La nave llegó
a
Después de
Tom Snaker, el capitán de la
expedición: un hombre alto, esbelto, con
rasgos mongoloides, era un hombre a toda prueba para cualquier empresa
espacial. La elección de
La expedición
ha sido organizada precisamente para averiguar lo que pudo haber pasado con un
miembro de esa Junta, un tal Dug MacCormack,
o el "cacique Dug", como solían llamarlo.
Este apodo o ganó, no por su hombría, sino por su gran afición a las mujeres;
jamás dejó, según las referencias de conocidos, escapar mujer alguna de buena apariencia.
Su capacidad de seducción se limitaba a hacer flamear billetes y como vivía en
una época en la que éste era el mejor argumento, podía tener todo un harén, por
supuesto con mujeres alternadas. Poco antes de estallar
Esto
significaba pues que HABIA humanos; el reporte hablaba, además, en plural. La
curiosidad de
Al llegar
pues a Selenea con una tripulación de cuatro
personas, Tom Snaker
decidió investigar todo a fondo y llevar un informe completo a Tutu MacIntosh. Los miembros de
la tripulación no se quedaban atrás respecto a la compleja personalidad de Tom. Un irlandés alto, fuerte y peleador al máximo, Tim Callahan; un argentino de
origen araucano, de mediana estatura, fuerte como un toro, con manos de acero,
famoso por sus "golpes secos". Su nombre era Ramón Curá; su apellido significa "piedra". Un húngaro,
llamado Attila Erôs, (el
apellido significa "fuerte" en húngaro) y finalmente un japonés, que
jamás podía faltar de las expediciones de Tom Snaker. Este japonés era el más viejo de todos, Hideo Takamura; experto en todas
las artes marciales conocidas. Tom Snaker era su mejor alumno. Un grupo así podía adolecer de
cualquier falla, pero una cosa era segura: que no conocía el miedo.
El platódromo de Selenea se iluminó
de pronto. Aparecieron las señales de bienvenida en la torre de control. En el
suelo se abrió una gran puerta con una rampa, por donde la tripulación con Tom Snaker podía bajar y entrar
así en el subsuelo de la ciudad lunar, protegida por un enorme complejo de
campanas transparentes, guardianes de la atmósfera interior.
Los habitáculos de los supuestos seres
vivientes se encontraban muy debajo de la superficie lunar, asimismo los
jardines hidropónicos y los laboratorios.
La superficie, aunque cubierta, era tan solo para estadías cortas y para
las estaciones de radio locales. A través de las gruesas paredes de un material
parecido al vidrio, pero mucho más resistente, se veía el desolado pero
fascinante paisaje lunar con sus fuertes contrastes de luz y sombra.
Al bajar por un largo pasadizo, se presentó
un androide más o menos de forma humana; su rostro era apenas un esbozo o
caricatura de una cara humana: su constructor debe haber tenido o mucho apuro o
mucha pereza al diseñarlo. Su comportamiento también evocaba a un programador
muy distraído, con sus movimientos cansinos y voz estridente al saludarlos.
Tom Snaker lo contempló un rato de reojo.
- Tú, ¿qué clase de basura eres?
El androide les dio una verdadera sorpresa:
reconoció a Tom Snaker. Se inclinó ante él con cómica reverencia.
- Feliz estadía, amo Snaker,
mi creador.
Tom Snaker soltó una carcajada. ¡Era cierto! El viejo robot provenía de Hecatea, la ciudad "oscura", donde él trabajó
durante años, diseñó androides. Este era un modelo tipo "annunaki", nombre que Tom le
dio, en honor a la leyenda sumeria, ya que le encantaba hurgar en la historia
antigua de
- Tu voz ya no sirve, amigo - se
rió Tom Snaker y comenzó a tararear la misma melodía. Tenía una voz muy agradable, ni barítono, ni
tenor. La puerta lentamente comenzó a
abrirse. "A este viejo armatoste
tendré que ajustarlo un poco" masculló entre dientes, según su
costumbre. Se encontraban en una inmensa
habitación, agradablemente iluminada con luces de colores de arcoiris. Al final de la sala vislumbraron una especie de
trono, rodeado de sofás circulares, acolchados, al estilo romano. En el trono estaba sentada una figura gorda,
de cabellos amarillo-rojizos, y de rostro rubicundo, donde los dos ojos
azules-acuosos brillaban entre las mil arrugas que los circundaban. Con todo esto hacía juego una boca de pez, de
labios gruesos y una nariz que hacía acordar a la de un cerdito muy
simpático. El personaje se encontraba
rodeado de hermosas figuras femeninas, de los más diversos tipos raciales de la
vieja Tierra. Una de ellas, una hermosa
rubia cimbreante se acercó a Tom Snaker,
para darle la bienvenida.
- Que sea agradable su estadía
aquí, en el recinto de nuestro amo Dug. Su voz sonaba
de alguna forma muy extraña, aunque agradable, como si no saliera de su boca,
sino de cualquier otra parte. Se adhirió una hermosa morena, pero en cuyo
rostro se veían unas extrañas manchas rosadas, como si se hubiera maquillado
apuradamente. Tim Callajan
la pellizcó en el muslo, pero pronto retiró la mano con un grito de dolor.
Recibió una descarga eléctrica bastante fuerte.
- ¡Jojojojoajaja!
- se oyó la carcajada del "cacique Dug"
desde su trono, ya que era él el personaje, el objeto de la expedición. Estaba sano y salvo, aunque bastante
envejecido y muy gordo.
Tom Snaker era enemigo de todo protocolo, pero ahora creyó que
la ocasión merecía un saludo. Alargó su mano hacia la de Dug
y la estrechó con una sonrisa.
- Me alegro que te encuentres vivo
y bien.
- Más me alegro yo - dijo Dug levantándose y los abrazó a los cinco uno por uno, por
más que éstos intentaran a evitarlo - Perdona por la descarga, amigo; Carmencita tiene una fuga y no puedo comunicarme con los
mecánicos robots de Hecatea hace mucho tiempo. Aquí
todas ellas tienen ya alguna falla: a Lucy se le escapa la voz, Betty a veces renguea y Daisy,
cuando me besa, a veces se me queda pegada y me cuesta despegar sus labios de
los míos.
- Así que éstas son para todo uso
- dijo Tom Snaker con su
sonrisa sardónica, la que tanto odiaban en
- De esto me acuerdo que Tutu te manda efusivos saludos.
Esta frase hizo sonrojar un poco a
Dug, pero no se enojó.
- ¿Así que ésta es tu gente? ¿No
hay humanos aquí?
El rostro alegre de Dug se oscureció.
- Sí, hay una.
- ¿"Una"? ¿Es mujer?
- Sí, es hembra, sí.
- ¿Podríamos verla? - preguntó
ansioso Tim Callahan, que
era el más "necesitado" siempre en materia de mujeres.
- Nnno...
No. No pueden verla. Es
- ¿Es una niña deformada? -
pregunto Attila Erös, el
húngaro, quien era el médico de la tripulación.
- No, noo...
Nononon... Mejor dicho sí… Puede ser. Es horrible.
Horrible, horrible, horrible. Hasta su voz me enferma. Pero tengo mis deberes con ella. Su madre me la envió, cuando estalló
- ¿Cuál última?
- Y... Un año después. Aquella expedición
cayó en manos de los gatos espaciales...
Se quedaron callados, ya que todos
conocían el significado. De pronto los cinco, casi simultáneamente, dirigieron
la mirada hacia una de las mujeres de Dug. Esta no era humanoide,
sino la réplica de una "gata espacial", temible raza devoradora de
todo orgánico que se encuentra en su camino.
Claro que esta figurita era tan solo una máquina, pero estaba muy bien
hecha. Cubierta de escamas verdes, con su hermosa doble cresta en la espalda, y
sus ojos fulgurantes, era una réplica perfecta. Tom Snaker soltó la carcajada.
- ¡A ésta la hice yo!¡Por todos los diablos, la construí en mi último año en Hecatea!
El rostro de Dug
recuperó la expresión risueña.
- No sé por qué la conservo. Me
gusta. Se comporta muy bien, es la más servicial, claro que no para lo que son
las demás. Pero su mecanismo es
excelente, y si se trata de pelear, es magnífica. ¡Hasta sopla fuego!
Tom Snaker la contempló un rato. La gata-robot sostuvo su
mirada y permanecía inmóvil. Había algo realmente siniestro en su mera
presencia. No parecía reconocer a su creador, como el androide que los
recibió. Pero desde este instante no
quitaba su mirada de Tom Snaker.
- Hablemos pues de la hembra
humana, de la que llamas Bicha. ¿Cómo se llama en realidad?
- No... No lo sé; olvidé su
nombre. Lo tengo en sus identificaciones. Además... No puedo pronunciarlo
tampoco. Tuve que olvidar su nombre.
Tom Snaker recién se dio el lujo de observar a Dug en toda su humanidad. Vestía una túnica romana, de un
material sintético, de color manteca; calzaba sandalias livianas, de las que
sobresalían los dedos regordetes de sus pies.
En su cuello pendía, por una gruesa cadena de oro, un hermoso cristal
Labrador, transparente e iridiscente, reproduciendo el espectro de colores.
Parecía un cristal en bruto, solo perforado, ejemplar hermoso, que podría haber
sido objeto de envidia de cualquier museo de Ciencias Naturales. El tamaño del cristal era como el puño de un
bebé. Desentonaba bastante con la cara y
vestimenta estrafalaria de Dug; parecía tener un
significado muy importante para él. No se habló más en este día de la
"Bicha"; todos fueron invitados a comer.
Había de todo; los jardines
hidropónicos funcionaban muy bien.
Hideo Takamura pudo satisfacer su
apetito, comiendo su "sashimi", o sea tiras
de pescado crudo con la pasta de la raíz wasabi y con
shoyu. Había en los estanques subterráneos - mejor
dicho, sublunares - todo tipo de peces comestibles.
Tom Snaker era un vegetariano inveterado, solo comió fruta y
algunas verduras.
El húngaro Attila
y también Tim Callahan
extrañaban la carne, que sí faltaba del menú.
La tripulación fue conducida a sus
aposentos, cada uno a una habitación bastante cómoda. Dug
los acompañó.
-¿No quieren a algunas de las chicas como compañía?
Tim Callahan titubeó
un poco, pero Tom Snaker lo
miró fijo, con sus siniestros ojos verdes, que eran casi tan oblicuos como los
del japonés. Tom era hijo de padres mongoles, y su
apellido era traducción de su nombre mongol, ya que al inscribirse en
Sus compañeros, en secreto, decían que "Snaker"
más bien significa "encantador de serpientes", ya que su mirada era
capaz de atemorizar hasta a un gato espacial.
La noche transcurrió bastante tranquila, pero ni Tim
Callahan ni Tom Snaker pudieron dormir bien. Tim Callahan por razones obvias y Tom
Snaker por la "Bicha".
¿Qué clase de misterio sería esto?
La criatura debe ser una mutante, o deformada por radiaciones... Dug habló de su madre, quien ha formado parte de la
expedición a Titán. Por lo tanto, era humana. ¿Habrá tenido esta mujer amores
con un hombre de raza extraterrestre? ¿Con un
marciano, tal vez?...
Había muchas conjeturas y nada
encajaba. ¿Por qué Dug no podía mencionar su nombre?
Tom Snaker, sin poder dormir, decidió dar un paseo por los
pasadizos. El robot que los cuidaba era precisamente su "creación";
no le impedía el paso. Tom deseaba subir a la
superficie para contemplar un poco el paisaje lunar; algo lo llamaba hacia
arriba, no sabía qué. Al llegar arriba, paseaba a lo largo de las grandes salas
de recreo, quedándose fascinado por el paisaje. Oscuridad y estrellas de
tremenda luz; alguno que otro meteorito, que solo era visible al impactar en el
suelo lunar. No habiendo atmósfera era afuera, la caída del meteorito no
fricciona con el aire. No se incendia,
cae simplemente, dejando agujeros impresionantes en el suelo lunar, o
simplemente se hunde en la arena.
De pronto - ¿era una alucinación?
- escuchó un canto, una hermosísima voz femenina, un canto lleno de dulzura y
nostalgia. Una dulce melodía oriental
vagamente conocida, evocando su infancia en la lejana Mongolia, de las
estepas. Como si cantara el viento, pero
con voz de mujer, buscando un eco, un corazón, un ser en quién reflejarse.
¿De dónde venía esa voz?
Tom Snaker trataba de orientarse siguiéndola. Sólo se dio
cuenta cuando se encontró ante puerta blindada y la voz cesó. Tom Snaker volvió a su habitación,
intentando dormirse, pero sin éxito.
Al otro día, después de contar su
aventura a la tripulación, decidió desentrañar el misterio. Si Dug no podía ver la criatura, ellos sí podían verla; no
iban a tener miedo de una mujer, por más desfigurada que fuese. También podía
suceder que Dug simulaba y que en secreto tenía una
hermosa amante escondida, protegida de esta manera. Solo que al ver la
expresión del rostro de Dug cuando otra vez se habló
de la "Dicha", hizo dudar a Tom de su
conjetura. ¡Ese asco, ese horror, era imposible de simular!
- Anoche - dijo Tom en el almuerzo - escuché una hermosa voz de mujer.
Tienes grabaciones muy buenas, Dug.
Dug se
puso pálido, como un muerto.
- ¿Dónde escucharte eso?
- Sucede que fui a dar un paseo
arriba. Al mirar afuera el paisaje, la
escuché.
Dug se
levantó de la mesa, tambaleante. La androide llamada Betty
intentaba sostenerlo, pero él casi cayó al suelo.
- Ven, Mordisca, ¡sostenme! -
gimió - y la mujer-gato se le acercó para sostenerlo. “Vaya gusto" pensó Tim Callahan, quien tenía pánico
de los gatos espaciales.
En este momento apareció un
androide cuyo rostro parecía estar sin terminar de ensamblar. Le faltaba un
ojo, no tenía nariz, porque no había repuesto.
- Noticias de
Dug
abrió los ojos como le era posible.
- ¡Vaya que me convertí en un
hombre muy solicitado! ¿Qué le picó allí a todo el mundo?
- Es que la noticia de que sigues
vivo ya llegó a
Dug
parecía estar en el cielo. ¡Mujeres! ¡Mujeres verdaderas de carne y hueso! ¡Hace
20 años que no ha visto ninguna!
- ¡Pronto, prepárenles las mejores
habitaciones! ¡La mejor comida! ¿Cuántas son? ¡Ay, qué emoción dioses!
Mordisca, cuida a los demás que se porten bien. Voy a arreglarme un poco. Je, je, je...
Un poco, un poco, me voy a poner mi traje de comandante... ¡que me queda tan
bien!
- No es posible, no cabe en el
traje - habló por primera vez la gata-robot llamada Mordisca. Tom Snaker estaba tentado de la risa
otra vez. La voz, aquella voz era también programada por él mismo, imitando la
manera siseante de hablar de las gatas espaciales.
¡Él las conocía muy bien!
Dug se
retiró a sus habitaciones y Tom hizo una señal con su
ojo izquierdo a sus hombres. Éstos iban en pos de él. Comenzaron a subir y
llegaron hasta aquella puerta en donde la otra noche la canción se había
detenido. Tom
manipuló en la puerta un rato, sin éxito. Y de pronto tuvo una idea: comenzó a
tararear la misma melodía que había escuchado la noche anterior. La puerta
comenzó a abrirse lentamente, dejando a los cinco sin aliento, incluyendo a Tom Snaker.
Veían una habitación bellísima,
adornada con alfombras orientales y cortinas hiladas de oro y plata. El suelo,
cubierto con una piel sintética, de color violeta; por doquier estaban
desparramadas grandes almohadones y en un rincón había un arpa dorada. Y en el
medio de la habitación esta la criatura más bella que hayan visto los ojos de Tom Snaker jamás.
Parecía la mezcla de japonesa y de
una raza nórdica, con las más bellas proporciones en lo que respecta a un
cuerpo femenino. Su cabello llegaba hasta sus delicados muslos; era negro,
espeso y brillante, con un curioso reflejo dorado. Sin embargo, sus grandes
ojos oblicuos no tenían el epicanto cerrado; su
pequeña y graciosa nariz, sus labios perfectos y su cutis dorado la hacían
parecer a una estatua oriental. Había algo no humano en ella. Tom Snaker recordó a la antigua
raza marciana, humanoides altos de piel dorada, y los
reflejos del lejano Sol en sus ojos. El
padre de esa criatura ha sido, posiblemente, un representante de esta antigua
raza.
- ¿Quién eres? - atinó a preguntar
Tom Snaker.
La joven sonrió.
- Yo soy
- ¡No es posible!
- Sí, lo es - comenzó a hablar en
su voz cantarina y los invitó a sentarse. También lo hizo ella y los cinco se
sentaron a su alrededor.
- Les debo una explicación.
Pobrecito Dug, no tiene la culpa. Antes de nacer yo,
él perseguía a muerte a mi madre, ya que perseguía a todas las mujeres... Donde
él estaba, ninguna mujer estaba a salvo. Pero creo que a quien realmente amó,
era mi madre. Estaba desconsolado. Pero mi madre estaba casada y no le
correspondía su pasión. Cuando yo nací, para salvarme de la epidemia, no tuvo
otra salida que mandarme a
- ¿Dónde lo ves bañarse?
- En esta pantalla - la joven
descorrió una cortina y allí tenía un monitor escondido - desde aquí puedo ver
todo lo que ocurre en Selenea. Mordisca me ayuda a mantener esto en secreto.
- ¿Mordisca? ¿La gata-robot?
- ¿Robot? ¿Ella?... - dijo
pensativa - Puede ser. Jamás se me ocurrió que es un robot.
Tom Snaker y su tripulación eran hombres a toda prueba, pero
sintieron erizarse todos sus pelos. ¡Esta hermosa niña desconoce el peligro
totalmente!
- Pobre Dug
- continuó su relato - no sabía que el cristal era un engaño. El cristal...
ejerce un efecto hipnótico sobre él para que ME VEA HORRIBLE. Por eso me llama
"
- ¿Cómo te ve en realidad?
- Pues, exactamente no lo sé, pero
debe ser una visión espantosa.
Excelente protección, pensó Tom Snaker. Ni a él se le habría
ocurrido. Se sabía que la mezcla terrestre-marciano-antiguo era muy hermosa,
pero muy rara. De estos amores casi nunca había descendencia. He aquí un
ejemplar, como para voltear al hombre más indiferente.
- ¿Cómo es tu verdadero nombre y
por qué Dug no se atreve a pronunciarlo?
- Mi nombre es Iridia
y si Dug lo pronuncia, Mordisca le sopla fuego en la
cara.
Tom Snaker comenzó a sentirse muy mal. Él no recordaba haber
programado a tal "Mordisca" para esta actitud.
- ¿Tienes conexión con los
mecánicos de Hecatea?
- Solo intercambio mensajes con
ellos cuando necesito consejos técnicos. Yo estudié programar, pero mi
especialidad es el canto. De técnica no entiendo mucho. De eso se encarga
precisamente Mordisca.
- ¿Y a Mordisca quién la programó?
¿Tu madre?
- Mi madre fue una famosa
programadora, pero jamás estuvo en
Un silencio pesado cayó sobre los
cinco astronautas. Una pregunta muy desagradable flotaba en el aire: ¿quién
programó a Mordisca?...
De afuera se oyó el zumbido de las
puertas; llegaron las tripulantes del Wendigo. Tenían
que irse y dejar a Iridia.
- Volveremos por ti, Iridia, si así lo quieres.
Ella hizo un gracioso mohín,
sonrió a Tom Snaker y
los despidió. Al llegar a la sala de
recepciones, juntos como un pelotón en
el infierno, encontraron una escena indescriptible. Allí estaban cuatro de las
astronautas en sus coquetos uniformes blancos y Dug
en el suelo, desmayado. En su rostro se veía la misma expresión de horror, como
cuando hablaba de la "Bicha".
- ¿Qué pasó?
La
androide Dasy sostenía la cabeza de Dug y Betty ponía paños húmedos
en su frente. De pronto, Dug comenzó a gemir:
- Horrible... horrible... Pobre
Tierra... Las mujeres... Váyanse, llévenselas... Pobres criaturas... No las
puedo mirar... Noooo...
Y volvió a desmayarse. Tom Snaker saludó con la mano a
las astronautas del Wendigo.
- No sabemos lo que pasa - dijo la
capitana, una hermosa rubia de ojos celestes - Al entrar nosotras, comenzó a
gritar, dar vueltas, y se desplomó. Bastante desagradable todo esto ¿Valía la
pena esta expedición? - pero al contempla la figura de Tom
Snaker pareció pensar lo contrario.
Tom Snaker esta vez no se fijó en ella, ni en nadie. Se acercó
a Dug y con un movimiento rápido sacó de su cuello la
cadena con el cristal labrador.
- Busco un voluntario para la
prueba - ofrecía el cristal. Tim Callahan
fue el primero en alargar la mano.
- Póntela.
Tim
obedeció. Y al instante, comenzó a gritar, como un desaforado:
- ¡Socorro! ¡Sáquenlas de aquí!
¡Tienen lepra, tienen
Antes de que se desmayara, Hideo Takamura le quitó el cristal
y se lo puso. Su rostro pétreo cambió y se quitó el cristal lo más pronto
posible. El próximo fue Ramón Curá; éste comenzó a
llorar y se tapó los ojos. El húngaro fue el que mejor se portó; era médico. Lo
que vio, prefirió no comentar.
Las astronautas comenzaron a
sentirse muy molestas. Pero Tom Snaker comenzó a explicarles
el fenómeno.
- El cristal produce tremendas
alucinaciones. Parece que su efecto sobre el hombre es que vea horrible a
cualquier mujer. No lo tomen mal. Por favor.
En este momento sucedió lo que era
inevitable. Dug volvió en sí, pero sin el cristal
labrador. Y casi simultáneamente
apareció en la puerta, con todo su esplendor, Iridia. Iridia, la
"Bicha".
Dug se
sentó en el suelo y contempló.
- ¿Quién es esa belleza?
En este instante Tom
Snaker, con cara de padre bueno, le colocó de nuevo
en el cuello el cristal labrador.
Dug
volvió a ver la horrible Bicha, un ser tentaculado de muchos ojos, babeando y
siseando, cantando en voz horripilante. Y sucedió esta vez el horror dio lugar
a la furia. Se dio cuenta del engaño de los 20 años; de que vivía protegiendo
la más hermosa criatura de
- ¡IIRIDIA!!!
Era la última palabra que salió de
su boca. Mordisca, la "gata-robot", soltó una llamarada de su boca y
lo fulminó en el acto.
Un funeral en
Tom Snaker puso en otro mini-platillo a todos los androides y
se encaminó hacia Hecatea. Tenía que investigar al final, quiénes
habitaban la ciudad situada en el lado "oculto" de
Al llegar a Hecatea
encontró los mecánicos-robots en bastante buen estado. Casi todos lo reconocían
y le dieron acceso a la computadora principal, donde tenía almacenadas todos
los programas. Al buscar la programación
de Mordisca, encontró todos los datos; pero fuera de lo que él le haya escrito
en su cerebro de silicio, no había huellas de ningún otro trabajo de ningún
programador.
Se guardó muy bien los
comentarios, ya que la tal Mordisca también estaba con él, entre los demás
androides. Hideo Takamura
se retiró a su habitación para meditar, invitando a Tom
consigo.
- Hijo mío.
Vamos a hacer un ejercicio mental, el que hace mucho tiempo no hacemos: el
bloqueo de pensamientos.
Tom comprendió... Hizo los ejercicios, intentando borrar
los recuerdos de la programación respecto a Mordisca, mientras estaban en Hekatea.
Así lograron
escapar de allí en la misma noche con el platillo, dejando los androides allí.
Ocurre que la
raza de los gatos espaciales es excelente telépata.
Iridia iba a ser transferida a
- ¿Puedo
pedirle algo, capitán? - dijo ella al despedirse.
- ¿Qué quiere
pedirme? La complaceré si puedo.
- ¿Me
permitiría llevar conmigo a Mordisca? Me
siento perdida sin ella.
Los ojos
verdes de Tom Snaker se
oscurecieron.
- Mucho me temo que con este pedido no puedo
complacerla. Mordisca quedó en Hekatea.
- Pero... - Iridia
miró extrañada - ¡Si hace media hora me sirvió el almuerzo!
Tom no dijo nada;
casi empujando a India hacia la nave y lo más pronto posible ordenó la partida