, Sam Derek" y se alejó entre las polvorientas calles.

   Luego, siguió el encarcelamiento de los dos ayudantes de John, que yacían tendidos en el piso del bar. Todavía le dolía el mentón por el golpe que recibiera de uno de ellos, pero más le dolían los puños. Los dos pistoleros debían tener la mandíbula rota.

   Finalmente sintió felicidad porque ahora podría casarse con la dulce Amy Blacke en un pueblo liberado de su tirano.  Sólo el pensamiento del Dr. Mattingly con su monstruosa pinza para sacar muelas lo hizo temblar por un momento.

   Y de pronto, en el aire, como colosales monumentos de piedra, como catedrales antiguas flotantes, aparecieron las letras de THE END.  Radiaban una sensación indescriptible que no era ni mala mi buena pero sí muy intensa.

   Nuevamente dejó de sentir su cuerpo, llegó el silencio y la oscuridad tranquilizadora y otra vez la caída en el abismo... y la recuperación de la personalidad de Lito con todas sus sensaciones, sin dolor de muelas, pero sin Amy Blacke: el retorno a su vida en el siglo 20.

   - Sólo lo dejé introducirse al final; en los últimos diez minutos - dijo el operador del equipo de video - como era la primera vez, podría dejarlo psíquicamente exhausto.  Después se habituará para soportar un hora.

   Lito estaba anonadado.  Jamás imaginó estar TAN DENTRO de una película; sentía todo, tenía los recuerdos del personaje, sus estados de ánimo, sus dolores, sus placeres, todo.  Hasta el punto de haberse olvidado de quién era en su vida real. ¿Real?  Lo otro era TAN REAL como esta vida.

   Salió del edificio y comenzó a vagar por las calles.  De todo lo sucedido lo que más                         lo impresionó había sido Amy.  Sentía un deseo enfermizo de volver con ella.  Sí, el comisario Derek era un personaje de ficción, pero REAL.  Sentía en su interior un fuego que lo carcomía lentamente.  El mundo actual le parecía insípido sin Amy. ¡Era terrible estar enamorado de una mujer que ni siquiera existía en otra dimensión!

    Pasaron dos semanas.  Lito ya podía ver la película desde el principio.  El argumento era de esos del montón, de los que hay cientos en los archivos de películas del salvaje oeste.  Pero lo que sintió - y seguía sintiendo - por Amy no era del argumento: era de él mismo, su forma particular de interpretarlo. Cada día su desesperación por la película aumentaba. Ya la había visto cinco veces.  Hasta que un día, el que dirigía la empresa del club de video le dijo que no le permitía volver a ver la película porque era emocionalmente inestable ante el sistema “TOTAL-SENSO-VISION" (así lo llamaba).  Lito se desesperó hasta tal punto que quiso atacar al hombre y darle un directo de derecha; pero el hombre, experto en la materia y en su trabajo, lo esquivó con maestría y enfocó a Lito con un aparatito, diciendo:

   - Lo siento, a mí me dolerá más que a usted, pero es necesario.

   Apretó el botón del aparatito.  No emitió ni luz ni sonido.  Pero, de pronto, Lito puso una cara de horror, como quien hubiera visto a la Medusa.  No se petrificó, sino que salió corriendo.  El generador de miedo lo mantendría a saludable distancia.