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Mi amiga Elena parecía siempre la personificación de la salud y
vitalidad. Hija de padres pobres pero muy trabajadores, siguió el ejemplo de
ellos: trabajaba en una oficina y estudiaba medicina. Por cierto que tal hazaña no le era nada
fácil, ya que debía costearse sus estudios y como se sabe, los libros de
medicina son muy caros. Lo que ella no
podía comprar, lo sacaba de la biblioteca de la facultad, pero, como siempre me
comentaba, "no era lo mismo que tenerlo”.
En el tercer año se le multiplicaron sus tareas demasiado y a veces
llegaba un poco tarde a su trabajo por haber estudiado durante toda la noche.
Hasta las 4 de la madrugada estudiaba y le quedaban dos o tres horas para
dormir. No es de extrañar, que de vez en
cuando la venciera el sueño en la oficina.
A
todo esto se sumaba otro problema; su jefe, bastante joven y soltero, vivía
asediándola y como ella no respondía a sus requerimientos, la sometía a una
verdadera persecución.
Un
día se me ocurrió indagar un poco en su extraña personalidad. Elena jamás
mostraba señales de estar enamorada de nadie. El jefe de marras era un joven
muy codiciado por todas las muchachas de la empresa, pero para Elena era un ser
poco menos que invisible.
Al preguntarle yo a Elena por sus sentimientos, me contestó con
evasivas. Pero fui muy insistente y logré abrir una brecha en su caparazón.
-
No me disgusta el jefe, te lo confieso. Pero hay entre nosotros una barrera de
la que no puedo hablar.
- ¿Estás enamorada de otro?
-
Entre cualquier "otra” y yo existe la misma barrera.
En vano indagué yo sobre esa barrera, ella se encerró como una ostra y
no hubo manera de seguir la conversación.
Nos distanciamos un poco en las siguientes semanas, pero a raíz de un
acontecimiento familiar - se casaba una de mis hermanas - la invité, y fui a su
departamento para llevarle personalmente la invitación.
Me enteré de que ella tenía un especial interés por la hematología. La
encontré entre tubos de ensayo, un aparato centrífugo y otros artefactos que a
mí me parecían instrumentos de un alquimista moderno.
-
Si te interesa lo que estoy haciendo - comenzó, sin comentar la invitación,
como si no la hubiera oído - puedes verlo. Se trata de uno de los más
interesantes grupos sanguíneos: Cero RH positivo, aparentemente dador
universal, pero es un tipo de Cero que no puede ni dar, ni recibir. Se trata de
un subgrupo que conocemos por "Cero peligroso”. Ocasiona inmediata
hemólisis si lo inoculamos a otra persona.
Siendo yo profana en temas de medicina, no entendí ni una palabra. Pero
ella no tardó en explicarme con lujo de detalles. Se trataba de un tipo de sangre
"asesina", llena de hemolisina, partícula que tiene la virtud de
"reventar" los glóbulos rojos, propios o ajenos de acuerdo a cada
caso. Según Elena, existían muchas personas con este "subgrupo" o
"isogrupo", descubrimiento relativamente
nuevo en hematología.
Las dos semanas siguientes perdí un poco la conexión con ella, pero me
enteré de que tuvo un gran disgusto en la oficina. Un día ella faltó y al
siguiente el jefe armó un gran escándalo, amenazando con despedirla, cosa que
para Elena en esos momentos habría sido fatal.
Al enterarme del problema corrí hasta su departamento, la encontré
sumida en un trabajo de laboratorio. Pensé que era para sus estudios, pero ella
pronto me explicó que se trataba de una especie de descubrimiento propio, del
que, no obstante, no estaba segura. Necesitaba pruebas y le faltaban tiempo y
dinero.
Me fui muy compungida de la casa de Elena, pensando en su situación y en
la injusticia de la vida con los cerebros privilegiados como el de Elena. Hasta
pensé en hablar con el jefe, pensamiento absurdo y peligroso además, ya que
podría haber empeorado la situación.
Había, no obstante, algo que me golpeteaba la mente constantemente. La
frase de Elena: "Entre cualquier otro y yo existe la misma barrera".
Al otro día encontré a Elena con el brazo vendado.
-
¿Qué te pasó? ¿Te caíste?
-
No - contestó secamente - tuve que recurrir a mi propia sangre para obtener
material de experimento. Ocurre que yo
soy del subgrupo 0 peligroso.
Me sentí mareada al pensar que Elena se había cortado para experimentar
con su propia sangre. Pero en sus ojos
vi un brillo de triunfo.
Otro día me enteré que el jefe la había despedido. Pensé en su
desesperación. Corrí a verla, pero no la encontré en absoluto preocupada. Tenía
en sus ojos el mismo brillo triunfante y una sonrisa extraña.
-
Conseguí un empleo en la misma Facultad, en el laboratorio. Estoy muy bien.
-
¿Y tu jefe?...
Elena sonrió con la misma sonrisa que me daba miedo.
-
Lo lamento por él.
Este comentario pudo haberse interpretado como: "Lamento su
desilusión, por perderme”. Pero algo me dijo que la frase tenía otro
significado, algo totalmente diferente. De pronto, ella comenzó a hablar de
nuevo sobre sus experimentos.
-
Encontré un método para acelerar y aumentar el poder hemolizante
del grupo "Cero peligroso".
-
¿Cómo?
-
No lo vas a comprender, pero intentaré explicártelo. Conseguí materializar, mejor dicho,
"densificar" sub-materia
-
¿Qué es eso?
Ella me miró despectiva.
-
Te dije que no comprenderías. Se trata de algo recién tanteado en la medicina. Sub-materia. Semi-materia.
Materia subatómica.
-
¿Y para qué sirve eso?
-
Pues bien, tu sentido práctico es notable, Vilma. Para qué sirve. Esta submateria, inoculada a la persona, aumenta el poder
mortífero de la sangre y a la vez su defensa contra ataques virales.
-
Perfectamente. Entonces ¿podrás comercializarlo como un... un preventivo o algo
parecido, contra enfermedades virales?
-
En la inmunología tendrá su gran aplicación. Pero yo quiero llegar más allá.
¿Sabes? La "submateria" fue vista por
primera vez en las famosas fotos de los hermanos Kirlian.
Todo ser viviente tiene un contorno o halo bioenergético, que aparece en las
fotos de Kirlian como un contorno flamígero. Parecen
pequeñas protuberancias solares, llamas. Es algo así como una semi-materia viviente, que anima a todos los seres, desde
una planta hasta al ser humano.
Sacó de su escritorio una docena de fotos que representaban una mano
humana con los maravillosos contornos. En una se veía el contorno muy dilatado.
-
Es una mano, la misma mano, pero su dueño estaba ebrio. Bajo el efecto del
alcohol el contorno bioenergético se comporta así.
Todo eso me pareció
fascinante y levemente conocido. Recuerdo haber leído sobre las fotos de los Kirlian, pero Elena ya estaba con otro tema.
Densificando este contorno, se lo puede convertir en una potencia
muy grande. Algo así, como lo que se ve en ciertas películas de
ciencia-ficción: la persona que te da la mano y a la vez una descarga eléctrica
de 500 voltios.
Después de esta
conversación me fui de la casa de Elena, con extraños presentimientos.
Al otro día me enteré que
Alberto, el ex-jefe de Elena, había ido a buscarla para pedirle perdón y
ofrecerle de nuevo su puesto. Elena se
negó, comportándose con mucha gentileza. En vez de darle una bofetada, lo hizo
sentar, le sirvió un té y conversó amablemente. Con mucha cortesía le hizo
saber además, que aún viviendo los dos solos en una isla desierta, ella
preferiría levantar una pared entre ambos en vez de aceptarlo.
Alberto se fue muy enojado, herido profundamente en su orgullo de
hombre.
Los acontecimientos que vinieron después, ya son de dominio público. A
otro día encontraron a Alberto muerto en su coqueto piso de la avenida
Libertador.
Como la causa de su muerte era aparentemente desconocida, ya que no
presentaba herida alguna, tuvieron que hacerle una autopsia.
Y
allí se reveló que Alberto no tenía un solo glóbulo rojo. Que algo desconocido
había producido en su organismo una hemólisis general e instantánea.
Sólo que había un detalle estremecedor. Su mano derecha parecía llena de
pequeñas quemaduras, como si le hubiera dado la mano a un cable de alta
tensión, pero dividido en miles de finísimos alambres. Los agujeros estaban muy
cerca uno del otro. 0 por lo menos ésta era mi apreciación, ya que yo no
entiendo nada de electricidad y de otros horrores.
Los telegramas de pésame llenaron el escritorio de la empresa. Entre ellos estaba también el de Elena.
La llamé inmediatamente. Y escuché su comentario a través del teléfono.
-
Pobrecito.
-
¿Qué pobrecito? ¿Qué le hiciste?...
-
Nada extraño - escuché la voz de Elena con una risita contenida.- Sólo le di la
mano con un poco de fuerza. El
experimento con la submateria me salió a las mil maravillas,
ya que, no pudiendo conseguir animales para la prueba, me utilicé a mí
misma. Por favor, Vilma, si llegas a mi
casa, no me toques durante unas semanas y no me des la mano distraídamente. Te mando un beso. Adiós.